The Zashiki Warashi of Intellectual Village:Volume8 Capítulo 2

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Capítulo 2: Otro interrogatorio en la celda por Uchimaku Hayabusa[edit]

Parte 1[edit]

Después de subir al coche de alquiler que había reservado en el aeropuerto y salir bajo el cielo plomizo, empezó a nevar un poco. La carretera aún no estaba cubierta de blanco, sino más bien como un sorbete transparente, pero aun así me preocupaba encontrar cadenas para la nieve en uno de esos coches de alquiler tan bien equipados, que prácticamente venían de serie. Me alegré de que tuviera neumáticos de invierno sin tacos, pero no me había fijado en las cadenas.

-Ay… Lo más importante es que el cambio repentino de frío a calor ha hecho que Santa Enbi-chan tenga ganas de ir al baño. Ahh, estoy inquieta aquí.

-¿Qué haces aquí?

-¿Por qué? Porque cierto detective decidió detener a esta chica de secundaria que estaba repartiendo besos al costado de la carretera. ¡Qué valiente de tu parte!

-¡Verte vestida así en público es motivo suficiente para arrestarte por tu propia seguridad! Además, está nevando, ¿por qué llevas un traje de Papá Noel con minifalda? ¿Acaso quieres que te secuestren? ¿Eres una de esas Papá Noel surfistas del hemisferio sur?

-¡Vamos! Cuando lo hago tan obvio, todos los que intentan ligar conmigo se dan cuenta de que es una trampa y no se acercan. Eso elimina a todos los peligrosos, así que solo la gente de buen corazón como tú intentaría hablar conmigo.

La fanática del misterio no tenía ni idea del peligro a pesar de llevar una combinación de gorro de Papá Noel, y una bufanda de reno que parecía orejas largas y caídas colgando de su cabeza.

Si no hubiera estado conduciendo por una peligrosa carretera nevada a 40 km/h, me habría tapado la cara con las manos. Estaba eternamente agradecido a la División de Seguridad contra Incendios, que se ocupaba de este tipo de situaciones durante todo el año.

-No me vengas con esas. Elegí este traje de Papá Noel para ti, ¿sabes? Me esforcé mucho cubriendo mi cuerpo con gel aislante, así que ¿qué tal si me das una pequeña recompensa?

-¿Qué? ¿Para mí?

-Bueno, cuando vi la entrada brillando en la parte superior del historial de búsqueda de tu ordenador…

-¡Waaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhh! ¡Eh, uhm! ¡Ejem!

Frené bruscamente por impulso y las ruedas traseras casi se descontrolaron. Usé el volante para recuperar el control y fulminé con la mirada al demonio del asiento del copiloto.

-¡Imposible! Tenía configurado que borrara de forma segura todos esos datos adicionales almacenados quién sabe dónde cada vez que cerrara el navegador.

-Si pensabas que eso borraría hasta el último rastro, de verdad que no tienes ni idea de informática, detective. No subestimes esta era de empresas de información descaradas.

No es como si importara. Era un adulto, ¡así que tenía derecho a disfrutar de entretenimiento para adultos sin importar la opinión ajena! Pero si me preguntaban acerca de si esto me hacia querer morirme, ¡diría que sí! ¡¡Bastante de hecho!!

-De cualquier modo, el problema eres tú. Espero que no estés asumiendo esa idea de que las zonas rurales son más seguras que las grandes ciudades.

Por supuesto que no. ya sean impulsivos o planificados, los crímenes ocurren cuando la gente acumula demasiado estrés y algo malo se forma en su corazón. En ese sentido, una ciudad rural con poco entretenimiento y grandes distancias entre puntos de interés es como un cofre del tesoro lleno de estrés acumulado.

-¿Entonces por qué estabas parada en el costado de la carretera medio desnuda… no, 75% desnuda?

-Porque sabía que me protegerías, obviamente.

No pude evitar soltar un pesado suspiro.

-En serio necesitas ser mas cuidadosa. Grupos de ladrones que preparan túneles para atracar bancos se han vuelto comunes últimamente. Y han estado atacando estos bancos rurales.

-Y muchos viajeros han desaparecido en la ciudad Bozen a la que nos dirigimos, ¿no?

-…

-Es bastante impresionante. Cuando los archivos de casos del Departamento de Policía Metropolitana fueron movidos, encontraron un montón de casos completamente olvidados y sin tocar. Vamos, esto no es como un repartidor de medio tiempo escondiendo todas las cartas de Año Nuevo en un casillero porque no quería encargarse de entregarlas.

Estaba curioso acerca de como es que sabía acerca de eso. Pero no podía decir nada ya que era información interna.

Mientras tanto, siguió hablando por su cuenta.

-Sin importar que tan eficiente sea el sistema, sigue en manos humanas. Auqnue me interesa más el hecho de que las hayan encontrado ahora mismo. Es casi como si una represa colapsara, ¿no lo crees?

Esa era también la razón por la cual un detective del Departamento de Policía Metropolitana, cuya función era proteger Tokio, conducía un automóvil alquilado por esa zona rural. Mi jurisdicción era la ciudad de Tokio, pero aun así tenía que salir a comprobar qué pasaba si algún residente de la ciudad estaba involucrado en algo fuera de la prefectura. Llevaba un cárdigan en lugar de mi traje habitual porque no quería entrar allí con aires de superioridad, como si fuera un representante del Departamento de Policía Metropolitana. Sería un problema si los tabloides se enteraran de que estábamos re investigando casos por irregularidades en la documentación.

-¿Estás seguro de que estarás bien, detective?

-¿Por qué no lo estaría?

-Estas nuevas revelaciones muestran que más de treinta personas han desaparecido. Y todo esto ocurrió hace más de una década. Generalmente, a los siete años se declara a las personas desaparecidas y se las presume muertas. Es un límite legal bastante estricto, y solo estamos hablando de las personas que desaparecieron cuando visitaban la ciudad de Bozen desde Tokio. Si revisaras todos los expedientes de todas las comisarías de policía de Japón, encontrarías muchísimas más personas desaparecidas.

Por fin su tema de conversación se había alejado lo suficiente del caso en sí como para que yo pudiera hablar de él. Aunque era posible que mantuviera esa distancia a propósito.

-No tengo forma de saberlo. Pero ya sean diez o cien personas, si se cometió un delito, tenemos que arrestar al criminal e interrogarlo.

-Es cierto, pero ¿no es demasiado arriesgado adentrarse en una guarida oscura sin saber la magnitud del enemigo?

-No estoy solo en esto.

-¿Ah? ¿Por fin aceptarás mi ayuda?

-Es la policía local la que se encargará de la investigación, y yo solo seré un enlace con el Departamento de Policía Metropolitana de Tokio, ¡¡señorita en Custodia Protectora!!

Seguimos discutiendo mientras el coche de alquiler cruzaba un puente metálico y entraba en la ciudad de Bozen. Tenía pensado quedarme en casa de mi familia en la vecina aldea de Noukotsu, pero el trabajo era lo primero. Iría al departamento de policía local con mi equipaje todavía en el maletero. También dejaría a este fenómeno de los misterios con ellos mientras estuviera allí.

O al menos ese era el plan.

-Oiga, detective, mire ese centro comercial.

-Ah si. Antes mencionaste que tenías que ir al baño. ¿Es eso?

-Bueno, eso es un problema, pero mira. -Señaló por la ventana. -¿No le parece raro el aparcamiento? Hay un coche calcinado.

-¿¡Qué!?

Miré rápidamente y, efectivamente, lo vi. Para ser una ciudad rural, el estacionamiento era innecesariamente grande y una camioneta estaba en una esquina, completamente calcinada, reducida solo al chasis y la estructura. Estaba negra como el carbón, así que no pude distinguir su color original.

Cambié de planes rápidamente, entré al estacionamiento y aparqué a poca distancia del auto en cuestión. Abrí la puerta y salí, sintiendo el viento invernal que me calaba hasta los huesos.

La fanática del misterio también salió y gimió mientras encogía los dedos de los pies. El teléfono inteligente colgaba de su cintura en una funda que asemejaba un regalo.

-O-ohhhhh… El cambio de temperatura… Detective, ¿puedes encargarte de esto? Necesito ir al baño.

-Ve.

La Santa en minifalda Enbi se fue y me acerqué al vehículo quemado.

No había rastro de la policía local y la zona no estaba acordonada con cinta amarilla. No había ninguna señal de investigación. ¿Cuánto tiempo llevaba así? Parafraseando al fenómeno de los misterios, esto no se trataba de un repartidor a tiempo parcial que no quería repartir todas sus tarjetas de Año Nuevo.

Miré hacia el asiento del conductor para asegurarme de que no hubiera nadie dentro y saqué mi celular.

Pero…

-¿Sin señal? -Murmuré mientras miraba el símbolo en el borde de la pequeña pantalla.

Aunque estuviéramos en la montaña, esta era una zona urbana llana. Y recordaba que mi celular funcionaba perfectamente aquí cuando la visité por placer antes de mudarme a Tokio. El área de cobertura de las antenas se expandiría, pero no creía que se reduciría.

En cualquier caso, no podía hacer ninguna llamada.

Probablemente habría cabinas telefónicas en el centro comercial, así que decidí contactar a la policía local por ahí.

Caminé sobre la nieve blanca como un sorbete para cruzar el estacionamiento.

Quizás por eso confundí el origen del crujido bajo mis pies.

-¿…?

Confundido, miré a mis pies y vi afilados fragmentos de plástico rojo y amarillo mezclados con la nieve. Y no solo unos pocos; había muchísimos. Miré más lejos y vi lo que parecía un espejo retrovisor tirado en el suelo. Uno de los postes de alumbrado público del estacionamiento estaba abollado y tenía restos de pintura de un auto. También había muchas huellas de neumáticos.

¿Qué?

Parecía como si todos los autos del estacionamiento hubieran empezado a moverse a la vez, chocando entre sí. O eso, o la gente se había peleado ferozmente por los autos estacionados.

-¡Detective!

La Santa en minifalda Enbi me saludó desde la entrada del centro comercial mientras se frotaba con el gorro-bufanda para calentarse.

Alcancé a ver el problema antes de llegar hasta ella.

Las puertas de vidrio estaban completamente rotas y el suelo estaba lleno de trozos de vidrio. Un cartel hecho para parecerse a la mascota local Kasha-chan yacía en el suelo partida en dos.

-¿Qué es lo que pasó aquí?

-Revisé la situación mientras iba al baño, pero hay destrozos ahí dentro también. -Dijo mientras sacaba una enorme lupa de la molsa en su cintura.

Entré al centro commercial y no encontré ni clientes, ni empleados, ni a nadie en absoluto. Las suaves luces y calefactor todavía estaban encendidos, pero la voz femenina pregrabada repitiendo las ofertas me causaba escalofríos.

Y además…

-Hay estantes volcados por todas partes.

-También hay un líquido rojo oscuro salpicado. No he hecho una investigación detallada, pero a menos que alguien haya usado pintura o sangre de animal para simularlo, creo que los dos sabemos qué puede ser.

¿Hubieron disturbios aquí?

Pero ninguno de los equipos alrededor de las cajas registradoras parecía roto. Había alimentos esparcidos por el suelo y algunos claramente tenían mordiscos, pero no parecía que nadie hubiera intentado robar los artículos de valor.

-Esto no se ve bien… Pensé que solo revisaría algunos documentos, así que no traje mi arma.

Solo tenía mi placa de policía, mi celular, mi bloc de notas y mi bolígrafo de acero inoxidable. Eso no me iba a servir de mucho contra un grupo de manifestantes enfurecidos.

Entonces noté una hoja de papel A4 pegada con cinta adhesiva a un estante en la sección de alimentos frescos.

Decía lo siguiente:

[Querida San-chan. Soy tu madre. Estoy bien. Volveré mañana a la misma hora. Si te escondes en algún otro sitio, escribe aquí en dónde será.]

-…¿Qué es esto?

-La tinta es fresca y huele a disolvente… Pero como dice que volverá mañana, debió suponer que este papel seguiría aquí.

El fenómeno de los misterios sacudió los cuernos de reno que llevaba en la cabeza y olfateó el papel.

Sin embargo, yo ya entendía eso. Igual que el hecho de que un trabajador normalmente retiraría algo así.

¿Habían decidido que no habría ningún trabajador aquí para retirarlo?

¿Y qué era eso de “estoy bien” y “esconderse en algún otro sitio”? ¿Estaban en una situación en la que tenían que esconderse o su seguridad no estaba garantizada?

-Detective.

-En fin, necesitamos un teléfono. Si no podemos usar nuestros móviles, tenemos que encontrar uno público. -Recorrí lentamente el gran edificio.

Había notas aquí y allá, pero las más llamativas estaban en la sección de bricolaje.

[Usar gasolina tal cual es resulta peligroso. Se puede estabilizar mezclándola con jabón para limpiar metales, un detergente sintético y arena. Sin embargo, la gasolina en sí es altamente volátil. Asegúrate de no inhalarla mientras trabajas.]

[Elegir un hacha o un machete está bien, pero lo que realmente importa es una toalla y una piedra de afilar. Una cosa es la sangre, pero tendrás problemas si la grasa se pega a la hoja. Sin duda vivirás más si aprendes a mantener tus armas afiladas.]

[No te preocupes. Los humanos no perderán contra ellos.]

El contenido se volvía cada vez más inquietante.

No solo el texto, sino que el papel en sí a menudo estaba arrugado o salpicado con una especie de mancha rojo oscuro.

Era obvio que la gente que pasó por este centro comercial y dejó o leyó las notas estaban aterrados de algo.

¿Pero cuál era la verdadera amenaza aquí?

Si tomaba estas notas seriamente, la "gente asustada" andaba por ahí con cócteles Molotov, hachas y machetes. Y la letra de las notas era toda diferente, así que era obvio que había suficiente gente involucrada como para provocar un motín.

En nuestra búsqueda de una cabina telefónica, el fenómeno del misterio y yo subimos una escalera de suave curva.

Cuando miré por la ventana hacia la ciudad color plomo, me llevé la mayor sorpresa de todas.

-¿Qué demonios…?

-Eso no parece un simple incendio.

Una densa humareda se elevaba desde todo el paisaje urbano visible desde aquella ventana elevada. Habríamos necesitado binoculares para distinguir algún detalle, pero había muchos coches estrellados y abandonados en las carreteras. No parecía que simplemente se hubieran deslizado sobre la nieve. En lugar de una sola mancha en un punto de la ciudad, toda la ciudad estaba cubierta de manchas.

Lo más extraño de todo era la ausencia de luces rojas intermitentes y sirenas a todo volumen, a pesar del gran alboroto.

No había ni rastro de vehículos de emergencia, como ambulancias, camiones de bomberos o coches patrulla.

¿Qué había pasado en Ciudad Bozen?

De hecho, ¿seguía funcionando como ciudad?

Algo andaba mal cuando me vinieron a la mente las antiguas leyes contra los disturbios. Tenía que ser una broma que eso se manifestara en la era moderna de las Aldeas Intelectuales.

-Oye, fenómeno del misterio. Volvamos al coche. Algo va mal. Pensé que podríamos resolver esto con la ayuda de la comisaría, pero esto puede ser más complicado. Sería mejor pedir ayuda fuera de la ciudad… ¡Maldita sea! ¿En qué estoy pensando? ¿Acaso me preocupa que la comisaría ya no sea segura?

Dicho esto, me giré hacia ella, pero entonces un fuerte golpe metálico me golpeó en el puente de la nariz.

Antes de que pudiera pensar en nada más, mi mente se sumió en una profunda oscuridad.


Parte 2[edit]

Sentí que mi cuerpo temblaba.

Sentí un dolor en la espalda y solo entonces me di cuenta de que estaba recuperando la consciencia.

En cuanto lo hice, me empezó a doler la nariz.

-¿Despertaste?

La suave voz de una adolescente habló desde muy cerca, pero no era el fenómeno del misterio. Giré el cuerpo y descubrí que tenía los pulgares atados a la espalda. Se sentía como una cinta de plástico. La fanática del misterio yacía a mi lado con su atuendo extravagante, pero parecía seguir inconsciente.

Levanté la cabeza del suelo y finalmente comprendí la situación.

Parecía que estábamos en la parte trasera de una camioneta.

No sabía quién conducía y una chica de preparatoria estaba sentada en un rincón de la caja.

Tenía el pelo castaño y esponjoso.

El tono lúgubre de sus ojos no le favorecía en absoluto a su bonito rostro.

Llevaba un vestido rosa de punto y un cárdigan blanco, con un sombrero sujeto con alfileres y un accesorio parecido a una cola atado a la cintura. Parecía más un disfraz que ropa normal.

Lo más extraño de todo era el largo y ensangrentado cuchillo de carnicero que sostenía en sus brazos como una niña pequeña que guarda una trompeta preciada. En la base parecía estar el nombre de Namagusa. Mis ojos, instintivamente, intentaron encontrar alguna forma de identificar el arma homicida.

-¿Eres… Nagisa-chan?

-Eh, je, je. ¡Cuánto tiempo sin verte, tío de Shinobu-chan! Las primeras impresiones son importantes, ¿no?

Me saludó amablemente y quizás le habría devuelto la sonrisa si hubiéramos estado sentados en una mesa de café. Sin embargo, eso solo la hacía parecer más extraña allí. Era compañera de clase de Shinobu, pero ¿era esta situación parte de su vida normal ahora?

Recordé haber oído algunas cosas sobre Nagisa-chan cuando hablé con Shinobu por teléfono.

Algo sobre que había cambiado y que era una de las tres yanderes más grandes del mundo.

Me había mudado a Tokio antes de que entraran a la secundaria y supuse que estaba exagerando, pero ¿era cierto?

-¿Qué es lo que? No… ¿qué pasó?

-Buen chico. Eres tan listo. Supuse que pensarías que yo había causado todo esto e intentarías resistirte. Quizás ni siquiera necesitaba sujetarte.

Ella rió entre dientes mientras se acurrucaba contra la chuchilla, rojiza por estar cubierta de sangre y pelos.

-Lo que hemos hecho es… bueno, protegerte. Sí, me alegra que seas obediente. Y por supuesto, no es porque seamos caritativos. Tendrás que devolvernos algo. No tenemos tiempo para pelearnos entre nosotros ahora.

-¿Protegernos? ¿De qué?

Las notas en el centro comercial y las señales de que la gente se abastecía de comida y armas me indicaban que tenían miedo de algo. No parecía que estuvieran reuniendo el armamento necesario para atacar un banco o una joyería y robar los objetos de valor.

Buscaban defenderse, no atacar.

Buscaban proteger, no invadir.

Querían retirarse, no avanzar.

¿Pero a qué le temían tanto los habitantes de la Ciudad Bozen?

Nagisa-chan giró sus ojos oscuros hacia mí y la respuesta a mi pregunta escapó de sus labios.

-Los zombis.

………………………………………………………………………………………………………

Quizás me equivoqué al pensar que estaba hablando con un ser humano que podía hablar el idioma humano.

Claramente no me estaba comunicando bien con Nagisa-chan.

Es decir… ¿zombis?

¿De qué estaba hablando? ¡Esto era una locura!

Una parte de mí se sintió aliviado de no haber traído mi pistola. Dejar que Nagisa-chan me la robara aquí habría acabado en una catástrofe.

-Bueno, así es como las llamamos, pero puede que no sean eso en realidad. Dudo que tengan algo que ver con las criaturas vudú originales y no parecen provenir de una enfermedad infecciosa como las de las películas y series. Shinobu-chan dijo que están relacionadas con un Youkai llamado Kasha.

-…¿Shinobu?

Aun así, logré reconocer al menos un término que me resultaba familiar.

Fue como encontrar una pequeña cadena legible en un archivo corrupto.

-¿Está Shinobu contigo? ¡Por favor, dime que está bien…!

Me quedé sin palabras debido a un ensordecedor sonido metálico.

Nagisa-chan había azotado su enorme cuchilla de carnicero contra el fondo de la caja de la camioneta.

Me miró fijamente mientras hablaba.

-¿Podrías no mencionar a Shinobu-chan ahora mismo? Por favor.

Esto… no pinta bien.

A pesar del frío invernal, el sudor me corría por el cuerpo. Mi única arma era un bolígrafo y tenía las manos atadas, así que enfadar a Nagisa-chan y su enorme espada sería una pésima idea. No tendría ninguna posibilidad y el daño podría extenderse fácilmente a la Loca Misteriosa.

La situación se me fue complicando poco a poco. Estábamos en la parte trasera de una camioneta, así que al menos tenía un conductor. Eso significaba que esta locura no era solo suya.

-Ah, cierto. Lo olvidé.

Aplaudió delante de la cara y empezó a rebuscar distraídamente en la bolsa que tenía al lado. Parecía no importarle que el miedo y la ansiedad me oprimieran el corazón. Sacó un desodorante en aerosol con iones de plata y me apuntó con él.

Se me secó la garganta y me roció con el desodorante.

-Sí, no te muevas. Buen chico. Los zombis buscan a sus presas por el olfato, como los perros y las hienas… Bueno, considera esto más como un placebo o un amuleto de la suerte.

-…

-Como usan el olfato, un vehículo hermético sería mejor que esta caja de camioneta, pero no podemos tenerlo todo. Y el riesgo de ser atacados mientras conducimos es bastante bajo… Si nos detuviéramos en medio de la calle, tendríamos que estar preparados para morir.

Me quedé callado y ella siguió rociando con el desodorante al fenómeno del misterio, quien aún no se había movido.

Una vez que terminó, se quedó mirando al vacío.

-La ciudad ya está llena de zombis. De hecho, no hay ninguna razón para que se queden solos en la ciudad. Si hubieran seguido vagando así, se habrían metido en problemas pronto. Si no los hubiéramos salvado, probablemente ahora serían el almuerzo de algún zombi.

-¿Es peligroso dentro y fuera de la ciudad? ¿Entonces adónde nos llevas?

-Buen chico. Piensas bien las cosas… Vamos a un escondite seguro, por supuesto.

La ciudad era un desastre. Los árboles de la carretera estaban rotos, había más ventanas destrozadas que intactas y coches en llamas por todas partes. Un disfraz de Kasha-chan, hecho jirones, estaba esparcido por la carretera y una pancarta de un festival de invierno ondeaba débilmente al viento. Pero a pesar de todo, la ciudad estaba muerta. No había ni rastro de nadie. Así como las casas habitadas tenían una atmósfera diferente a las abandonadas, y como una escuela tenía una atmósfera distinta de día que de noche, de la misma manera, toda la ciudad parecía un hospital en plena noche.

-Todos se esconden. -Dijo Nagisa-chan. -Tanto los supervivientes como los zombis.

Nuestra camioneta salió de la ciudad y se adentró en un camino de montaña. Alejarme de la civilización humana solo me ponía más nervioso. Me quedó claro que nos habían secuestrado. Atravesamos un arco de árboles secos de invierno, dejamos el camino y entramos en algo parecido a un túnel excavado a mano.

-Esto parece ser una parte de Mikuchi-sama.

-¿Mikuchi-sama?

-Sí. Hay cuevas por toda la montaña, como un hormiguero. De ahí debieron venir los zombis originalmente. Pero ahora que el puente está destruido, sirven como un camino secundario muy práctico.

Ya había oído hablar de esto.

Ah, claro. Ya recuerdo.

Había oído ese nombre en un festival en la ciudad de Bozen cuando iba a la escuela. El festival de invierno celebraba al Kasha, mientras que el de verano celebraba al Mikuchi-sama.

Pero espera. ¿Acaso el origen de esa leyenda no era bastante desagradable? Los pecadores eran… eh, ¿qué les pasaba?

A diferencia de un túnel acondicionado, no había luces, así que el camión traqueteaba avanzando, iluminado únicamente por los faros delanteros para combatir la oscuridad total. La pronunciada pendiente dejaba claro que estábamos ascendiendo la montaña.

Finalmente salimos de la cueva y apareció ante nosotros un pequeño pueblo escondido entre los árboles.

Cada una de las casas era bastante grande, y también había un banco, una inmobiliaria y otros edificios que desentonaban con el entorno. Quizás era la zona adinerada. Era posible que existiera un sistema en el que, a mayor altitud en la montaña, mayor estatus social. Yo solo había ido a la ciudad para ir de compras y a festivales cuando estaba en la escuela, así que no conocía mucho sobre las costumbres locales.

La camioneta se dirigió a un edificio en particular.

-¿El banco?

-Consideramos la escuela o el hospital, pero con tantas ventanas no podíamos hacer nada.

Nagisa-chan hablaba de su delirio zombi como si fuera una historia de penurias.

-Tuvimos esperanzas cuando consultamos el mapa y vimos una central geotérmica a lo lejos, en la carretera de montaña, pero al llegar descubrimos que era demasiado pequeña y las paredes demasiado delgadas. Y lo que es peor, estaba conectada directamente con un túnel de Mikuchi-sama, así que estaba llena de zombis. No podíamos hacer nada.

-…

-Sí. Buen chico. Ya lo entendiste, ¿verdad? El banco tiene la menor cantidad de entradas y es fácil de defender.

Esta era la ciudad vecina a la mía, pero nunca había estado en su banco.

Sin embargo, parecía que, después de todo, sí había una conexión.

Cerca de la entrada había una figura en forma de diamante a la que le faltaba la base y que estaba doblada en la parte superior.

Ese era el escudo de la familia Hishigami.

No parecía un megabanco, así que probablemente lo compraron para financiarlo.

Sin embargo, no estaba del todo intacto. La persiana metálica estaba doblada en diagonal y una parte de la pared se había derrumbado. Parecía un edificio destrozado tras un bombardeo, como en una película de guerra. Hablar de zombis era absurdo, pero ¿cómo lo habían logrado los humanos?

Un microbús con capacidad para unas veinte personas estaba aparcado, pero ¿funcionaría? Todas las ventanas estaban rotas y había manchas preocupantes por todas partes. Por lo que pude ver, a la mayoría de los asientos se les había salido el relleno y algunas ruedas podrían haber reventado, ya que todo el autobús estaba inclinado en diagonal.

La camioneta se detuvo en el aparcamiento y Nagisa-chan se levantó lentamente con su cuchillo en una mano. Sentí una gran presión en el estómago, pero ella solo sacudió suavemente el hombro del fenómeno del misterio. Enbi en traje de baño con diseño de Santa gimió y abrió lentamente los ojos.

-Ven conmigo. Sí. Buena chica.

-…

No podíamos desobedecerla. Con las manos atadas a la espalda, no podíamos defendernos con un arma ni siquiera huir. Después de todo, los humanos usan los brazos para mantener el equilibrio. Además, nuestros oponentes eran Nagisa-chan con su machete de ganado, parecida a una espada llamada Namagusa, y el conductor del camión. Sin duda nos matarían si intentábamos escapar por esa carretera desierta de la montaña.

Aunque era una excepción extrema en muchos sentidos, la fanática del misterio seguía siendo una civil.

Tenía que evitar cualquier opción que la pusiera en riesgo.

Bajamos del camión y alguien salió de los asientos del conductor y del pasajero.

El conductor era un hombre de cabello canoso y la pasajera una mujer joven.

-Permítanme presentarlos. Conocer a gente nueva los pone nerviosos, ¿verdad?… Este anciano es Sada Shirabe-san. Es médico, aunque no lo crean. Nos ha sido de gran ayuda.

El hombre resopló levemente y parecía un hombre de mediana edad, de unos cuarenta y tantos años… o incluso ya anciano. Vestía un suéter, pantalones y una bata blanca, pero no parecía preocuparse por su apariencia. Su cabello era una mezcla de negro y gris, y el cuello de su suéter estaba retorcido. La parte inferior de su bata y pantalones blancos estaban salpicados de barro, y sus gafas parecían indicar que solo le importaba que la graduación fuera la correcta.

-Y esta es Amou Neko-san. Es bombera… Aunque usa sus habilidades para hacer cócteles Molotov y para enseñarnos a derribar puertas o escapar por ventanas altas. Sí, muy bien. Aquí tienes un caramelo por quedarte tan quieta.

La mujer aparentaba apenas veinte años. Probablemente era más joven que yo. Llevaba su pelo esponjoso recogido con una goma y tenía un cuerpo sano y bien proporcionado. Pero eso no era todo. Sin duda, tenía músculos definidos bajo esa capa de grasa femenina. Puede que hubiera elegido su ropa pensando en la movilidad, pues llevaba un chándal amarillo brillante de una marca deportiva, pero a diferencia del Doctor Sada, no parecía descuidada ni sucia. Esa podría ser la diferencia entre simplemente no importarle y esforzarse lo mínimo por estar a la moda. Llevaba un encendedor de aceite colgado de una fina cadena alrededor del cuello y muchos bolsos de hombro y riñoneras, pero ¿tendría eso algo que ver con la presentación de la mujer por parte de Nagisa-chan?

En fin, solo había tres aquí. ¿Cuántas más habría dentro del banco?

-(Oye, detective. Acabo de despertar, ¿qué está pasando aquí?)

-(Te lo explicaré después. Solo recuerda que resistirse sin prepararse no terminará bien.)

-¡Dense prisa! No quiero quedarme aquí más tiempo del necesario.

-Bueno, no tenemos que preocuparnos por los zombis una vez que entremos en el "anillo de rompecabezas" de la barricada. Menos mal que no son muy listos.

No podía imaginar qué tanto estrés aguantaban como para calmarse con una declaración así. Era como si tuvieran nociones del valor totalmente diferentes.

Entramos por la puerta metálica del fondo, en lugar de por la del frente.

Al entrar, nos encontramos con una pared de basura amontonada entre los bancos y las mesas apiladas hasta el techo. Había una escalera al segundo piso a un lado, pero Nagisa-chan y los demás se agacharon y se arrastraron por un hueco en la pared de basura.

-Los zombis no son lo suficientemente listos para entender esto.

Cuando seguí a Nagisa-chan, apenas pude ver las bragas que sobresalían de su vestido de punto.

-Aunque nos vean o detecten nuestro olor, siempre eligen la ruta más fácil de entender y siguen por la escalera. Consideran la barricada como una pared y suben las escaleras hasta el segundo piso. Siguiendo la pared, bajan por otra escalera y salen al exterior. Dan vueltas y vueltas sin llegar nunca a nuestra vivienda.

-Y como los zombis siguen el olor, usamos los conductos para llevar el aroma de nuestra vivienda al segundo piso. -Explicó Sada. -Parece que originalmente era una contramedida contra las armas de gas, así que el equipo es bastante potente. Al enrollar una cortina y meterla dentro, cambiamos el flujo de aire, de modo que el aire que debería salir ahora va al segundo piso. Entonces, cuando se sienten atraídos por nuestro olor, acaban dando vueltas en círculo hasta que pierden el interés.

-Y si logran entrar al primer piso, tenemos un último recurso. -Añadió Amou. -Podemos volar la pared para abrir una vía de escape de emergencia directamente al camión.

Sonaban orgullosos… pero ¿cuánto de eso de lo que hablaban iba en serio?

¿Acaso lo de volar la pared se refería a usar explosivos?

Puede que fuera una manía para tranquilizarla, pero me preocupó mucho la forma en que Amou abría y cerraba la tapa de su encendedor de aceite.

Entramos en una planta grande y las luces fluorescentes estaban encendidas incluso de día. Algunas ventanas y contraventanas estaban rotas, pero estaban cubiertas de escombros y frente a ellas había grandes espejos que probablemente provenían de los baños. No estaba seguro de qué efecto tendrían al mirar desde afuera.

-Alrededor de un tercio de los daños al banco los causamos nosotros… Luego amontonamos los escombros y colocamos los espejos para que pareciera que se podía ver todo el interior al asomarse por las rendijas. Pero en realidad, desde fuera no se puede ver ni entrar en ninguna de nuestras viviendas.

-Es más bien una caja de espejos que un truco de magia. -Añadió Sada mientras se ajustaba las patillas de las gafas.

Nagisa-chan asintió.

-Intentar contener a los zombis es inútil. Preparar una habitación grande y cerrada solo despierta su interés. Eso quedó claro cuando vimos el ayuntamiento y otras zonas que sufrieron un ataque concentrado. De hecho, cuando muerden a la gente, parece ser más una forma de investigar que de comer. Es como cuando un bebé se mete todo en la boca, pero estos tienen una fuerza tan increíble que pueden matarte. Probablemente sea lo mismo cuando persiguen y muerden a la gente que huye. Cuanto más te resistas, más interés despertarás. Ténganlo en cuenta. Les daré un caramelo y los llamaré buen chico o buena chica.

-…

-Así que es más efectivo redirigirlos que contenerlos. Hay que dejar que satisfagan su curiosidad. De esa forma, las pocas ventanas y puertas del banco nos permitieron establecer una ruta más fácilmente. Podemos dejar que entren libremente sin que lleguen a cruzar nuestro espacio vital. Es como crear una ilusión óptica.

Nagisa-chan se estiró con el cuchillo en la mano mientras permanecía de pie en el centro del amplio espacio.

Mientras la escuchaba, se me ocurrieron algunas cosas.

-(Detective)

-(Eso suena mucho a un método de pesca que aprovecha el comportamiento de los peces. Se crea una red en espiral porque los peces se mueven naturalmente a lo largo de la red y terminan atrapados en el centro)

Al parecer, los zombis eran tan poco inteligentes como los peces.

Era justo el tipo de idea que esperaría de una residente de la Aldea Intelectual. Quizás tenía la costumbre de jugar en los ríos, como yo.

Entonces, el doctor llamado Sada habló.

-¿Puedo irme ya?

-Sí.

-Yo también… Mis armas son de un solo uso, así que necesito reabastecerme.

-Prepara esos cócteles Molotov para nosotros.

La sociedad se regía por un conjunto de valores extraños, los trabajos estaban divididos y la gente dispersa. Abrieron las puertas cercanas y entraron en sus respectivos espacios. El fenómeno del misterio y yo echamos un vistazo a nuestro alrededor, pero Nagisa-chan golpeó el suelo con su enorme machete y nos habló.

-Ustedes dos van a entrar aquí. ¡Vamos, vamos!

-¿Adónde nos llevas? ¿Nos vas a amordazar?

-Pronto lo entenderán.

Nos condujo a una gruesa puerta circular detrás del mostrador del banco. Medía aproximadamente un metro de grosor y tenía más de veinte cerrojos.

El escudo de los Hishigami estaba tallado en el centro de la masa de metal.

¿La bóveda del banco?

-Un momento. No tienen por qué encerrarnos ahí, ¿verdad? ¿No dijeron que nos protegían? ¡Pero esto parece una celda!

-Tenemos que hacerlo. La verdad es que recogimos a algunas personas por la ciudad antes. Usamos ese minibús de enfrente.

-¿Qué tiene que ver eso con esto?

-No les diré nada si no se callan. Había intentado explicarles y enseñarles como funciona todo… que habrían estado a salvo dentro del banco. Los zombis no pueden atravesar el ‘anillo rompecabezas’ que requiere cierta inteligencia, así que terminarían subiendo al segundo piso y saliendo por la otra entrada. Pero esas personas no nos hicieron caso y fueron demasiado lentas, así que los zombis atacaron antes de que pudiéramos ponerlos a salvo. El resto fue horrible. Los que estábamos lejos del autobús tuvimos que refugiarnos en el banco, pero los que estaban dentro no tenían adónde correr ni cómo defenderse.

Eso fue a través del filtro perturbador con el que Nagisa-chan veía el mundo, así que, ¿qué había pasado realmente?

Como mínimo, parecía que el autobús estaba averiado y abandonado. ¿Pero cuántas personas iban a bordo? ¿Había alguien siquiera a bordo?

-Protegeremos a los supervivientes y les daremos comida. Si es necesario, les daremos armas y lucharemos contra los zombis con ellos. Pero no les daremos libertad. Deberían agradecernos que les hayamos dado un lugar seguro donde dormir. Cuando comprendan que este es el lugar más seguro para ustedes, los llamaré buen chico y buena chica.

Nos empujó por los hombros para arrojarnos a un espacio cerrado y sofocante.

La bóveda era sorprendentemente espaciosa. Estaba iluminada con luces naranjas como un túnel y tenía el tamaño de dos aulas. En lugar de un solo espacio, estaba dividida en secciones por barrotes de metal. Una caja contenía billetes apilados en un bloque, otra lingotes de oro apilados de forma similar, otra cajas de seguridad parecidas a taquillas para monedas, y otra probablemente bonos. Si bien todo el lugar era espacioso, cada sección individual no lo era. La más pequeña era menor que una habitación de hotel en la ciudad.

Nagisa-chan sonrió levemente.

-Dejaré que decidan. ¿Quieren estar juntos o separados?

-Juntos. -Respondió inmediatamente el fenómeno del misterio.

Nagisa-chan agarró el brazo de Enbi y la empujó hacia una sección con cajones a lo largo de la pared. Luego hizo lo mismo conmigo. El crujido que siguió pareció atravesarme el corazón. Pude oír el clic de la cerradura.

-Dense la vuelta y extiendan las manos hacia mí. Cortaré las bridas de plástico de sus pulgares.

-…

-Buen chico. Buena chica. Toma, un caramelo para cada uno.

Solo podíamos obedecer.

Nos liberaron los brazos, pero no nos sentíamos libres en absoluto.

Estábamos literalmente tras las rejas. Nagisa-chan sostenía la llave y sus pasos se alejaban hacia la salida de la bóveda. Me costaba respirar, pero sin darme cuenta, ella miró lentamente hacia atrás mientras se dirigía al mundo exterior.

-Nos vemos luego. Dije que era mejor desviar a los zombis, pero lo mejor es contar con muros tan gruesos como estos. Quizás les interese saber qué está pasando afuera, pero lo mejor para todos es crear nuevos límites. Je, je.

Oí un ruido mecánico y la puerta circular de un metro de grosor se movió lenta y suavemente.

El sello con el emblema de Hishigami se estaba cerrando.

La libertad que daba por sentada y el derecho a ir adonde quisiera me estaban siendo arrebatados. Lo sabía, pero no podía hacer nada.

La puerta tardó treinta segundos en cerrarse por completo.

La bóveda estaba cerrada.

Si el fenómeno de los misterios no hubiera estado a mi lado, estoy seguro de que habría gritado.


Parte 3[edit]

No había mucho que pudiéramos hacer, pero tampoco podíamos quedarnos sentados en silencio.

La puerta con el sello de los Hishigami se había cerrado, pero eso también significaba que Nagisa-chan y los demás no estaban vigilándonos más. El fenómeno del misterior y yo rápidamente intercambiamos una mirada dentro de esas barras de metal. Sacamos nuestros teléfonos de nuestros bolsillos. Ninguno tenía señal por supuesto, pero tenían otros usos.

-¿¡Que tanto tienes!?

-He estado filmando en secreto todo desde que me desperté, así que debería tener información del interior del banco. Dicho eso, obviamente no tengo nada de cuando seguía inconsciente. Detective, ¿que pasa aquí?

-Usé mi celular para grabar mi conversación con Nagisa-chan en el camión. Escucha esto primero. Compartamos nuestra información.

No teníamos ni idea de cuánto tiempo estaríamos prisioneros. Era una idea aterradora, pero teníamos que prepararnos para lo peor y, por lo tanto, no podíamos desperdiciar la batería de nuestros teléfonos.

-¿Cuánta batería te queda?

-Está casi llena, pero no durará mucho, ya que es un teléfono inteligente. Tengo un cargador portátil gigante, así que no deberíamos tener problemas por ahora. ¿Y tú?

-Tengo un cable de carga, pero no hay enchufes aquí. No durará mucho, incluso si somos ahorradores. Deberíamos asumir que no podremos usar los teléfonos por mucho tiempo y revisar todos los datos mientras podamos.

-Entendido, detective.

El fenómeno del misterio se concentró en las voces grabadas que salían de mi celular. Debía de tener frío porque se abrazó a sí misma, se frotó las piernas y se pegó las orejas caídas de su gorro de bufanda a las mejillas.

Exhalé lentamente, me recosté contra los barrotes de metal y me despeiné el flequillo con una mano.

-Lo siento. -Murmuré.

-¿Por qué? ¿Por no decirle a Enbi-chan lo sexy que está con su disfraz de Papá Noel?

-Por ponerte en peligro. No tenía otra opción dada la situación y no sé cuánta gente tienen, pero este no es lugar para traer a una menor.

-¿Estás diciendo que deberías haberles rogado a esos secuestradores locos que te llevaran, pero que perdonaran a esta chica? Llamar la atención sobre mí solo me habría puesto en mayor peligro. Podrían haber empezado sujetándome y arrancándome la ropa para acosarme por diversión.

-…

-No había forma de evitar cualquier daño. Es una lástima, pero así son las cosas. En ese caso, elegiste la mejor opción. Al menos, estoy a salvo ahora porque me protegiste mientras estaba inconsciente e indefensa, ¿verdad?

-Pero soy policía.

-Eso no significa nada. Soy lo suficientemente madura como para saber que los policías también son humanos. No eres un macho musculoso con un traje ajustado, así que no te preocupes.

Finalmente, Enbi terminó de escuchar mi conversación grabada con Nagisa-chan.

Suspiró y abrió la boca.

-Nos está tratando como mascotas.

-¿Tú también lo crees?

-Es el método para perros, gatos y algunos otros animales pequeños. Tengo un libro electrónico sobre eso en mi teléfono si quieres verlo.

-No, gracias… Ella nos elogia diciéndonos ‘buen chico’ o ‘buena chica’, nos da un caramelo como premio especial y golpea con ese machete para que haga un ruido desagradable si hacemos algo malo. Es la típica división entre recompensa y castigo. Eso lo entiendo.

Eso ya era un problema en sí mismo, pero la raíz del problema estaba en otra parte.

-Dejando eso de lado, ¿qué es eso del pánico por los zombis?

-No sé cómo hemos llegado a esto.

Al menos, no habíamos visto ningún cadáver levantarse ni nos habían atacado grupos de carne putrefacta. Era muy raro que la ciudad estuviera tan inusualmente silenciosa y que no se viera ni un solo camión de bomberos con humo por todas partes, pero ese era otro asunto.

Lo que significaba…

-Puede que realmente crean que hay zombis ahí fuera.

-Pero no sabemos si esos zombis están ahí de verdad o no.

Sí.

De hecho, esa era la única respuesta razonable.

Antes de suponer que alguna extraña técnica oculta había introducido espíritus malignos en los cadáveres o que un misterioso patógeno estaba resucitando a los muertos, era mucho más natural suponer que se trataba de un caso de histeria colectiva que había llevado a los habitantes de Ciudad Bozen a creer que había zombis por todas partes.

La ciudad había sido destruida, pero ¿de verdad una horda de zombis había sido la responsable?

¿No era más fácil pensar que la destrucción fue el resultado de multitudes blandiendo armas caseras contra zombis imaginarios?

Puede que no recuerden con precisión el incidente que provocaron.

-¿Pero te has dado cuenta? -Pregunté. -Incluso si fuera cierto, esta histeria colectiva tuvo que haberse propagado en un tiempo extremadamente corto.

-¿Qué te hace pensar eso?

-Los alimentos frescos del centro comercial no se habían echado a perder. Y si una ciudad entera hubiera estado paralizada por disturbios, la información se habría difundido. Esto sucedió demasiado rápido para eso. Probablemente deberíamos suponer que solo han pasado unas pocas horas.

-¿Y si alguna misteriosa agencia gubernamental está ocultando la información?

-Es una teoría conspirativa ridícula, pero supongo que daré una refutación seria. Si fuera así, ¿cómo entramos tan fácilmente en Ciudad Bozen? Si estuvieran ocultando esto, ¿no habrían cortado el flujo de personas?

-Es cierto. Es improbable, a menos que se tratara de algún tipo de accidente que sorprendió incluso al gobierno, al punto de que tardaron en aislarlo todo.

No había zombis.

Si lográramos que se dieran cuenta de eso, nos liberarían de esta prisión. Al fin y al cabo, perderían su pretexto para "protegernos". Pero, ¿hasta dónde nos llevaría esa "opinión minoritaria" en esta ciudad donde el sentido común se había desmoronado?

-Hubo un caso similar en una supuesta Aldea de observación de OVNIs en Estados Unidos. Los aldeanos estaban aterrorizados por una invasión alienígena, así que cuando les caía bien un viajero, lo metían en un refugio para 'protegerlo'.

-¿Y qué le pasaba al viajero si molestaba a los aldeanos?

-Los aldeanos concluían que el viajero era en realidad un extraterrestre con piel humana. Después de eso... bueno, cada caso era diferente. Algunos eran ejecutados públicamente y otros diseccionados para futuras referencias. De hecho, cualquiera que rompiera las reglas de la aldea o un líder que perdiera en un conflicto entre facciones terminaba siendo considerado un extraterrestre.

Me dolía la cabeza.

Si alguien temía la destrucción de la humanidad, también creía en esa destrucción. Odiaban que se negara esa destrucción. Deseaban liberarse de esas ataduras, pero también querían estar atados a ellas más que nadie. Con Nagisa-chan y los demás luchando contra la amenaza zombi, insistir en que no había zombis podía ser peligroso. Desde luego, no quería que decidieran que éramos zombis haciéndonos pasar por humanos. También me inquietaba la pequeña sociedad que habían creado. Las reglas de los callejones y las prisiones eran símbolos de miedo, pero resultaban gratificantes cuando estabas en la cima. Quizás estaban creando sus propias reglas particulares de esa manera.

Pero en fin…

-Ya compartí mi información, así que déjame ver la grabación en tu teléfono ahora.

No habíamos intercambiado nuestros teléfonos, pero era por las baterías. Verlo juntos sería más económico que verlo por separado. Tomé prestado el teléfono dentro de una funda con forma de regalo de Papá Noel.

Apretamos nuestros hombros fríos para mirar la pequeña pantalla.

La grabación temblaba mucho, pero no era de extrañar, ya que se filmó mientras ella colgaba de la cintura de su traje de baño. Sentía que me marearía si la miraba demasiado tiempo, pero no podía dejar que eso me afectara.

Empezó cuando salimos de la camioneta y nos acercamos al exterior del banco, cubierto de nieve. Al parecer, las persianas y la pared habían sido destruidas intencionalmente, pero para ello habrían necesitado explosivos o maquinaria pesada. Había otra cosa en la que fijarse.

-Me interesa esa furgoneta destrozada.

Según Nagisa-chan, intentaron llevar a los supervivientes al banco usándolo, pero fracasaron cuando fue atacado por zombis mientras intentaban meter a la gente dentro.

Me pregunto cuántas personas hay en su grupo. No parecía haber nadie más que esos tres en el banco.

Es difícil saber cuánto de lo que dicen es verdad.

La grabación entró por la gruesa puerta metálica de la parte trasera, pasó por debajo del muro de basura y entró en el banco.

Nagisa-chan, Sada Shirabe, la doctora, y Amou Neko, la bombera, hablaban en el vestíbulo.

[-¿Puedo irme ya?]

[-Sí.]

[-Yo también… Mis armas son de un solo uso, así que necesito reabastecerme.]

-Alto ahí.

El fenómeno del misterio metió la mano y detuvo el vídeo.

-¿Se dio cuenta de eso, detective?

-Sada y Amou le pidieron permiso a Nagisa-chan antes de irse. Por su edad, debería estar al final de la jerarquía, ya que es menor de edad. Tampoco puede conducir. Normalmente, la jerarquía sería justo la contraria.

-Eso también es importante, pero me refiero a esto.

Inquieto por el frío, Enbi señaló una esquina de la pantalla.

-El video captó la puerta por la que salió Sada. Amou salió fuera del encuadre, pero quizás podamos ver algo a través de su puerta. Presta mucha atención. Voy a reproducirlo cuadro a cuadro.

En el lento y entrecortado movimiento del video, Sada Shirabe caminó hacia la puerta del fondo.

¿Qué veríamos allí?

Me concentré en recopilar toda la información posible mientras la puerta se abría lentamente, revelando lo que había dentro.

Probablemente era una sala privada para conversaciones con clientes sobre operaciones de cambio de divisas y temas similares.

Dentro, vi algo que no era una mesa, pero que era rectangular y estaba sostenido por patas. ¿Qué era? ¿Una camilla de exploración o una camilla normal?

Sada Shirabe había sido presentado como médico, así que podría tratarse de una sala de examinación para atender a los heridos.

Pero esa idea se desvaneció al ver lo siguiente.

-Detective, mire…

-…

Unos bidones metálicos oxidados estaban a poca distancia de la camilla. Se veían dos en el vídeo. Incluso si se trataba de una sala de examinación improvisada, no habrían metido algo tan sucio dentro.

En otras palabras, no era una sala de exploración.

Entonces, ¿qué era? ¿Por qué habrían reunido material médico en esa habitación?

La respuesta la encontré en los bidones metálicos. La parte superior estaba cortada como una lata de comida, parecida a los baños que había visto en series antiguas.

Para empezar, el borde estaba manchado de un rojo oscuro.

Y segundo, algo parecido a una rama rota sobresalía.

¿Qué es eso?

Espera… no. No puede ser…

-¿Un brazo… humano?

El fenómeno del misterio pausó el video y amplió la imagen en ese punto. Sin ningún programa de procesamiento de imágenes, los píxeles simplemente se agrandaron, por lo que la imagen se veía pixelada y borrosa. Aun así, era evidente que no se trataba del brazo de un maniquí ni de una muñeca. Tenía un color rojo y morado moteado. Estaba sucio de una manera muy orgánica. Parecía haberse decolorado desde dentro, algo que simplemente no se podía reproducir con pintura.

-Detective, de verdad espero que esto no sea cierto. De verdad. Pero…

-Solo dilo.

-¿Y si ese doctor es de los que investigan sus sospechas mediante autopsias? ¿Como los locos de la Aldea de observación de OVNIs?

No podíamos hacer nada.

Esto no era lo mismo que unos secuestradores pidiendo un rescate. Había comenzado un retorcido paseo por la cuerda floja.


Parte 4[edit]

Hwooooooooooooooo.

Fhwooooooooooooooooooo.

El silbido del viento no cesaba. Un viento seco soplaba por todas partes. Parecía colarse en mis oídos y llegar hasta lo más profundo de mi cabeza. De forma inquietante, parecía abrirse paso hasta los pliegues de mi cerebro. Parecía estar secándomelo poco a poco y transformándome en una muñeca indefensa.

-¿¡Eh…!?

-¿Detective? ¿¡Detective!? ¿Qué ocurre? Estás temblando.

-¿Qué...? ¡Maldita sea, el viento! Dime, ¿hay viento aquí?

-Estamos dentro de una bóveda perfectamente sellada. No hay por dónde pueda entrar. ¿De verdad estás bien? Venga, respira hondo. Sé que es difícil, pero intenta recordar dónde estamos.

Poco a poco comprendí lo que estaba pasando.

Para empezar, después de repasar todo lo que teníamos que discutir y compartir toda nuestra información, nos vimos obligados a guardar silencio. Me quedé dormido y empecé a soñar.

Tenía alucinaciones mientras dormía.

No, dada mi situación actual…

-¿Estoy empezando a mostrar síntomas de psicosis carcelaria? Eso no es bueno.

La psicosis carcelaria era un estado psicológico particular causado por los cambios mentales que se producían al no poder moverse durante largos periodos de tiempo. Esto podía significar estar físicamente inmovilizado con esposas u otras sujeciones, encerrado en una habitación pequeña o, en algunos casos especiales, ser monitoreado constantemente por un dispositivo de rastreo GPS.

Existía una amplia variedad de síntomas: alucinaciones auditivas y visuales, diversos tipos de delirios, pensamiento limitado, emociones explosivas, etc.

Tenía un conocimiento aceptable sobre el tema en relación con las investigaciones y la detención, pero esto no era bueno.

El tratamiento más efectivo para la psicosis carcelaria era extremadamente simple: liberar las sujeciones físicas. Incluso hubo casos en los que alguien al borde de un colapso mental se recuperaba en tan solo unas horas tras salir de la celda. La creación de áreas de ejercicio en las prisiones tenía como objetivo prevenir este tipo de síntomas.

Pero, al mismo tiempo, los síntomas empeoraban cuanto más tiempo se permanecía encarcelado. Superarlos dentro de la celda era increíblemente difícil. Era una situación completamente diferente, pero se sentía como una batalla perdida contra el mareo por movimiento, mientras se estaba dentro del vehículo.

Esto significa… ¡maldita sea!

-Fenómeno del misterio, ¿tienes algo para atarme?

-¿?

-¡No tengo ni idea de lo mal que se va a poner esto! Si tengo delirios de persecución o me invaden emociones explosivas, podría sucumbir a sospechas infundadas y hacerte daño. Así que átame antes de que eso suceda. ¡Es demasiado tarde para atarme una vez que empiece a forcejear!

-Detective, incluso si sufres de psicosis carcelaria, atarte solo empeorará sus síntomas. ¡No puedo hacer eso!

-Es como estar en la misma jaula que una bestia feroz. ¡Por favor, déjame seguir actuando como policía hasta el final!

Ella negó lentamente con la cabeza.

No iba a obtener ayuda de ella, pero tampoco podía hacerle daño. Tenía que tomar precauciones por si mis síntomas empeoraban. Mi cable de carga sería demasiado débil, así que tendría que usar mi cárdigan y mi cinturón.

Exhalé lentamente.

Si bajaba la guardia, volvía a oír el viento.


Un rato después, me encontraba de espaldas a los barrotes de metal con los brazos alrededor de las rodillas.

Oí a alguien susurrando detrás de mí. O eso creí.

Sabía que el fenómeno del misterio y yo éramos los únicos en la bóveda. De verdad lo sabía, pero aun así acabé mirando hacia atrás para comprobarlo. Lo hice una y otra vez. Era como alguien con TOC que se lava las manos repetidamente cuando se siente acorralado.

Me estremecía al recordar lo extraña que había sido mi actuación cinco minutos antes, pero cinco minutos después hacía exactamente lo mismo.

De verdad sentía que estaba a punto de enloquecer. ¿O acaso ya estaba un poco loco? Igual que Nagisa-chan y los demás que creían en los zombis.

-…

-Oye, ¿estas ahí?

La miré y noté que algo no andaba bien.

Enbi no reaccionaba mucho. No respondió ni parpadeó cuando le pasé la mano por delante de los ojos. La agarré por los hombros fríos y, por fin, levantó la mirada lentamente.

Al mirarla a los ojos, con la mirada perdida, por fin comprendí lo que pasaba.

¿Psicosis carcelaria? ¿Ella también la tiene?

-Oye, cálmate. ¿Qué miras, fenómeno del misterio?

-¿Eh? Oh… estoy bien, estoy bien. No seré una carga para ti… lidiaré con ello sola…

-¡No hagas eso! Guardártelo no te ayudará. Las alucinaciones no son un gran problema mientras están en la memoria a corto plazo, ¡pero pueden ser muy difíciles de superar una vez que llegan a la memoria a largo plazo!

-Je… je je je… oigo una sirena.

-¿Una sirena?

-Viene de entre las gruesas paredes. Wee-ooh, wee-ooh… ¡Sí! ¡Sí, lo sé, lo sé! Ningún sonido puede atravesar esas paredes. Pero me estoy asfixiando aquí dentro. Estaremos bien, ¿verdad? ¿Verdad? El banco no está en llamas y no nos dejaron aquí en un horno gigante, ¿cierto?

Ambos íbamos por el mismo camino.

Solo había una diferencia de grado. La presión de estar encerrada tras esa puerta marcada con el escudo Hishigami debía ser algo completamente distinto para ella.

-Escucha, fenómeno del misterio. La psicosis carcelaria se manifiesta de forma diferente en cada persona, pero lo que importa es cuánto tiempo llevas encerrada. ¿Cuánto tiempo ha pasado? Al menos, no nos han traído comida, así que no puede haber sido un día entero.

-¡No lo sé! ¡No hay ventanas ni puertas, así que no podemos ver nada fuera! ¿Quién sabe si es de día o de noche? ¿Y si él… y si esa gente sonriente viene a intentar matarme otra vez?

Esas palabras fueron como una bofetada y me estremecieron el corazón.

Me vi arrastrado por su pánico, como si fuera contagioso.

La hora. Sí, necesitábamos saber la hora exacta.

Hice un intento desesperado por evitar que nuestro salvavidas mental se hundiera.

-Mira, fenómeno del misterio.

-¿…Qué?

-¡Es mi teléfono! Mira el reloj. Solo han pasado unas horas. Está bien. ¡Los síntomas de psicosis carcelaria aún no serán tan graves! ¡Te lo estás imaginando!

No tenía ni idea de cuánto ayudaría esto, pero mientras me escuchaba y miraba la pantalla, los movimientos de sus ojos se volvieron gradualmente más fluidos. Me di cuenta de que empezaba a ver más allá de su mundo de delirio.

Quizás parecíamos exagerados.

Tal vez esta sensación solo aparecía cuando uno estaba encarcelado a la fuerza sin saber qué pasaría mañana… ni siquiera dentro de una hora.

Pero estábamos realmente al límite. Sentía cómo mi corazón, y tal vez mi alma, se desvanecía como un terrón de sal con el paso del tiempo.

Este truco no duraría para siempre.

Las baterías del teléfono eran limitadas. Los seres humanos se acostumbran a los estímulos, así que el efecto calmante de ver esos datos digitales se desvanecería. En cuanto empezamos a dudar de si el número era incorrecto, todo se habría acabado. Y lo que es más importante, la psicosis carcelaria empeoraba con el paso del tiempo.

¿Qué sería de nosotros una vez que perdiéramos este salvavidas?

¿Qué sería de nosotros una vez que ese apoyo desapareciera y nuestros corazones se rompieran?


No teníamos cama ni siquiera una manta, pero me encontraba durmiendo y despertando de forma irregular.

Me sentía terriblemente inquieto. Mis pensamientos empezaron a escapar de la realidad.

-Detective, ¿en qué piensa?

Me costaba distinguir a Santa Enbi, la de la minifalda en bikini, de un habitante de mis sueños.

-Recordaba la primera vez que nos conocimos.

-Ja, ja. Deja de decir eso. Es vergonzoso.

-Sí, pero también estábamos un poco encarcelados entonces. Al menos podíamos caminar libremente por la mansión.

Me vino a la mente el nombre “Casa de Cristal”.

Una familia de locos había vivido en lo profundo de las montañas. En una interpretación literal de las reglas familiares que prohibían ocultar nada a la familia, las paredes, los pisos y los techos de la mansión estaban hechos de vidrio reforzado transparente, creando un espacio vital infernal sin ninguna privacidad.

Mucha gente pecadora se había reunido allí como atraída por un imán.

Entonces ocurrió un asesinato.

Tras seguir una línea invisible demasiado sólida como para decir que fue "por casualidad", el fenómeno del misterio y yo llegamos allí por caminos diferentes y presenciamos el mismo incidente.

-Ahora que lo pienso, no te forzabas a llevar trajes de baño en ese entonces.

-¿Para quién crees que estoy exhibiendo mi cuerpo? Estoy lista para que me ataques, ¿sabes?

Cuando la conocí, Hishigami Enbi era una auténtica parca.

No llevaba coletas ni un bonito bañador. Su larga cabellera estaba peinada hacia atrás y vestía un abrigo negro azabache que la cubría por completo hasta la boca. Unos pantalones del mismo color tenían cremalleras decorativas aquí y allá, pero los muslos que se transparentaban a través de ellas parecían más peligrosos que deslumbrantes. Sobre todo, sus ojos irradiaban la luz dolorosa de una hoja oxidada. Cada palabra que pronunciaba sonsacaba la información que necesitaba lo más rápido posible, y a cambio, perdía toda confianza. Era ese tipo de parca.

Hacía lo que fuera necesario para resolver el caso.

Por ejemplo, reescribía el mensaje de despedida que señalaba al asesino para ver cómo reaccionaban todos los sospechosos.

Por ejemplo, atacaría preventivamente, pero sin matar, al segundo objetivo del asesino para atraer la atención de todos y crear un ambiente donde el asesino no pudiera actuar con facilidad.

Por ejemplo, dirigiría las sospechas hacia la persona que más quería el asesino para presionarlo a confesar.

Sí.

En realidad no había sacado armas ni recursos paranormales, pero podría haber sido muy parecida a Mai.

-Ese sí que era un lugar horrible.

-¿De qué hablas? Todavía estoy enfadada contigo por espiar a la criada mientras se cambiaba.

-Era la Casa de Cristal transparente, pero dependiendo del ángulo, el cristal refleja la luz como un espejo. En otras palabras, se podía crear una caja negra allí en las condiciones adecuadas. Una vez que nos dimos cuenta de eso, el resto fue sencillo.

-Sí. La mayoría de los trucos criminales son así.

Después de oír eso, hablé con el fenómeno del misterio que estaba a mi lado.

-Ese no era el truco en ese caso.

Me sentí mareado.

Con la desagradable sensación de una espátula o cuchara de madera raspando el fondo de mi estómago, finalmente logré concentrarme de nuevo en la realidad.

-¿Qué sucede, detective?

La chica frente a mí no era una muñeca que aceptaría cualquier cosa que yo dijera.

Era un ser humano.

-No es nada. Ya lo superé.

Me sequé el sudor frío de la frente mientras respondía.

¿Cuánto duraría esto? ¿Podríamos seguir riéndonos de Nagisa-chan y los demás?


Parte 5[edit]

La serie de pesadillas creadas por nosotros mismos llegó a un abrupto final.

Con un fuerte estruendo mecánico, la puerta redonda de la bóveda se abrió lentamente. Por si acaso, guardamos nuestros teléfonos en los bolsillos. Fue Nagisa-chan quien entró.

Seguíamos atrapados tras las rejas, pero la diferencia era increíble.

Sentíamos como si el aire fresco entrara por aquel agujero redondo y nuestras pegajosas ilusiones se disiparan junto con el aire viciado de la bóveda.

La psicosis carcelaria desaparecía en cuanto uno salía al exterior.

Esto podría haber sido un indicio de ello. La presión del escudo Hishigami se había liberado.

-Je, je. Aquí tiene algo de comida.

Nagisa-chan sostenía unos panecillos, dos ensaladas en bolsa y una botella de agua de plástico. Los deslizó entre los barrotes.

-¿Robaste esto del centro comercial?

-Buen chico. No me mordiste la mano.

-¿Qué habrías hecho si lo hubiera hecho?

-Mmm. Es un poco triste, pero la mejor manera de controlar a un macho feroz es castrándolo.

-…

-Sí, sí. ¿Qué si los robé, dices? Al principio pensamos en dejar el dinero en la caja, pero fingir un intercambio así parecía tan vacío.

Nadie iba a volver.

Nadie se llevaría el dinero aunque lo hubieran dejado. Nadie los culparía por llevarse los productos. El sistema normal de pago ya no existía aquí.

Al menos, eso era lo que ella y los demás alborotadores creían.

Mientras me concentraba en esa delgada línea entre la realidad y la ilusión, miré a los ojos de Nagisa-chan. No podía hacer nada sin más información. Quería tener toda la información posible para poder salir de aquí.

-De hecho…

-¿?

-Nagisa-chan, veo que no quieres irte de la ciudad.

Tras pensarlo un poco, hice una pregunta.

-Ese centro comercial estaba justo al lado de la frontera de Ciudad Bozen. Con ese camión, deberías haber podido escapar, así que ¿por qué te quedas en esta ladera de la montaña? ¿No sabes que la situación solo va a empeorar si sólo te escondes aquí?

-Sí. Buen chico. Has estado pensando bien.

La chica de preparatoria asintió de inmediato.

También me dio un caramelo.

-Si hubiéramos sabido que todavía no había zombis por donde viniste, podríamos haber escapado entonces.

-¿…?

-¿Quién dice que los zombis se quedarán en la ciudad? Incluso si antes estaba bien, los zombis podrían haberla invadido en las últimas horas. E incluso si escapamos con un destino en mente, todo habrá terminado si ese destino está lleno de zombis. …Por eso tenemos que pensar en ir a un lugar que sepamos que nos puede proteger. ¿Entiendes?

-¿Un lugar que sabes que te puede proteger? -Preguntó la fanática de los misterios con su gorro de Papá Noel y astas de reno.

Nagisa-chan soltó una risita.

-Probablemente la policía y los bomberos ya no serán de mucha ayuda… Por ahora, estamos pensando en la base estadounidense o de las Fuerzas de Autodefensa de Japón más cercana. El problema es lo lejos que está. Lo consultamos en un mapa y son más de cien kilómetros. No tardaríamos ni una hora si fuéramos a toda velocidad, pero con todo lo que está pasando, sería imposible. Ir tan lejos con los retrasos que suponen los accidentes no va a ser fácil.

Entendí lo que quería decir.

Necesitaban acumular agua, comida, combustible y armas. Necesitaban una cantidad descomunal y no podían moverse hasta tenerlo todo.

Temiendo a unos zombis inexistentes, se estarían preparando eternamente para un viaje hasta los confines de la tierra.

-Shinobu-chan y los demás pensaban escapar de la ciudad en parapente desde la cima de la montaña, pero a diferencia de un avión, estos no siguen volando. Tendríamos problemas si aterrizáramos en un lugar lleno de zombis, así que decidimos no dejarlo todo al azar.

-¿De verdad puedes hacer eso?

-¿Hacer qué?

-Puedes prepararte así si quieres, pero ¿acaso esto terminará alguna vez? Vivir aquí requiere comida y combustible, y el agua y la comida se echan a perder solas. Es como un cubo con un agujero en el fondo. Pierdes provisiones incluso mientras las recoges.

-…La verdad no lo sé.

Sorprendentemente, aceptó sin dudarlo.

-Simplemente estoy eligiendo el camino más realista que se me ocurre y no puedo saber si fue la decisión correcta sin intentarlo… Se avecina un gran diluvio, pero quizás no tenga tiempo de construir un arca tan grande. Aun así, no hacer nada y ahogarme está fuera de toda duda. Así es como lo veo.

-…

-O tal vez solo quiero un objetivo en el que pensar… Después de todo, no hacer nada se siente como asfixiarse en esta situación. Si no estoy concentrada en algo, siento que me estoy volviendo loca.

La conversación terminó ahí.

No nos había rechazado. Simplemente la había terminado según su estado de ánimo.

Todos respirábamos el mismo aire, pero nosotros estábamos dentro y ella fuera.

Ella tenía toda la autoridad allí.

Cuando la chica de preparatoria comenzó a irse, le grité con pesar:

-¡Por favor, espera! Estamos atrapados tras estas rejas de todos modos, ¡así que no hace falta que cierres la puerta!

-De hecho sí. Darte lo que quieres cuando gritas solo te enseña a volver a hacerlo.

Ella no nos escuchaba.

Luego, el fenómeno del misterio, con poca ropa, habló.

-P-pero ¿qué hacemos con el baño aquí? No hay intercomunicador, así que ¿no sería mejor dejarlo así para que puedas venir si gritamos?

Nagisa-chan solo ladeó un poco la cabeza.

-¿Venir aquí? ¿Por qué?

-Para que nos dejes salir si de verdad lo necesitamos…

-…

-¡Seguro que no dirás que no nos vas a dejar salir pase lo que pase! ¿Sabes qué es esto? ¡Es solo una caja fuerte! ¡No hay fontanería ni nada! ¡Tú también eres una chica! ¡Seguro que lo entiendes!

-Te di agua. Puedes arreglártelas sola. Si lo haces bien, te llamaré buena chica y te daré un caramelo.

Fue muy directa.

La fanática del misterio se quedó sin palabras y Nagisa-chan desapareció por la puerta redonda.

Con el fuerte estruendo mecánico, nos encontramos de nuevo encerrados en esta doble prisión.


Parte 6[edit]

Silbido, silbido.

Silbido, silbido.

Aturdido por la alucinación del viento silbante, me di cuenta de que la puerta circular de la bóveda se abría de nuevo. Era evidente que aún era demasiado pronto para la siguiente comida. La misteriosa Santa Claus en bikini con minifalda seguía tan conmocionada por la última conversación que apenas había comido nada.

Nuestra visitante esta vez era la bombera llamada… Amou Neko, creo.

La joven con chándal se acercó a los barrotes de metal.

-Por fin podemos hablar.

-¿?

-La verdad es que no sé qué hacer con los caramelos de Nagisa-chan.

-…

-También nos lo hace a Sada-san y a mí, así que lo entendemos. Dice que ‘quédate’, ‘siéntate’ y ‘ven’ son las órdenes básicas. Es humillante, pero no podemos enfrentarnos a ella.

Sus acciones me habían molestado bastante. Incluso ahora, jugaba con el encendedor de aceite que colgaba frente a su generoso pecho. ¿Había venido aquí sin avisarle a Nagisa-chan?

-Oigan, ustedes dos vinieron de afuera, ¿no? No se escondieron en Ciudad Bozen como el resto de nosotros. Son de afuera.

Afuera.

Escuchar esa palabra dentro de los barrotes casi me hizo reír a pesar de la situación.

-…¿Qué pasa con eso?

-¿Puedes decirme cómo es afuera? Parecía que no sabías nada de los zombis. ¿Cómo es ahí fuera? ¿Eso significa que los zombis no se han extendido mucho?

¿Cómo se suponía que iba a responder a esto?

Por supuesto, solo había una respuesta verdadera, pero si esto era como aquella Aldea OVNI, entonces esta decisión podría determinar nuestro destino. Si decía que había zombis por todas partes fuera de la ciudad, seguiríamos prisioneros aquí. Si decía que no había zombis fuera de la ciudad, se enfadaría conmigo por mentir. ¿Había alguna otra respuesta mejor?

Sentí la misma tensión irracional que alguien obligado a firmar un contrato escrito en un idioma extranjero. Para empezar, ¿cómo era posible que esos tres compartieran las mismas fantasías?

Tras pensarlo un poco, respondí.

-Vine de Tokio.

-¿?

-Subí a mi coche de alquiler en el aeropuerto local, la recogí a ella en la carretera y conduje directamente a la ciudad de Bozen. No vi ningún zombi, pero no puedo decirte cómo era la situación fuera del coche. No puedo negar la posibilidad de que hubiera zombis escondidos en todas las casas y tiendas, o que nos hubieran atacado si hubiéramos estado caminando por las calles.

-Lo sabía.

Amou Neko se frotó la barbilla.

No tenía ni idea de lo que ella “sabía”, aunque sabía que no adaptar la conversación a su comprensión nos costaría la vida.

Quizás existía una “entrada” para compartir esa ilusión, pero quedar atrapados demasiado sería una mala idea. Tenía que rechazarla en mi interior y analizarlo todo a fondo.

-Si puede haber zombis fuera de la ciudad, no podemos ser optimistas. Tenemos que prepararnos… Sí, es cierto. El machete de Nagisa-chan no sirve para mucho. Necesitamos potencia de fuego para acabar con una densa muralla de zombis…

Oí el clic de la tapa del encendedor de aceite al abrirse y cerrarse.

Algo parecido a la alegría llenó sus ojos mientras murmuraba para sí misma.

Sus ojos habían empezado a brillar cuando le dijeron que había zombis ahí fuera. Al principio pudo parecer contradictorio, pero no lo era. Nagisa-chan ya nos había dicho que necesitaban un objetivo o se volverían locos.

En el caso de Amou Neko, eso significaba asegurar armas como cócteles Molotov y lanzallamas. Buscaba tranquilidad al tener la potencia de fuego necesaria para abrirse paso entre una gran horda de zombis. Así que, aunque no le gustara la idea de que hubiera zombis, no podía alcanzar esa tranquilidad sin ellos.

¿Cuál era la respuesta correcta y dónde estaban las minas terrestres?

Incluso un pequeño error de interpretación podría costarnos la vida.

-No te preocupes. Estaremos bien… Una vez que tenga toda la potencia de fuego que necesitamos, podremos llegar a esa base a cien kilómetros de distancia…

Miraba a lo lejos en lugar de a nosotros.

Se me ocurrió una teoría, pero no era eso lo que necesitaba abordar aquí y ahora.

-¿Estarán todos bien?

-¿Bien? ¿Qué quieres decir?

-Bueno…

Los dedos con los que jugaba con el encendedor de aceite se detuvieron.

¿Era eso una señal de peligro? Extendí las palmas hacia la mujer bombero con chándal.

-Puede que no sea un experto, pero ¿no son delicados los cócteles Molotov? Dejar caer uno sería peligroso, y cualquier movimiento brusco con ellos metidos en la mochila podría romper una botella y empaparte la espalda de gasolina. Además, son pesados. E incluso si tienes muchos, solo puedes lanzar uno a la vez. No son un arma que puedas usar con uno en cada mano.

-…

-Prepararse está bien, pero ¿no sería buena idea darles una charla a todos sobre cómo usarlos? De lo contrario, nuestra negligencia podría incendiar el banco.

-Cuando llegue el momento, lo haré. Ustedes dos también lucharán contra los zombis.

¿…?

No mencionó a nadie más.

Era cierto que no habíamos visto a nadie más que a esos tres mientras estábamos atrapados en esta bóveda, pero ¿significaba eso lo que yo pensaba?

-Y necesitamos potencia de fuego para algo más que luchar contra los zombis. También necesitamos recolectar muestras.

-¿Muestras?

-Para Sada-san.

Sentí un dolor punzante en el corazón.

Sada Shirabe era el médico de esa sala de examen. ¿Qué eran esos tambores de metal oxidados en esa habitación y por qué había un brazo humano sobresaliendo de uno? Parecía el más cercano a los crímenes de este grupo.

-Está entusiasmado con descubrir cómo funcionan los zombis, encontrar su punto débil y poder combatirlos con mucha más facilidad, pero ¡por favor! La gente se levanta después de morir. Tienen los ojos turbios, la piel descolorida y el pelo seco. Así es este lugar, así que tendremos que escapar y quemarlo todo tarde o temprano. Es una pérdida de tiempo.

-…

¿De verdad estábamos en Japón?

Se habían vuelto todos locos. Tenían opiniones muy diversas, pero no podía seguirles el ritmo.

-No sé si es para parecer importante, pero siempre exagera todo lo que dice. Cuando tratamos un pequeño rasguño, se pone a hablar de enfermedades infecciosas… Probablemente solo quiere que creamos que lo necesitamos. Así que no podemos fiarnos de sus informes. Me pregunto qué estará haciendo.

Tras sus quejas unilaterales, Amou Neko abandonó la bóveda sin satisfacer a nadie más que a sí misma. Al igual que con Nagisa-chan, pude ver claramente la diferencia entre quienes estaban dentro y fuera de los barrotes.

Una vez a solas, el fenómeno del misterio, con su gorro de Papá Noel y su bufanda de reno, habló después de no haber participado en la conversación anterior.

-¿Lo notaste, detective?

-Sí. Solo podemos hacer conjeturas, ya que no somos expertos. -Dije con un nudo en la garganta. -Pero creo que también podrían estar sufriendo de psicosis carcelaria.

Era una teoría ridícula.

Nosotros dos estábamos prisioneros allí, así que parecía injusto considerar también a nuestros captores como posibles víctimas.

Sin embargo…

-No están en este banco porque quieran estar aquí. Creen que es su única opción debido a todos los zombis que hay por todas partes. Se podría decir que, en cierto modo, están prisioneros en el banco.

-Sinceramente, las alucinaciones autoinfligidas no tienen ninguna gracia cuando llegan a este extremo.

-Es bien sabido que las situaciones de encarcelamiento generan estados mentales especiales tanto en la víctima como en el perpetrador. Los síndromes de Estocolmo y Lima son los más conocidos. Nagisa-chan y los demás podrían estar desmoronándose poco a poco, al igual que nosotros.

-Pero ¿acaso la psicosis carcelaria no mejora drásticamente al salir?

-Depende de su definición de ‘afuera’. Incluso si salen del banco, la ciudad de Bozen está llena de zombis. Fuera de la ciudad también hay zombis. Todo está lleno de zombis. Si así es como lo ven, es como meter una lata en una maleta, meter la maleta en una caja fuerte y meter la caja fuerte en el sótano. Siguen atrapados en una jaula más grande, así que no se sienten libres.

Sin embargo, esto elevaba aún más el riesgo.

Ya temían a los zombis inexistentes, así que si además estaban sufriendo de psicosis carcelaria, cada vez teníamos menos esperanzas de que tomaran decisiones racionales.


Parte 7[edit]

El siguiente en llegar fue Sada Shirabe, el anciano que decía ser médico.

En cuanto entró, el olor me atravesó. Más que simple sangre, era un olor a flema que me hizo pensar en un color crema con un toque verdoso turbio. Quizás debido a la quietud del aire de la bóveda, esa extraña sensación pronto se apoderó de todo el lugar.

Ya fuera para él o para disciplinarnos, sostenía unos caramelos en la mano, pero solo parecía triste al verlos.

Se quedó de pie frente a los barrotes y nos miró a través de sus gafas.

-Parece que han superado el rito de iniciación inicial. Sus reacciones son racionales.

-¿Rito de iniciación?

-Si las condiciones hubieran sido las adecuadas, ya te habrías convertido en zombi. Personalmente, me habría encantado tener la oportunidad de obtener más muestras.

-…

Recordé los tambores metálicos y lo que parecía un brazo humano.

Mi tensión aumentó, pero si se trataba de un grupo de alborotadores, este hombre no era el único perturbado.

-¿Puedes distinguir entre humanos y zombis?

-En general. Hay algunos rasgos distintivos como los ojos, la piel y el pelo, pero eso no lo es todo. Y no puedo negar la posibilidad de que exista una variedad visualmente indistinguible de un humano. Preferiría tener más muestras para hacer una definición más clara.

Negó lentamente con la cabeza y suspiró mientras se frotaba las patillas de las gafas.

-No es fácil por varias razones. Los zombis siguen moviéndose incluso si les aplastas la cabeza o les clavas una puñalada en el corazón. Los hemos estado decapitando para asegurarnos de que no nos muerdan, pero es difícil considerarlo una solución definitiva.

¿Cómo veía el mundo?

-Pero cuando se queman, como con los cócteles Molotov de Amou, la autopsia de las muestras proporciona muy poca información. Las quiero lo más frescas posible, pero ella no sabe controlarse. Ese es el dilema.

-¿El fuego mata a los zombis?

-¿Quién sabe? Dejan de moverse porque el calor destruye todos sus músculos, pero eso no significa que dejen de funcionar. Si bien examinaré el cráneo de un zombi quemado, no me arriesgaría a meter un dedo en esa boca.

Todo lo que decía era una locura, pero más o menos entendía lo que quería decir.

Aquí había una estructura social muy extraña. Nagisa-chan era su líder. Me preguntaba por qué, ya que era la más joven, menor de edad, no sabía conducir y no tenía habilidades especiales como primeros auxilios, pero esta parecía ser la respuesta.

Sada quería muestras frescas, así que prefería a Nagisa-chan y su machete a Amou y sus cócteles Molotov. Y según lo que Amou había dicho, estos tres eran los únicos en el banco. A partir de ahí, era cuestión de mayoría. Sada no quería que Nagisa-chan tirara su cuchillo, así que la apoyaría sin importar nada. Eso la llevó a la cima, independientemente de lo que pensara Amou.

Por supuesto, no quería ni imaginarme qué eran esas "muestras" en realidad.

En ese caso, tal vez no fueran un grupo tan sólido como yo pensaba. Sada parecía tener casi cincuenta años, así que no debía ser divertido tener que recibir caramelos para contentar a Nagisa-chan cuando ella podría ser su nieta más que su hija. Y la frustración de Amou debía ir en aumento al ver que su opinión siempre era ignorada.

Era posible que algo pudiera separarlos.

Sin embargo, eso sería inútil si se destruían entre sí mientras seguíamos atrapados tras estas rejas. En ese caso, correríamos la misma suerte que un insecto en una jaula cuando un niño se olvida de cuidarlo.

Había encontrado el interruptor de encendido, pero nos llevarían con ellos si no lo usaba bien.

-Nagisa-chan dijo que ibas a una base de las Fuerzas de Autodefensa de Japón o estadounidense a pedir ayuda. Creo que dijo que la más cercana está a cien kilómetros. ¿Qué opinas? ¿Es realista?

Depende de la propagación de los zombis y de su número total. Pero nuestras posibilidades podrían cambiar drásticamente si encontrara una debilidad en ellos. No tendría ninguna queja si pudiéramos eliminarlos a todos con una sustancia química como un gas o un ácido.

Suspiró profundamente. Había cierta firmeza en sus palabras, pero la idea principal pareció cambiar al continuar.

-Pero me opongo a irnos sin más antes de saber más sobre ellos. ¿Sabes qué está haciendo además de recolectar armas y comida?

-¿Cuál? ¿Nagisa-chan o Amou?

-La chica de preparatoria.

Esa sería Nagisa-chan.

-Está pegando cinta adhesiva en la carretera para formar letras gigantes y apilando cajas de cartón y papel higiénico para hacer fogatas. Parece que intenta enviar un mensaje al cielo, con la esperanza de que un helicóptero o algo lo vea. ¿Qué opinas?

-…

Decidí que sería mejor no responder con sinceridad que sonaba a un ritual extraño.

-Está perdiendo la concentración cuando podría haber zombis escondidos en cualquier parte y encender grandes hogueras atraerá su atención. E incluso si un helicóptero ve el mensaje, no puede quedarse allí. Eso es lo mismo que el clásico juego de tocar el timbre y salir corriendo. Al principio parece racional, pero sus acciones carecen de lógica. Tanto es así que parece peligroso dejar que nos guíe indefinidamente.

Nagisa-chan era racional.

Empecé a sentirme mareado al oír ese comentario. Esto iba más allá de la confusión que tendría con una cultura diferente. Estaba bastante seguro de que su estándar había caído demasiado.

-Pero Amou también es un problema. Lo que está haciendo es como quemar a todo el mundo porque no sabe con qué tipo de patógeno está lidiando. Es demasiado ineficiente. Y quién sabe si eso le bastará para descansar tranquila. Además, ¿sabes lo que está haciendo ahora? Elaborando alcohol.

-¿Alcohol…?

Conociendo la vocación de mi familia, fruncí el ceño.

-No me digas que se está emborrachando justo ahora.

-No, ni siquiera ella es tan irresponsable. En este momento, está consiguiendo gasolina por toda la ciudad y usándola como arma, pero parece entender que eventualmente llegará a un límite. Así que, al parecer, está intentando crear combustible a partir de patatas y maíz como alternativa.

Al principio parecía razonable, pero…

-¿Cuánto tiempo tardará en completarlo?

-¿Quién sabe? No bebo, así que no lo sé. Pero, ¿piensa quedarse aquí años con esos barriles? Si bien estoy de acuerdo en que irnos sin previo aviso es una mala idea, nuestra situación solo empeorará si lo hacemos.

Tras decir lo que tenía que decir, Sada Shirabe se tocó las sienes de las gafas y se alejó de los barrotes.

Para entonces ya había captado lo que implicaba su actitud. Estaba a punto de abandonar la bóveda.

-En fin, si ustedes dos no se convierten en zombis, tendré que guardar mis muestras en otro sitio.

-…

-Y es agradable tener más gente con quien hablar. Sobre todo otro hombre… Para ser sincero, me estaba asfixiando hasta ahora.

Eso fue todo.

Esta vez, Sada salió de la bóveda.

Era una persona peligrosa. Ya había realizado autopsias a varios cadáveres (si las personas ya estaban muertas o si las habían matado solo para autopsiarlas seguía siendo un misterio) y tenía la intención de continuar haciéndolo, pero yo no podía hacer nada.

Parecía el fin del mundo.

Sentía que se estaba transformando en algo inhumano.

Sí, como un zombi sin sentido que vagaba en busca de carne fresca.


Parte 8 (tercera persona)[edit]

Cuando Hishigami Enbi, una chica vestida de negro con ropa que parecía hecha con cremalleras decorativas, vio por primera vez a ese detective, se preguntó sinceramente cómo había sobrevivido tanto tiempo.

Al parecer, había personas que vivían toda su vida sin verse involucradas en un solo incidente criminal, pero ese detective no era una de ellas. Había elegido una profesión que requería recorrer esas escenas sangrientas, así que debería haber corrido un riesgo mayor de lo normal de perder la vida. Y sin embargo…

Sucedió dentro de la Casa de Cristal.

Las paredes, los suelos y los techos de la gigantesca mansión estaban hechos de vidrio reforzado transparente para que la familia no pudiera guardarse secretos. La lujosa residencia parecía una vitrina que permitía vislumbrar el interior de una colonia de hormigas, pero en ese escenario cerrado se había cometido un asesinato sin puntos ciegos.

Para resolver el misterio y escapar con vida de aquella mansión en las montañas, Hishigami Enbi había tendido todas las trampas posibles para desestabilizar al asesino.

No, había manipulado a mucho más que al asesino. A veces con palabras, a veces con información, a veces con pruebas, a veces con engaños. Había amenazado, intimidado, tentado, negociado, cooperado, apelado a las emociones, seducido con lágrimas y sembrado un sentimiento de justicia en todos los que se encontraban en la mansión.

Revelaría la identidad del asesino tarde o temprano.

Sin importar el peligro que el proceso supusiera para todos, incluso si no eran conscientes de que corrían directamente hacia el abismo, ese seguía siendo el camino más corto y rápido hacia la resolución.

Pero entonces aquel hombre dijo algo. Aquel hombre que podía haber muerto en cualquier momento… no, que ya debería haber muerto.

-Escucha con atención, mocosa.

Como último recurso para acorralar al asesino, aquel detective tomó la única medida que escapaba al control de Hishigami Enbi.

-Nosotros, los policías, no vamos a la escena del crimen para divertirnos resolviendo un enigma. No tenemos más remedio que dar caza al criminal porque es necesario para salvar a la persona que tenemos delante. En ese sentido, tu método no vale nada. Tu respuesta no protegerá a nadie.

En circunstancias normales, probablemente se habría burlado de la idea.

Si hubiera sido un adulto que envejeciera sin darse cuenta de la crueldad del mundo, esas palabras condescendientes jamás la habrían afectado.

Pero aquel detective estaba sentado en el suelo, con la espalda apoyada en una pared transparente.

Una flecha se le había clavado en el costado y un líquido rojo oscuro se filtraba por su traje a través de la camisa.

Había sido una simple apuesta.

Ella había planeado todo para que el detective se encontrara con el asesino. Todo habría terminado sin incidentes si el detective la hubiera delatado para evitar el peligro. Había elaborado su plan desde el principio, dando por sentado que sería traicionada, pero el detective se había liberado de su hechizo.

Al final, él había decidido confiar en la chica y había seguido encubriéndola.

Pero no por estupidez.

Lo había hecho sabiendo que lo estaban engañando.

-Fue una acción sin sentido.

En ese momento, esas fueron las únicas palabras que logró pronunciar.

Creía poder terminar la conversación con eso, pero él había dicho más.

-Quizás.

Sonrió levemente y pareció satisfecho con el resultado.

-Pero esa acción logró salvar al menos a una persona aquí.

Llegó a su límite.

Cayó de lado y se desplomó sobre el suelo transparente. Es posible que entrara en shock por la pérdida de sangre, ya que no abrió los ojos después. Todas las salidas de la Casa de Cristal estaban selladas, así que no había forma de sacarlo de allí. A menos que, claro está, se consiguiera el llavero que el asesino había usado para sellarlas.

-…

Hishigami Enbi siempre había afrontado incluso los casos más difíciles y los había resuelto con frialdad, pero ese día, por primera vez en su vida, sus pensamientos se desviaron hacia un proceso completamente diferente.

Resolvería este caso por alguien más.

Estaba decidida a salvar al detective Uchimaku Hayabusa, quien había seguido creyendo en ella a pesar de saber que era una trampa.

Le pagaría por haberle creído.

Con determinación en su corazón, esa mujer Hishigami cruzó la Casa de Cristal una vez más.


Parte 9[edit]

¿Cuánto tiempo había pasado desde que nos encerraron en la bóveda del banco?

Parecía que solo habían pasado unos minutos, pero también parecía que habíamos estado solos durante varios días.

Había perdido la noción del tiempo.

Me sentía como si me hubiera diluido como una gota de tinta en un lago gigante.

Fue un movimiento del fenómeno del misterio lo que me liberó de esa lenta decadencia.

-¿…?

Al principio, pensé que tenía frío.

Pensé en darle mi cárdigan, pero algo andaba mal. Su temblor no cesaba. De hecho, aumentaba a un ritmo acelerado. Se había estado sujetando las rodillas con los brazos, pero de repente se desplomó sobre el frío suelo. Yacía de lado y toda su espalda parecía retorcerse en lugar de solo sus brazos y piernas.

-¡Oye, fenómeno del misterio! ¿Qué pasa? ¡Maldita sea!

Algo parecido a espuma salía de la comisura de su boca. Su sistema digestivo no funcionaba correctamente, así que la saliva y los ácidos estomacales se mezclaban con el aire.

Consideré la posibilidad de que la comida de Nagisa-chan estuviera envenenada, pero la descarté rápidamente. Apenas había comido nada. Había sustancias que podían matar a un humano con solo el 1% de un gramo y venenos de acción lenta, pero no tenía sentido usar uno de acción lenta estando encerrados. Podrían habernos matado fácilmente con ese machete si hubieran querido.

Lo que significaba…

¿Acaso su psicosis carcelaria se ha agravado tanto que le estaba afectando el sistema nervioso autónomo?

Sus caderas se movían de forma antinatural, la bufanda se balanceaba y aún más espuma salía de su boca.

¡Oh, no! ¡A este paso no podrá respirar!

-¿Me oyes? Hey, ¿me oyes? ¡Escupe! ¡Si no te despejas la garganta, te morirás!

-…

Su garganta, que se retorcía de forma inquietante, dejó de moverse un poco.

No era que no me oyera. ¿Qué pasaba? ¿Acaso dudaba en hacer algo tan vergonzoso delante de un hombre? ¡No era el momento para eso!

-¡Idiota!

No tuve tiempo de pedirle su consentimiento. Me incliné sobre su cuerpo retorciéndose y le metí el índice y el corazón de la mano derecha entre sus pequeños labios. Intentaba abrirle la boca para que pudiera respirar, aunque tuviera que hacerlo a la fuerza.

Fue entonces cuando un dolor agudo me recorrió los dedos.

No sabía si estaba consciente o no, y el dolor me daba igual. Seguí moviendo los dedos, haciendo todo lo posible por ignorar la horrible sensación que me perforaba la carne y llegaba hasta el hueso. Le abrí la boca de par en par y le saqué lo que se había acumulado dentro.

-¿¡Ghahh!? ¡Tos, tos!

Tras un sonido pegajoso, empezó a toser. Pude oírla respirar de nuevo, aunque silbaba como una flauta rota.

Sin embargo, eso no eliminó la psicosis propia de la prisión.

Me dedicó una sonrisa extrañamente relajada mientras yo estaba prácticamente inclinado sobre ella.

¿De verdad me estaba mirando?

-Sí… así es, detective. Justifiqué mis acciones asumiendo que cualquiera haría lo mismo en una situación tan extrema. Por eso me di cuenta de algo cuando te vi: la gente nunca tiene por qué perder de vista su esencia si se esfuerza lo suficiente.

-¿…?

¿De qué hablaba?

No. ¿Qué estaba recordando?

-Reconsideré quién había sido en el pasado. Me cambié el peinado, elegí ropa bonita y pensé si realmente necesitaba tener segundas intenciones en todo lo que decía. Sí, gracias a ti pasé de ser un instrumento para resolver misterios a una chica de verdad.

Sus ojos parecían fijos en un pasado lejano.

Me había dejado atrás en el presente mientras hablaba.

-Pero no sirvió de nada…

-¿Servir?

Sabía que no podía oírme bien, pero pregunté de todos modos.

Sus palabras, llenas de desvaríos, se disculpaban con alguien más que conmigo.

-Lo siento. Lo siento, detective. Al final, no pude hacer nada tan normal como resolver problemas para otra persona. Solo fingía y poco a poco me fui alejando cada vez más de ello. Quizás, al final, una mujer Hishigami solo es una mujer Hishigami… Solo podemos destruir, no crear. Solo podemos arrebatar personas de este mundo, no protegerlas. Entiendo por qué la rama principal nos odia tanto…

Eso no me importa.

-Pero me trataste como a un ser vivo.

Las mujeres Hishigami no importan.

-Soy la peor mujer mortífera posible y quizás no debería haber nacido, pero al menos eso me hizo feliz. Me alegró haber nacido. Así que te lo agradezco, detective. Te lo agradezco, pero no puedo convertirme en la persona que crees que soy…

Tu costumbre de aparecerte inapropiadamente en escenas de crímenes peligrosos no es un problema. No importa en lo más mínimo que recopiles información de quién sabe dónde, persigas asesinos de maneras absurdas y mantengas el olor a muerte como compañero constante.

La has visto, ¿verdad?

Has visto esa conexión final con las personas atrapadas en crímenes injustificados y arrastradas a la oscuridad. Has visto esas señales desesperadas. Probablemente las has visto incluso más que un policía como yo. ¡Hubo innumerables casos que nosotros, los policías, jamás habríamos podido resolver sin ti!

Me acordé del supuesto lema de la rama principal de la familia Hishigami: Las mujeres Hishigami traen la calamidad.

-Escucha con atención.

Empecé a sentirme mareado.

Como si el pánico fuera contagioso, el mundo a mi alrededor enloqueció. El silbido del viento frío se hizo más fuerte.

Apreté los dientes, lo ignoré y grité con todas mis fuerzas.

-Como mínimo, ¡no eres alguien a quien debieran haber matado al nacer, porque traigas la calamidad con solo respirar! Y si alguien intenta tratarte así, tomaré cartas en el asunto. ¡Eso es trabajo de la policía! ¡No lo olvides!

Dejarme llevar por las emociones solo empeoró las cosas.

El silbido del viento parecía llenarme la cabeza. Me sentí aún más mareado y empecé a perder el equilibrio. No podía permitirme aplastar al fenómeno del misterio que estaba debajo de mí, así que también me desplomé de lado.

¿Era este el final?

¿Era este el fin? No había ninguna amenaza real afuera y el grupo de Nagisa-chan no tenía intención de matarnos, pero ¿íbamos a quedarnos de espaldas y encogernos como un insecto en una jaula cuando un niño se olvida de cuidarlo?

La alucinación auditiva se volvió increíblemente fuerte.

El sonido pareció apoderarse de todos mis sentidos, como si me atacara un enjambre de hormigas invisibles.

-¿…?

Pero al abandonarme al sonido, finalmente me di cuenta de algo.

Apreté la oreja contra el frío suelo e intenté escuchar el sonido por una vez.

…¿Estás bromeando?

-Puedo oírlo.

-¿Qué… cosa, detective?

-¡El viento! Lo oigo bajo el suelo. ¿Pero por qué?

Metí la mano en el bolsillo, saqué el bolígrafo de acero inoxidable sujeto al bloc de notas, lo sujeté con el puño y lo clavé en el suelo de la bóveda.

Puede que pareciera que me había vuelto completamente loco, pero mis acciones dieron resultado.

-Se está desmoronando.

Al principio, ni yo mismo podía creerlo.

-¡El suelo se está desmoronando! ¡Tiene conexión con algún sitio!

Mi mente hizo una explosión de conexiones.

En el coche de alquiler, de camino a Bozen, fui yo quien mencionó la alta tasa de criminalidad en las zonas rurales y los ladrones que cavaban túneles hasta las bóvedas de los bancos.

¿Sería este un caso similar?

El silbido del viento no había sido una alucinación. ¿Y si entraba por ese túnel excavado a mano, separado solo por una fina capa de tierra?

-Despierta, fenómeno de los misterios.

-¿Eh...?

-¡Hay una salida! ¡Podemos salir! ¡Mira, bicho raro!

Solo había abierto un agujero del tamaño de un puño, pero podía sentir el aire frío entrando. Era completamente diferente al aire viciado de la bóveda. Tenía el frío penetrante del exterior.

La psicosis carcelaria a veces mejoraba drásticamente al liberarse de las ataduras.

A medida que la existencia de esta salida obvia se abría paso en la mente de la misteriosa Santa Claus con minifalda y bikini, sus ojos parecieron volver a enfocarse en la realidad.

Pero…

Escuché un fuerte estruendo metálico.

La puerta redonda de la bóveda se abría lentamente, muy lentamente.

-¡¡…!!

Se me secó la garganta.

¿Por qué ahora? ¡Ese escudo Hishigami nunca sea abre de acuerdo a nuestros gustos!

No podíamos dejar que Nagisa-chan, Amou y Sada encontraran este agujero. Intentaban "protegernos", pero también temían a los zombis. Quién sabe lo furiosos que se pondrían si descubrían un agujero al exterior que no formara parte de su "camino" para guiar a los zombis como peces.

Pero al mismo tiempo, ahora teníamos un objetivo. Si lográbamos superar esta conversación y salían de la bóveda, podríamos cavar un agujero y escapar de inmediato.

Teníamos treinta segundos antes de que la puerta se abriera del todo.

No teníamos tiempo, así que me quité el cárdigan, lo coloqué sobre el agujero del tamaño de un puño y dejé a la debilitada fanática del misterio encima.

Entonces llegó el momento.

-Te pediremos que nos ayudes con nuestro trabajo de campo a partir de mañana, así que quería tener una reunión contigo ahora. Perderte en tu primera salida podría costarte la vida.

-De verdad que tienes suerte. ¿Y qué es esto? Huele mal aquí dentro…

-Me recuerda al ácido estomacal. Quizás debería inspeccionarlos.

Para colmo, eran los tres.

Si alguno de ellos tenía dudas y decidía investigar dentro de los barrotes, encontrarían fácilmente el agujero. Si eso sucedía, incluso podrían matarnos en el acto.

Así que usaría todo lo que estuviera a mi alcance.

Tenía que recordarlo todo. Su grupo no era tan sólido como parecía. Y lo que cada uno no había dicho podía deducirse de lo que los demás decían. Incluso estando encerrado en esta bóveda, podía intuir los problemas que les aquejaban.

Había una grieta fatal, producto de algo que había ocurrido aquí.

Si lograba descubrirlo, tendrían dificultades para mantener su alianza temporal.

Tuve que recordar aquella loca Casa de Cristal. La clave de los trucos de magia no era un artilugio grandioso, sino la distracción. Para completar nuestro acto de escape mágico, necesitaba reunir las cartas necesarias.

Con eso en mente, tenía que establecer las reglas.

¿Qué era lo que más deseaba hacer? ¿Resolver el misterio de lo que había ocurrido aquí? ¿Atrapar al criminal que había troceado sus supuestas muestras? ¿Despertar a estos tres de su delirio sobre zombis?

No era ninguna de esas cosas.

Era Hishigami Enbi. Era una excepción entre las excepciones, pero seguía siendo una civil menor de edad y tenía que sacarla de aquí sana y salva.

Tenía que abandonar todo lo demás. Arrestar al criminal podía esperar. Un terapeuta podía ayudar con sus delirios. No necesitaba armas ni derrotar a nadie. No era pacifista, pero para garantizar la seguridad de Enbi, iniciar una gran pelea no era la mejor idea. Por eso elegí una ruta sin muertes.

Claro que no podía usar un simple engaño. Si mi truco de distracción fallaba, mis habilidades con las cartas y mi caja de trucos serían inútiles. Descubrirían rápidamente el secreto del agujero en el suelo. No caerían en la trampa a menos que hubiera verdad en mis palabras.

Sin embargo, no podía simplemente insistir en que no había zombis. Todo lo daban por sentado, así que, aunque no los hubiera, no podía llamar su atención a menos que fingiera que sí.

No se trataba de la existencia o ausencia de zombis.

Tenía que pensar en qué los había impulsado a actuar en ese mundo que creían infestado de zombis.

Y con eso, tenía que resolverlo.

La relación entre Nagisa-chan, Amou Neko y Sada Shirabe se había roto hacía mucho tiempo, así que solo tenía que recordarles ese dolor. Probablemente sería lo mejor.

Sabía lo que tenía que hacer.

Sabía lo que ganaría si tenía éxito y lo que perdería si fracasaba.

Era la hora de la verdad. Era una oportunidad única en la vida, con nuestras vidas en juego.


Parte 10[edit]

Nagisa-chan y yo nos miramos a través de los fríos barrotes de metal.

Amou Neko y Sada Shirabe estaban a cada lado de ella.

Claramente tenían la ventaja. No necesitaban abrir los bares y lanzar un cóctel Molotov dentro nos rodearía de llamas y humo.

Tenían nuestras vidas en sus manos, pero aun así abrí la boca.

-Nagisa-chan.

-¿Qué pasa…?

-Si de verdad hay zombis ahí fuera, estoy de acuerdo en que es malo. Lo mejor sería que trabajáramos juntos para combatirlos. Nosotros también tenemos que trabajar, no quedarnos aquí sentados protegiéndonos. Pero…

-¿?

-¿De verdad podemos quedarnos así esperando? No creo que nuestros enemigos estén solo afuera.

Casi podía sentir la tensión congelando el aire.

La primera en morder el anzuelo fue Amou Neko, la bombera.

-¿Estás diciendo que nos volveremos contra Nagisa-chan y la traicionaremos? ¿Por qué lo haríamos? No ganamos nada con eso. Al contrario, necesitamos más gente aquí.

-No me refiero a eso. -Interrumpí. -Oye, Nagisa-chan. Apuesto a que podrías cortar extremidades y cabezas humanas con ese enorme cuchillo de ganado que tienes ahí, pero como tienes que acercarte a los zombis para usarlo, probablemente no sirva de mucho contra un grupo grande. ¿Verdad?

-Buen chico. Te daré un caramelo. Sí, los zombis son tan fuertes como osos… Podemos arreglárnoslas si usamos armas para contrarrestar su ventaja, pero no hay nada que podamos hacer si un grupo nos agarra y nos derriba.

-Y para lidiar con grupos así, los cócteles Molotov de Amou Neko son muy útiles. Pero claro, eso deja el cadáver del zombi, o al menos sus restos, completamente quemados.

-¿Y qué?

Amou parecía tener sospechas mientras sostenía el encendedor de aceite que colgaba del pecho de su chándal.

Exhalé lentamente y continué.

-¿Entonces de quiénes son las muestras que se están revisando en la sala de examinación?

-…

Sada Shirabe guardó silencio.

Pude ver un ligero sudor en su piel visiblemente arrugada.

-Por lo que has dicho, no has practicado autopsias a ni un solo zombi. Parece que has conseguido varios zombis para ello, pero el arma de Nagisa-chan no es adecuada para grupos grandes y los cócteles Molotov los dejarían demasiado quemados para usarlos como muestra. Entonces, ¿cómo los conseguiste?

Por supuesto, tenía una idea.

-Eso me lleva a sospechar que tiene que ver con el motivo por el que estamos aquí prisioneros. Dijiste que intentaste rescatar a algunas personas aisladas en la ciudad, pero darles demasiada libertad permitió que los zombis las atacaran y las aniquilaran durante el traslado del microbús al banco. Por eso no nos darías ninguna libertad. En otras palabras, habrías tenido un montón de zombis allí. ¿O debería llamarlos posibles zombis del futuro?

No sabía cuánto tiempo creían que tardaba una persona mordida en convertirse en zombi. Tampoco sabía si solo los muertos se convertían en zombis o si incluso los vivos lo harían si los mordían.

Sin embargo, probablemente se trataba de una ilusión y una imagen sencilla que podían compartir fácilmente.

Además, Sada Shirabe había dicho que ya nos habríamos convertido en zombis “más o menos a estas alturas”.

-Derrotar a un zombi ya transformado no es fácil, pero ¿y si están en proceso de transformación? Para Nagisa-chan… no, para Sada Shirabe, ese accidente probablemente fue una oportunidad increíble. Podría obtener fácilmente más muestras de las que hubiera podido conseguir de otra manera.

Pero ¿qué había sucedido en realidad? ¿Había sido atacado el microbús en un conflicto entre grupos humanos? ¿Acaso ese grupo irracional les pareció zombi al grupo de Nagisa-chan? ¿Habían decidido que ningún humano podría hacer algo así?

-¿Y qué? -Preguntó Nagisa-chan con calma. -Es cierto que Sada-san obtuvo muchas muestras y las descuartizó en esa habitación, pero ¿qué importa? No nos preocupa lo que les pase a los cuerpos de los zombis. No están vivos ni son humanos. No veo razón para que nos acuses de nada malo.

-Pero Sada Shirabe aún no ha encontrado una debilidad en los zombis.

Los hombros del anciano temblaron.

-Está tan preocupado que incluso vino a la bóveda para ver si nos habíamos convertido en zombis. Después de todo, si no encuentra nada, perderá su puesto aquí. Parece que se ha posicionado por debajo de Nagisa-chan para mantener a Amou bajo control, pero no quiere seguir adulándola eternamente.

Así que…

-Necesita todas las muestras que pueda conseguir. Y si no puede conseguir nuevas, no quiere gastar las que tiene. Igual que alguien que no puede comprar un coche nuevo arregla el viejo y lo usa.

-¡Tú…!

-Ve al grano.

Sada intentó gritar furioso, pero Nagisa-chan lo interrumpió.

Su voz casi parecía un susurro.

-Las muestras de la autopsia se llevan afuera y Amou Neko las quema. No sabes si los zombis pueden revivir eternamente, pero no quieres que uno se levante de la mesa de examen.

-¿Qué… qué pasa con eso?

Amou jugueteaba con su encendedor de aceite y yo respondí lentamente.

-¿De verdad es eso lo que ocurre?

-…

-Como te dije, Sada Shirabe no puede permitirse perder sus muestras. Si no puede conseguir nuevas, tiene que reutilizar las viejas. En ese caso, ¿de verdad tiene tantas muestras como te ha dicho? Aún puede usar esos coches viejos si los arregla, así que ¿de verdad los está mandando a desguazar?

-¡Mentiras! -Gritó Sada Shirabe. -Si… si hiciera eso, ¡esos zombis invadirían nuestro espacio vital desde dentro del banco! ¡Haría que nuestra zona segura, creada desviando su curiosidad, fuera completamente inútil!

-Es cierto.

Extendí la mano hacia un lado.

Sostuve el teléfono inteligente del fenómeno del misterio y le mostré la pantalla.

-Pero estabas dispuesto a correr ese riesgo para cambiar esta sociedad donde estas jovencitas no te tienen respeto, ¿no es así?

La cámara mostraba la sala de examen justo cuando Sada Shirabe abría la puerta.

Lo que parecía ser un brazo humano sobresalía de un tambor metálico. Al menos, no parecía estar quemado por el calor. Por muy bien ventilado que estuviera, hacer eso en el banco llenaría el edificio de humo, así que no lo habrían hecho en primer lugar.

-Al menos, hay un brazo intacto en la sala de examen ahora mismo. -Dije como si hablara con niños pequeños. -¿No deberías ir a comprobarlo? Si no se vigila al dueño de ese brazo, quién sabe cuándo empezará a moverse.

El miedo a los zombis debía ser su máxima prioridad.

Era un miedo compartido o una ilusión colectiva.

Así que actuarían.

Aunque eso significara dudar de uno de los suyos, aunque fuera una pequeña duda, no podrían descansar tranquilos hasta haberla disipado por completo.

Sentí que el aire cambiaba.

Bien. La preparación para mi truco de magia estaba lista. Si desviaban su atención de la bóveda durante cinco o diez minutos, podríamos agrandar el agujero en el suelo, escabullirnos y escapar. Así podría salvar a Enbi sin que nadie muriera.

-Buen chico. De verdad eres el tío de Shinobu-chan. Y solo para asegurarnos…

-Espera.

-Sí, solo para asegurarnos.

Nagisa-chan se giró hacia la salida, Sada Shirabe se puso nervioso y Amou Neko no mostró ninguna intención de defenderlo mientras todos se dirigían hacia la salida.

Pero justo antes de que se fueran…

-…

Oí una voz ronca.

El fenómeno del misterio movía la boca mientras yacía en el suelo.

-Sí. Sada Shirabe quería obtener más muestras…

¿En…bi?

No sabía qué pretendía. ¿Por qué les impediría irse?

-Si encontraba una debilidad en los zombis antes que nadie, su posición estaría asegurada. Eso significaba que no podía dejar su suministro de muestras al azar…

Espera.

Pero…

-Los zombis buscan a sus objetivos por el olfato, así que no podrían encontrar uno dentro de un autobús con todas las ventanas cerradas… A menos que alguien hubiera encendido el aire acondicionado para que saliera el aire del autobús y, por lo tanto, los olores.

¡No hay ninguna razón lógica para seguir con esto!

Si Sada hubiera conducido el microbús como si fuera ese camión ligero, no le habría costado nada pulsar el interruptor del aire acondicionado que tenía justo al lado. Si hubiera dejado esa pista para los zombis y hubiera salido del autobús para abrir la puerta del banco, podría haber observado desde la seguridad cómo atacaban a los supervivientes. De esa forma, tendría un suministro seguro de futuras muestras.

……………………………………………………………………………………………………………

Nagisa-chan giró la cabeza para mirar a Sada Shirabe. Era imposible ignorar la cantidad de sudor que le corría por la cara. La caja de la muerte de esta mujer Hishigami se había abierto.

-N-no es cierto…

-¿Qué no es cierto?

-¡Se lo está inventando! ¡Yo… yo no hice eso! ¡Solo está adivinando! ¿Qué pruebas tiene alguien?

Eso no importaba.

Esta era una pequeña sociedad sostenida por el engaño. Tenían que entender que, después de portar armas letales frente a un agente de policía y anunciar descaradamente que al menos habían descuartizado cadáveres humanos sin permiso, los procedimientos normales de investigación e interrogatorio no iban a ser aplicables en este caso.

A nadie le importaba cómo se trataba a los zombis bajo las reglas de ese mundo demencial, pero ¿qué pasaba con los humanos vivos? Nagisa-chan nos había "protegido" al fenómeno de los misterios y a mí, así que ¿no sería eso un gran tabú?

En ese caso, ¿cómo tratarían a Sada Shirabe bajo esas reglas impuestas solo por esas tres personas?

¿Quién tomaría la decisión final?

Nagisa-chan arrojó un caramelo entre los barrotes.

-Creo que tendremos que exiliarte.

Le puso una mano en el hombro al anciano. Él intentó gritar y apartarla, pero ella lo sujetó con una fuerza de hierro. El largo cuchillo de carnicero llamado Namagusa brillaba en su otra mano. Acto seguido, Amou Neko se pegó el encendedor de aceite al pecho y con la otra mano agarró el brazo de Sada Shirabe. Sujetado por ambos lados, prácticamente lo arrastraron fuera de la bóveda.

Nagisa-chan miró hacia atrás solo una vez.

Nos dedicó la sonrisa que uno le dedica a un vecino amable que le señala un problema.

-Esperen un momento.

Oí un grito, pero incluso ese se ahogó cuando la puerta redonda se cerró con un estruendo mecánico.

Miré fijamente a la fanática del misterio.

-¿Por qué fuiste tan lejos? Podríamos haber evitado que muriera nadie.

-…

-¡Lo único que teníamos que hacer era escapar de aquí! ¡No había razón para llevarlos tan lejos!

Cuando le grité al oído, Enbi me miró con esfuerzo.

No me digas…

-Porque… soy una mujer Hishigami, así que resolveré el misterio… cueste lo que cueste…

Psicosis carcelaria…

¿Estaba mirando a otro tiempo y lugar? ¿Había hecho su observación como una simple reacción porque no era capaz de pensar en cosas como el bien y el mal?

Agarré y sacudí las barras de metal, pero no se movían. E incluso si lograba romperlas, no había forma de atravesar la puerta con el escudo Hishigami de un metro de grosor.

No podíamos salvar a Sada Shirabe.

Y si regresaban, todo habría sido en vano.

¿Cuál era mi objetivo original? ¿De verdad podía dejarlo morir aquí?

-¡¡¡¡¡…!!!!!

Pasé a mi siguiente tarea como si quisiera sacudirme algo de encima.

Moví al fenómeno del misterio y mi cárdigan y comencé a golpear el suelo desmoronado con mi bolígrafo de acero inoxidable. Destruí el exterior del agujero para ensancharlo lo suficiente como para que alguien pudiera pasar.

El agujero estaba completamente oscuro.

Usé la luz trasera de mi celular y descubrí que no era tan profundo.

Bajé primero y sostuve al fenómeno del misterio desde abajo mientras ella seguía lentamente mis instrucciones. Quizás porque había estado mostrando tanta piel, se sentía muy fría.

El olor a tierra era asfixiante y el viento traía un frío penetrante.

Aun así, habíamos escapado. Era difícil decir que nuestro desempeño mereciera una calificación perfecta, pero al menos habíamos logrado nuestro objetivo: huir de la prisión.

El simple acto de respirar se sentía como si estuviera lavando la oscura mancha que se había arraigado en lo más profundo de mi mente.

La psicosis carcelaria se estaba desvaneciendo poco a poco.

-¿Estamos… salvados?

-Sí. -Le dije mientras le ofrecía mi hombro. -No veo razón para dudarlo.

Ella arrastraba su cuerpo desagradablemente frío, así que se apoyó en mí para compartir lentamente mi calor corporal. Luego hizo un comentario casual.

-¿Qué deberíamos hacer cuando volvamos?

-Quiero darme una ducha caliente y dormir tres días seguidos.

-Aún eres joven, ¿qué tal algo más emocionante?

-Dame un ejemplo.

-Bueno, tienes el brazo alrededor de una chica tan linda como esta. ¿Por qué no pensamos en una cita en un parque de diversiones? Si eso es lo que me espera, creo que podría escapar de Ciudad Bozen incluso si el mundo entero fuera destruido.

-…

Después de pensarlo un poco, respondí.

-De acuerdo.

-¿Eh?

-Si eso es todo lo que necesitas para darte la esperanza de superar este infierno y la determinación necesaria para enfrentarlo sin intentar escapar mentalmente, entonces con gusto saldré contigo una vez.

-¡T-tú! T-t-t-t-tú, yo, pero… estoy feliz, pero… ¡no creo estar lista en más de un sentido…!

Empezó a tartamudear sin motivo aparente y no pude ver su expresión mientras la apoyaba en mi hombro.

-Para que quede claro, solo estoy hablando de pasar un rato agradable juntos en uno de mis días libres.

-¡Te quiero, detective! ¡Besos!

-¡Idiota! ¡Eso ya es dejar atrás la ternura! ¡No me abraces así con todas tus fuerzas!

Arranqué de encima al hiperactivo fenómeno del misterio.

En fin, esto se acabó.

Por fin podíamos despedirnos de esa caja infernal que Nagisa-chan y los demás habían creado.


Parte 11[edit]

Algo no andaba bien.

Me di cuenta después de caminar un buen rato por el túnel excavado a mano.

Sí.

Un buen rato.

-Detective, ¿dónde estamos? Siento que llevamos media hora caminando.

-No me preguntes…

El túnel no era plano. Subía y bajaba, pero parecía tener una pendiente descendente. Nos adentrábamos cada vez más en las profundidades de la tierra, donde la luz no nos alcanzaba. Empecé a preguntarme si nos habíamos equivocado de camino, pero ya no podíamos retroceder. Era posible que hubiéramos pasado por alto algún pequeño túnel lateral, pero si el grupo de Nagisa-chan nos perseguía, volver nos llevaría directamente a ellos.

¿Dónde estábamos?

¿Adónde nos habíamos desviado?

Tragué saliva y algunas piezas de información se conectaron aleatoriamente en mi mente. Ni siquiera yo sabía por qué había hecho esas conexiones.

  • Originalmente habíamos venido a Ciudad Bozen en busca de varias personas desaparecidas hacía más de diez años.
  • El grupo de Nagisa-chan se había movido entre la orilla de la montaña y la ciudad en la base utilizando una parte de los túneles conocidos como Mikuchi-sama. Los túneles de Mikuchi-sama parecían extenderse por toda la montaña como un hormiguero.

-Detective… ¿De verdad los ladrones que asaltaron ese banco cavaron todo el túnel ellos solos? ¿Y si…?

-¿Y si usaron el túnel de Mikuchi-sama como punto de partida para facilitarse el trabajo?

  • Había oído el nombre de Mikuchi-sama en un festival cuando estaba en la escuela. Sin embargo, el origen de ese nombre no era precisamente agradable.

-Oh…

Noté un olor.

Era un olor peculiar, uno jamás encontraría en una casa abandonada e intacta. Era un olor humano que me recordaba al sudor seco acumulado durante mucho tiempo. Podía sentir que nos llegaba desde más allá de la oscuridad silenciosa que la luz de fondo de mi celular no alcanzaba.

Lo recordé al oír un ruido extraño.

Eran fragmentos de lo que fue el origen de aquel festival.

  • Mikuchi-sama era un enorme agujero en la cima de la montaña donde arrojaban a los pecadores. Pero si los corazones de la gente se corrompían, la calamidad sellada en ese agujero estallaría.

-Maldita sea.

  • ¿Adónde habían ido esas personas desaparecidas?
  • Más importante aún, ¿qué era eso que se movía en la oscuridad?

-¿De verdad habían zombis?

No podíamos hacer nada.

Innumerables ojos turbios reflejaban la luz de fondo del celular mientras nos miraban fijamente desde la oscuridad.


Notes[edit]


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