Maru-MA Volumen 03 Capítulo 2

From Baka-Tsuki
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—¿Qué hace el niño perdido aquí? —Lord von Voltaire Gwendal volteó hacia a sus dos medios hermanos con una obvia expresión de disgusto.

Su cabello es largo y de un gris muy oscuro, y sus ojos son azules, con un dejo de mal humor siempre presente que ninguna clase de belleza podría remedir. En mi opinión Gwendal nació para ser el Maou, es más digno que cualquier otro. Su voz profunda cala hasta los huesos.

Me alegro de mi hermano mayor no sea así, de lo contrario ya hace años que me habría escapado de casa. En ese aspecto tengo que quitarme el sombrero ante Wolfram, él profesa sincero afecto hacia este hombre.

—Su Majestad planea demostrar que el prisionero que mantienen cautivo en Sverera es falso—dice Conrad alegre tratando de ayudarme. Por desgracia me he enganchado el pie en la silla de montar y quedo colgado retorciéndome contra el vientre del caballo.

—¡Ah! ¿De verdad? —gruñe Gwendal. Nos ha estado esperando al sur de la frontera.

—¡Así es! —digo apresuradamente—Probablemente ustedes ya sabían que era falso, así que pensaron que estaba bien incluso si decidían ejecutarlo. Pero la cosa es que el prisionero no soy yo, estoy perfectamente bien, acabo de regresar ¡y no permitiré que lo ejecuten! Así que vamos a Conashia o Carvella, o donde sea que estén el doble y el mateki!

—Conrad.

—¿Si?

—¿Es esto una broma? —Con la ceja ligeramente levantada Gwendal clava la vista agudamente en su hermano, el que considera un soldado digno. —¡Hazme un favor y llévate a estos dos de nuevo a la capital! —gruñe de nuevo.

—¡¿Qué?! ¡¿Yo también?! —Wolfram exclama indignado.

Aparentemente el hermano menor cree que no debería ser puesto al mismo nivel que yo.

—Solo obedezco órdenes de Su Majestad —dice Conrad llanamente.

Ay, no diga cosas así tan a la ligera, de lo contario me lo voy a creer y me voy a empezar a sentir poderoso. No hay forma de que un recién coronad Maou y además un chico ordinario fanático del béisbol, calienta bancas desde siempre, pueda ser una gran persona.

—¡Muy bien, hagan lo que quieran! —gruñe Gwendal y voltea su caballo hacia el rio que corre a lo largo de la frontera. Los hombres de su tropa lo siguen, vacilando levemente para mostrarse respetuosos con nosotros.

Tuve el honor de sentarme detrás de un joven increíblemente hermoso en el caballo y encaminarme hacia el paraíso. Todos llevan ropa como la de la película Lawrence de Arabia[1], sábanas blancas para protegernos del sol abrasador, ya que el viaje es a través de las interminables dunas de arena del desierto. Tomar precauciones mínimas contra los golpes de calor es necesario durante cualquier viaje por el desierto, incluso si es solo un pequeño tramo.

—¡Inconcebible! ¡Podría sufrir un golpe de calor! —Günter me abrazó con fuerza mientras contenía las lágrimas. Sosteniendo mi mano derecha me imploró: —Y no es sólo el calor. Hasta hace unos años Sverera estuvo en una guerra civil. Desde entonces la brecha entre ricos y pobres se ha hecho más grande, y en este momento la seguridad pública está en un estado miserable. Por otro lado, durante estos últimos dos años se ha dado una sequía sin precedentes, la gente lucha por el alimento en todos lados. ¡Por favor quédese aquí, Majestad! ¡Gwendal se hará cargo de la maseki! En su lugar, venga conmigo, su fiel Günter, a la playa para disfrutar del verano.

Fue complicado apaciguar las preocupaciones de Günter porque los mocos colgando de su estrecha nariz me distraían. Como nada podía comenzar hasta que le convenciera, le asegure a Günter que llevarse bien con los vecinos es el primer paso para entablar una amistad, y que la experiencia propia era importante para aprender la diplomacia. Mi presentación conmovió a Günter dándole un ataque de admiración.

—¡Pero que noble de su parte, Su Majestad!

Ja, eso es 1 punto para Yuuri Shibuya. Al fin estoy aprendiendo como manejar a Lord von Christ. ♦

Para este viaje me teñí el cabello y me puse lentes de contacto para ocultar mis ojos negros al igual que la vez anterior.

Hemos llegado al borde de un río reseco que separa Shin Makoku del otro país, Conashia. Este rio se ha drenado por completo a causa de lo que se llamó “una sequía sin precedentes”. El agrietado lecho tiene como un kilómetro de ancho. No hay comparación con el río Tone[2] cerca de mi casa...

— Seria una vista impresiónate si tuviera agua —comenté.

—Durante la Guerra Civil muchos cadáveres a la deriva fueron arrastrados a nuestro lado del río. Pero como los humanos estaban asustados de poner un pie en nuestros territorios, nadie vino a recoger los muertos. Tuvimos que encargarnos de ellos nosotros mismos. —explica Wolfram.

—Esa no es la clase de vista impresionante de la que estaba hablando…

Cuando cruzamos la ribera del río llegamos a un cercado simple hecho de estacas. Hay soldados por todas partes, su número es considerablemente mayor al nuestro. Es entendible que la frontera debe estar bien protegida, pero aunque los mazokus nunca han invadido a sus vecinos veo que igualmente los soldados son muy hostiles hacia nosotros. Sus lanzas apuntan directo hacia nosotros. Algunos de los que están parados en la fila de atrás aprietan el dorso de sus manos contra sus barbillas.

—¿Qué están haciendo? —me pregunté.

Wolfram chasquea su lengua. —Es un insulto hacia los mazoku. Aunque en realidad los humanos casi se hacen encima del miedo a los mazokus, se sienten más seguros estando en grupo y se vuelven insolentes. ¡Criaturas repugnantes!

—Ugh, perdón por eso —murmuré.

—¡Deja de sentirte aludido! ¡Tú no eres humano sino mazoku! ¡Acéptalo de una vez!

Ugh, perdón por eso también.

Al sur de Shin Makoku se sitúa el territorio Karbelnikoff. Es una zona vacacional muy popular, famosa por sus playas de arena blanca y su clima seco. Muchos turistas de las regiones del norte del Shin Makoku vienen aquí para saciar sus necesidades de un clima soleado.

Al otro lado del río, Sverera ha sufrido graves pérdidas en las cosechas debido a la sequía. Pero para la gente de Karbelnikoff, cuya fuente principal de ingresos es el turismo, el lema es: Más sol, más clientes.

Lord von Christ Günter está hospedándose en el complejo vacacional del Maou, completamente agotado, como si el calor también hubiera acabado con él.

—Se ha marchado —suspiró.

Su largo cabello color gris ha perdido el brillo y cae por toda su espalda hecho un lio, sus ojos violetas lucen desolados y vacíos. Con un mechón perdido pegado a su mejilla, la trágica apariencia de Günter es como la de un ama de casa agotada después de dedicarse a la limpieza. Miró distraídamente por la ventana hacia el cielo y el mar.

—¿Por qué Su Majestad me dejó aquí solo? ¿Finalmente ha llegado el día en que comenzó a despreciar a su fiel Günter?

—Sería una posibilidad de seguro.

Lord von Christ levantó la cabeza sobresaltado.

Frente a él se encuentra el exuberante cuerpo de una mujer envuelto en un apretado vestido veraniego, ¿o es eso solo un traje de baño?

Los rizos dorados que llegan hasta sus caderas están atados para revelar generosamente una erótica cintura bajo el vestido. Si nos las arreglamos para observar más allá de esta exhibición deslumbradoramente sexy, sus labios que sonríen inocentemente, su blanca piel y sus ojos verde esmeralda escondidos tras largas pestañas nos recordarían a su hijo más joven.

Ella no luce de más de treinta años, pero en realidad ha vivido más que las hermanas Kin y Gin[3], las gemelas más longevas en Japón.

Lady von Spitzberg Cäcilie es la madre de los tres hermanos mazokus que no se parecen en nada, así como la antigua reina mazoku. No es solo una Reina Sexy[4], sino que realmente es una reina certificada, mi predecesora directa.

—¡Su Alteza Real la ex Reina! ¡Qué atuendo atrevido…!

—¿Acaso no me queda bien, mi querido Günter? Me han dicho que Su Majestad ha llegado. Si hubiera sabido que solo te iba a encontrar a ti aquí habría mantenido mis piernas cubiertas.

—Cherie, le pido humildemente que se abstenga de intentar seducir constantemente a Su Majestad.

—Pero Günter, tú haces exactamente lo mismo siendo que te has pasado todo este tiempo oliendo la ropa de su majestad.

—B-Bueno, eso es...

Lady Cherie se aferró a los brazos de la camiseta en las manos de Lord von Christ.

—Es muy grosero de tu parte quedarte con todos los premios solo para ti. Déjame tocarla también… ¿mm?

Sostuvo la tela húmeda de algodón contra su nariz y la olfateó.

— ¿De verdad es este el olor de Su Majestad? ¿No te sorprende Günter? Él luce como una persona pulcra.

—Es un olor adecuado para un hombre joven. Un distintivo aroma a… ¿cómo decirlo?... aire marino.

Mejor dicho el olor de un delfín... no de Yuuri.

. . .

La silla caliente gotea sudor.

No solo el sol y un caballo.

Dos cuerpos muy cerca… apretados.

No, el verso no ayuda mucho contra el calor. No hay haiku[5] que pueda aliviar este exasperante calor.

Estamos en el medio del desierto, sin nada más a la vista que las dunas de arena.

Intento separar lo más posible mi cuerpo del chico sentado en frente mío para dejar pasar algo de aire entre nosotros. Pero no hay nada más que aire caliente rodeándonos, y no hay ningún movimiento ni remotamente parecido a una brisa.

—Si te deslizas más hacia atrás te vas a caer —me dice Wolfram.

—¡Me estoy muriendo de calor! —me quejo.

Wolfram obviamente disfruta de esta situación.

Sí, gracias. Muy divertido. Si tan solo una chica hubiera sido la que se sentase frente a mí, entonces hubiera divertido un poco. Como un caballero encantador la hubiera dirigido sosteniendo las riendas. Para mi desgracia, el que va sentado frente a mi es un chico lindo más encantador que cualquier chica.

Nuestra tropa consistente de veinte hombres cruza el desierto bajo el sol en vez de la luna, montando caballos criados por humanos en vez de camellos.

Los soldados en la frontera que hicieron gestos desagradables hacia nosotros dijeron que los animales debían mantenerse en cuarentena veinte días antes de permitirles el ingreso al país. Viniendo de una sociedad moderna como Japón lo que han dicho tiene sentido, pero según Wolfram y sus subordinados es un mero intento de encontrar el pelo al huevo. Terminamos enviando de regreso los caballos mazoku, que tienen dos corazones, y comprando caballos locales en la villa fronteriza cerca de Conashia. Hubiera sido más conveniente si tenían autos para alquilar, pero no tengo licencia de conducir todos modos.

Esta interminable región árida de siena no se supone que sea tan grande como un verdadero desierto. Habiendo nacido en Boston y crecido en Saitama[6] no tengo noción de cuál es la diferencia entre un desierto y las dunas de arena.

Y tampoco he estado nunca en ese mini desierto en Tottori[7].

Gwendal cabalga a cierta distancia frente a nosotros. La capa sobre su espalda se ondula en el aire como las algas marinas en un lago. Volteo hacia Conrad lamentándome.

—Maldición, ¿por qué ninguno de ustedes sufre tanto el calor como yo?

—Probablemente es debido a nuestro entrenamiento —me contesta Conrad extremadamente fresco y relajado.

Ni siquiera transpiran mucho.

Probablemente era de esperarse. Después de todo, es más fácil para los soldados bien entrenados, suponiendo que han entrenado muy duro todos los días bajo la supervisión de un sargento malvado.

Como las fuerzas armadas de defensa japonesas. Seguramente viajaron a través de bosques y montañas, cruzando pantanos y construyendo iglús en la nieve. Tal vez incluso dando pasos en falso todos los días por bosques de árboles densos y suelos fangosos donde es fácil resbalar. Pero eso suena más como una rutina de entrenamiento para un Ninja.

En todo caso, entre todos los viajeros yo soy el único al cual el calor está matando. Y ahora incluso tengo alucinaciones.

—De casualidad, ¿ustedes también ven ese pequeño animal por allá en la arena que levanta los brazos?

—¿Qué? ¿Dónde? ¿Cuál pequeño animal? No puedo ver nada —dice Wolfram.

Puedo ver la cabeza de un animal desconocido saliendo de un agujero unos diez metros más adelante. Pero nadie esperaría ver un animal como ese en el medio del desierto.

Un soldado en un caballo marrón oscuro desaparece justo frente a mí. El caballo gris sobre el que Wolfram y yo montamos se inclina de repente, pierde el balance y se hunde.

—¡Rayos, ¿qué es lo que está pasando ahora?! —grité.

—¡Un oso de arena!

¡¿Un oso de arena?! Todo se pone borroso alrededor y el mundo entero se vuelve de color naranja y dorado. Cascos de caballos o partes de brazos aparecen por aquí y por allá en mi campo de visión. Nos hundimos más y más en las arenas movedizas. No hay escapatoria. Estábamos siendo absorbidos inevitablemente.

— ¡¿Qu-qué sucede?! ¡¿Cómo puede ser posible?!

Cuando abro la boca la arena se mete inmediatamente entre mis dientes. Intento jalar a Wolfram por el extremo de su túnica, pero sus brazos, piernas, manos y finalmente hasta su rostro desaparece. Apenas puedo respirar.

¡¿Qué clase de animal es este?! En mi campo de visión que se ha vuelto borroso puedo ver un enorme oso panda de dos colores que mueve sus brazos hacia arriba y abajo en el centro del remolino.

—¡Eso es un maldito panda! —grité.

Un panda en medio del desierto. Con una nueva variante de color también: su pelaje es beige y marrón. ¿Dónde dejaste tu bambú?

De pronto alguien agarra mi brazo firmemente evitando que siga siendo succionado por este reloj de arena gigante.

—Conrad...

No, no puede ser Conrad. Mi indestructible protector soporta mis piernas desde abajo con sus hombros.

Cuando levanto la cabeza veo a Gwendal de pie justo en el borde del agujero. Wolfram y los otros soldados fueron succionados por el vórtice. Solo vi unas pocas patas de caballo y manos de algunos que no podía reconocer. La arena sigue girando hacia el centro del agujero.

—¡¿Qué pasa con Wolfram?! ¡Calló delante de mí en la arena! ¡Pero no se va a morir, ¿verdad?! —lloré y gemí.

—Si tiene mala suerte… dice Gwendal por encima de mí.

—No se preocupe, si no se sofoca encontrará el camino de vuelta a la superficie —me tranquiliza Conrad—. ¡Su Majestad, suba rápido!

—¡Pero tenemos que volver a ayudarlo! ¡No sabemos si podrá contra el oso! —protesté.

Trato de deslizarme por la pendiente, pero Gwendal sostiene con fuerza por el brazo y no me deja ir.

—¡Tú no puedes ayudarlo! —me reprocha.

—¡Pero no puedo simplemente abandonarlo! ¡Al menos ve a salvarlo, es tu hermano! ¡Ve y sálvalo tú!

Me doy vuelta hacia Conrad.


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—Oye, tú puedes contra ese oso, ¿verdad? ¡Eres un espadachín! De seguro que puedes contra un miniboss, ¿verdad? —le digo mientras me jalan hacia arriba. Él me evita la mirada, aunque es para asentar bien sus pies.

— Su seguridad es la prioridad principal en este momento —jadea, aun intentando empujarme hacia arriba.

— Pero yo estoy bien, así que...

—¡No está bien!

Por una fracción de segundo sus ojos marrones con motas plateadas se encuentran con los míos. Conrad se muerde los labios, frunce el ceño, que tiene una cicatriz apenas perceptible sobre una de sus cejas, y habla con voz atormentada.

—Su Majestad, Wolfram estaría de acuerdo conmigo de inmediato. También es un guerrero adulto y sabe que este tipo de cosas pueden suceder. ¡Su seguridad es lo primero!

En este momento ya no hay rastros de los soldados que han sido tragados por el vórtice. ¿Morirán al haber caído en un agujero como ese por culpa de la mala suerte? Solo de imaginar su cabello dorado y sus ojos esmeralda paralizados del miedo hace que me duela el pecho, no puedo respirar. Por supuesto que veinte vidas pesan más que una, aun si es mi propia vida la que está en riesgo. Ve y salva esas veinte vidas antes que quedarte aquí por mi. La decisión es clara. Ninguno debería ser sacrificado, ¡ni siquiera por un rey!

—Conrad, no quiero que te conviertas en alguien que abandona a su propio hermano —digo finalmente.

—Majestad... debemos irnos de este lugar inmediatamente. Todo puede colapsar en cualquier momento.

Subo y llego a tierra firme. Bajo mis pies la arena finalmente se siente sólida y estable. Me volteo hacia Conrad:

—Has dicho que solo sigues mis órdenes —le digo.

—Sí, pero eso era...

—Dijiste que harías caso a mis señas como cátcher. Entonces te ordeno que salves a Wolfram. ¡Por favor! Yo estoy bien, no tienes razón para preocuparte por mí. Después de todo aún tengo un guardián fuerte conmigo.

Conrad luce sorprendido, sus ojos van y vienen entre Gwendal y yo.

—¿Una orden? —voltea finalmente hacia Gwendal y murmura. —Está bien. ¡Pero cuida de él!

—Mhmmm —refunfuña Gwendal.

Él está parado detrás de mí así que no puedo ver su cara, pero me parece que hay un poco de alivio en su voz. La confianza crece en mí de que no era la decisión equivocada.

Conrad se desliza hacia abajo por la pendiente resbaladiza para ir a rescatar a su hermano y sus subordinados.

—¡¿Sabes cómo encontrar el túnel oculto que da a la salida de la guarida de esa bestia?! —grita Gwendal un momento después.

—¡No hay de qué preocuparse, esta es la tercera vez que tengo que vérmelas con un oso de arena! ¡Nos vemos en la capital!

Sí, mi decisión es correcta. Tiene que ser.



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Referencias

  1. Lawrence de Arabia es una película muy famosa de los años 60, ganadora de 7 premios Oscar y 4 premios de La Academia. Narra la historia de Tomas Edward Lawrence, un soldado inglés que durante la Segunda Guerra Mundial fue enviado a Arabia, y allí ayuda a armar la rebelión contra los Turcos por la independencia. A lo que Yuuri se refiere es a la típica vestimenta árabe con turbante y el cuerpo cubierto de túnicas.
  2. El río Tone es el más ancho de Japón (16.840 km²), y el segundo más largo de ese país con 322 km de longitud.
  3. Kin Narita y Gin Kanie, fueron las gemelas más longevas, las cuales vivieron 107 años. Sus nombres significa ‘Oro y Plata’ respectivamente.
  4. “Sexy Queen” es una expresión para denominar a mujeres despampanantes, que es bastante usada en Asia además de países de habla inglesa.
  5. Haiku es una clase de poema breve que consta de tres versos de cinco, siete y cinco sílabas respectivamente. Es una de las formas de poesía tradicional japonesa. Y lo he logrado señoras y señores, ¡logré adaptar el haiku en español!
  6. Boston está ubicada en la Costa Este de Estados Unidos, una de las ciudades más antiguas del país. En cuanto a Saitama es una prefectura de Japón ubicada al Norte de Tokyo, más o menos en el centro del país.
  7. Tottori es otra prefectura de Japón, es la menos poblada del país y se ubica hacia el sudoeste. El pequeño desierto que nombra Yuuri se trata de un sistema arenoso desértico de 2km de ancho por 16 de largo, que cuenta hasta con un pequeño oasis en el medio.