Maru-MA Volumen 13 Capítulo Especial

From Baka-Tsuki
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¡¿Quién es la futura esposa de Su Majestad el Maou?![edit]

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"Esto no es bueno", pensé en ese momento, pero era demasiado tarde. La expresión de Murata cambió cuando se le cruzó por delante el hombre de negocios. Los dos chocaron, Murata y yo perdimos el balance y los dos caímos veinticinco escalones hacia abajo.



Mi nombre es Shibuya Yuuri, que no se baja en Harajuku[1]. Hoy iba a encontrarme con un amigo en la puerta de la boletería de la estación del tren que hay en la prefectura. La hora son las cinco y diecisiete minutos, sábado 13 de Febrero.

Soy muy puntual, es raro que llegue dos minutos después de la hora. Pero esta vez estaba subiendo de a dos en dos los escalones resbalosos, luego de que se llenaran de nieve la noche pasada.

Mi compañero de tres materias de la secundaria media, Murata Ken, llevaba un abrigo muy lindo color camello de doble solapa y una bufanda negra. Como parecía que no iba a encontrarme en la puerta de la boletería comenzó a bajar las escaleras.

Recordé que acababa de terminar sus exámenes de simulacro. Llevaba el maletín de la escuela en el hombro izquierdo, manteniéndolo en su sitio con una mano.

—¡Detente, Murata! Es peligroso, ¡se te van a empañar los lentes!

—No Shibuya, es al revés. Al revés. Se hace niebla cuando pasas de un lugar frío a uno caliente, como cuando comes fideos.

Dijo esto al pie de las escaleras, justo llegando al descanso. Me agache agarrándome del pasamano, inhalando desesperadamente aire frío en mis pulmones.

—Hey... perdón por llegar tarde...

—No llegas tarde.

—¡Pero fui yo el que te pidió que me acompañaras a revisar las tiendas de libros! ¿Que no sabes que en situaciones como esta, yo debería estar quince minutos antes en el lugar acordado y esperarte?

—De qué estás hablando, ¿uh?

Los ojos de Murata se veían sorprendidos a través de los lentes, y luego me dio un par de palmadas en la espalda, que sonaron secamente sobre mi chaqueta.

—Espero que no me des esos discursos con tanta simpatía cuando me lleves a ver beisbol.

—¿Pero a ti te gusta el beisbol?

Sin embargo, aunque estaba yendo a ver una lista de libros de referencia elegidos adecuadamente para mí con un amigo, no iba a ser un buen rato. Decidimos que después de ir a alguna parte a calentarnos, iríamos a ver las tiendas de libros cerca de la estación... Todo se lo debía a los vergonzosos resultados en los exámenes mensuales.

Por supuesto era yo el que tenía resultados decepcionantes. Los peores desde que había empezado la preparatoria, y con los exámenes finales a la vuelta de esquina, dependiendo de los resultados podía ser que una vez mas experimentara lo que era vivir el primer año de preparatoria.

Las palabras que podían acabar con todo. Repetir, repetir, repetir. ¡Repetir el año!

Uhh, solo de decir la palabra se siente horrible.

Pero la historia se pone mejor. Este año no tuve un ambiente adecuado para concentrarme. Fui transportado a un mundo donde de la nada me convertí en el Maou. Dirigir y evitar disputas, grupos militantes esperando por mí. Y sin ninguna preparación mental, enfrentar a grandes mandatarios de otros países. Ya no era más un chico de secundaria aficionado al beisbol, de pronto era el centro de las relaciones diplomáticas exteriores. Además los problemas nacionales e internacionales estaban comenzando a acumularse unos sobre otros, la idea de la guerra había llegado a crecer y yo había tenido que forzar el descartarla. Así que el chico del beisbol, de solo dieciséis años de edad, había tenido un año duro. Nada de tiempo para estudiar.

—Bueno, conozco tu situación, y tal vez por eso tus resultados han sido tan bajos.

Fue lo que me dijo Murata cuando confesé por teléfono el problema de mi posibilidad de repetir el año. Él también era la segunda persona más importante allá, pero sus notas estaban estables—. ¿Todavía no se lo has dicho a tus padres?

—¿Qué? ¡¿Qué quieres que les diga!? ¿Gracias por su preocupación mamá y papá, pero me he convertido en un buen rey?

—No, no creo que eso genere simpatía.

—Claro que no. Pero aunque digas que el problema son mis padres, el problema es mi hermano mayor.

La política educativa paterna en el hogar Shibuya no era muy estricta. Pero mi hermano...

Desde que era muy pequeño hasta el día de hoy, es exactamente lo opuesto a los padres cuando se trata de ver las notas del hermano menor. El agarraba los exámenes o los ensayos incluso antes que mamá, y comenzaba el molesto discurso sin fin sobre que mis notas eran más bajas que la última vez, o que no llegaba a la nota académica promedio. Al final decía "eres mi clon imperfecto”, etcétera, etcétera, cuando la ética científica decía lo opuesto, que era contraproducente seguir riéndose de mis insuficiencias.

Si esto de repetir el año ocurría, no es algo que querría que ese sujeto supiera.

—...Definitivamente me mataría.

—Tonterías.

—Aunque no me matara, diría que estoy manchando el nombre de la familia Shibuya en la sociedad. Quizá hasta me exilie a una isla desierta por ser un obstáculo para su éxito.

—¿Exiliarte?

—¿No tendrían que componerme una oda Japonesa o una colección de poemas en caso de mi muerte?

—Ya, vamos

—¡Eso no es bueno! ¡Si me mantienen arrestado en una isla, ¿ya no podría ir al estadio a ver los partidos?! ¡No podría ver el futuro desarrollo de Ito, ni como lo ascienden a la cúpula más alta del mundo del beisbol! Por el contrario, podría acabar en las posiciones más bajas... Así que... ni soñar mencionar algo de lo de repetir... Además si mi hermano se entera, tampoco podría verte.

—Así que aparezco para lo último. Oh bueno, ¿que parte te gustaría que te ayudara a revisar? Sé que los temas más difíciles han estado a mitad de semestre.

—... Te agradecería que desde el comienzo de la primavera.

Después de unos segundos de silencio al otro lado del teléfono Murata dijo, “Nos vemos después". Así que hermano, he conseguido la simpatía de mis amigos. A la segunda mitad del juego, para revertir el orden de bateo, he tenido que pedir ayuda de otros.

No necesito lograr un home run[2], mientras que logre un hit[3] en la línea... Con un hit o incluso un touch[4], los otros errores no importan. Basta con que logre evitar la pesadilla de repetir el año. Así que le pedí a Murata que nos encontráramos el sábado de sus exámenes de simulación[5] a las cinco de la tarde. Como hay grandes tiendas de libros cerca de la estación, pensé que lo mejor era encontrarnos en la puerta de la boletería. Si, mejor en la boletería que en las escaleras.

—¿Comemos algo primero? Tu cerebro debe estar cansado después de trabajar todo el día.

—Muy bien. Esta tarde mi padre regresa de Hong Kong y lo veré por primera vez después de tres meses —dijo, y al momento siguiente, Murata y yo estábamos siendo empujados por un hombre que pasó corriendo. El hombre llevaba un traje fuera del común con hebillas con correas en lugar de botones, bajo el brazo tenía una bolsa de cuero sintético y se acomodaba los lentes con la mano libre. Parecía estar apurado.

Chequeó la hora en su reloj de pulsera mientras corría, así que no vio a los dos estudiantes de secundaria frente a él y los golpeó directamente. Para cuando pensé “Esto no es bueno”, ya era demasiado tarde.

Mis tobillos cruzaron la cornisa del escalón al mismo tiempo que el impacto del peso de Murata, mi mano se soltó del pasamano, pero traté rápidamente de agarrarme con tres dedos.

—...Nos...

Caemos, quise gritar, pero el no poder respirar taponaba mi voz.

Un severo dolor comenzó en mi espalda. El dolor continuó por mis brazos, alrededor de mi cintura y llegó a mis piernas. Murata y yo caímos por las escaleras, enredados, golpeándonos el cuerpo por todas partes.

Mi consciencia se nubló, mis pensamientos se hicieron vagos.

Esto es "Oye voltea", el juego favorito de mi madre.

—Oye, despierta.

“Oye, oye” te llaman, y cuando volteas pellizcan tu mejilla con los dedos. ¿Por qué a las madres les gusta jugar de esa manera? Estas cosas quedan como terribles recuerdos en el corazón de un niño.

Ahora creo que este es otro juego similar donde quieren engañarme.

—Oye, oye, muchacho, ¿estás bien?

Darse la vuelta solo hará feliz a la inmadura madre. Así que para que mi oponente se aburra, pretendo dormir profundamente. Quizás debería rendirme, la voz de la mujer suena preocupada.

—No, no despiertan. Habría que llamar a alguien de la estación para que ayude.

—Hay que llamar a una ambulancia.

¿Ambulancia?

No es necesario exagerar, además si llaman a una ambulancia, ¡me retendrán y repetiré el año! Traté de sentarme y no pude. Mi espalda me dolía, especialmente en la parte baja. —...ay... au, auch.

— Oh, es imposible que despierten tan de súbito. ¡Si se cayeron de las escaleras!

Finalmente recuperé la consciencia por completo. Había ocurrido que Murata y yo nos habíamos caído de las escaleras cuando un tipo descuidado chocó contra nosotros en la estación. —Si, Murata.

Algo nublaba mi visión y mis articulaciones se sentían duras. Logré levantarme con la ayuda de dos mujeres amables.

Yo había despertado primero.

—Tu amigo todavía está desmayado. Pero su corazón aún late y todavía respira, así que no hay de qué preocuparse.

—Oh, vaya, muchas gracias por su ayuda... ow…

—Lo siento, ¿te duele aquí?

El olor de un perfume del que desconocía el nombre vino a mí, aunque yo había sido más rápido esta vez. Espera, espera, primero tengo que ver si Murata está herido. No tenía una visión clara y me froté los ojos irritados. ¿Qué me había pasado? ¿Me había golpeado la cabeza? Apenas había abierto los ojos cuando vi una vaga silueta.

—¡Oh, los lentes! Aquí están. Quédate quieto, yo lo haré.

Una mujer me está ayudando a ponerme gafas, ¿desde cuándo las uso? No, espera, mi visión es 20/20. ¿Entonces esta debe ser la primera vez que me pasa?

—Lo siento. Muchas gracias por todo y... Wow, soy yo. ¿Estoy bien? —Una vez que se aclaran mis ojos nublados, veo que estoy echado de espaldas. Mi cabeza está apoyada en el regazo de otra jovencita que también usa falda, y de hecho siento algo de envidia.

Me acerco a un lado de mí, sacudiéndome con manos temblorosas.

—Espero que mi situación no sea seria. Oye, ¿estoy bien? ¿Me golpeé en algún lado? ¿Mi mano derecha dominante no tiene ninguna fractura? En el... eh, ¿dónde está Murata...?

—¿Huh?

Espera, cálmate Shibuya Yuuri.

Allí tirado en el suelo en frente mío estaba ciertamente yo. Dieciséis años de verme en el espejo son suficientes para reconocerme. Así que entonces, ¿quién es el que está sacudiendo a Shibuya Yuuri? Si estas manos se mueven, si mi cuerpo se mueve. —... ¿Qué?

¿¿Qué??

Gemí suavemente, y entonces mis ojos comenzaron a abrirse.

—...Pero.... ¿qué es lo que...?

Mientras me pregunto como debo llamarle en ésta situación, Shibuya Yuuri abre la boca.

—Por qué yo... yo... ¿por qué es que me encuentro tan cerca?

De mi boca ha salido la palabra 'yo'.

—Puede ser que... ¿Murata?



En efecto, era Murata.

—...Es increíble. ¿Cómo fue que pasó esto?

El local de McDonald's está lleno de corazones flotantes como decoración; yo ya he suspirado mas de cincuenta veces. En la mesa había dos cafés enfriándose rápidamente frente a Murata Ken. O debería decirse frente a Yuuri Shibuya en la forma de Murata Ken.

—Increíble, que bien puedo ver. No puedo creer que pueda ver claramente sin la necesidad de lentes de contacto o anteojos. Wow. Realmente genial.

—Ahora no es el momento para alegrarse por eso.

Es mi cuerpo, pero es Murata el que está mirando feliz alrededor. Bueno, creo que tengo esa expresión. —Oh, y me siento mucho más ligero.

—Yo tengo un terrible dolor en la espalda y en el trasero, como si me hubiera golpeado el mismo lugar varias veces.

—Es que tú tienes mejores reflejos, y seguramente hiciste algo para protegerte. En cambio yo inconscientemente tomé una actitud pasiva, así que mi cuerpo debe estar verde y azul. Después te daré el número de mi tarjeta de seguro para que vayas al hospital mañana...

—Al...

Yo soy la persona echada en la mesa de madera, con el cálido abrigo color camello pegado a la mejilla.

—¡No estés tan calmado! Tú, con mi cara y con mi voz, hablándome, ¡y yo que sueno lo suficientemente raro! ¡Y está este extraño aroma que me hace sentir afeminado! Se siente molesto, aunque sean mi cuerpo y mi voz, ¡en realidad no lo son!

—Cálmate Shibuya, ¡vas a hacer que las personas malinterprete lo que nos pasa!

Rápidamente alcé la vista para ver si había otras personas mirándonos, pero no podía ver nada porque las gafas se habían empañado.

—¡Maldita sea! estos lentes se empañan demasiado rápido.

—Pero no te exaltes tanto.

Mi mano de Murata, es decir mi mano, palmeó mi brazo que era de Murata. Confuso. Muy confuso.

—Mira, no me digas que no me exalté. ¿No te das cuenta de lo que nos ha pasado? ¡Hemos intercambiado cuerpos por completo! Mi cuerpo ahora es Murata Ken, y aunque es tu cuerpo y tu voz, ¡¿acaso no soy yo cuando hablo!?

—Bueno, bueno, entiendo perfectamente. Nos caímos de las escaleras y probablemente el impacto hizo que se llevara a cabo el intercambio. Cosas como esa son comunes[6].

—¿Que son comunes? ¡Ah! —Finalmente la niebla de las gafas se había aclarado y podía ver que la gente alrededor nos lanzaba miradas curiosas. Rápidamente bajé mi tono de voz.

Poniendo mi mano junto a mi boca dije:

—¿Cómo puedes estar tan tranquilo? Una cosa tan poco científica y antinatural como puede ser común.

—Esta bien, ya ha habido otras historias de intercambio. ¿Obayashi Nobuhiko[7] no hizo una? Una mandarina y un trozo de pescado intercambiaron lugares en un sueño. Aunque era diferente porque las personas eran de géneros diferentes, lo que lo hacía más serio, ¿no crees? Cítrico y pescado seco. —Murata comenzó a reírse sobre la pequeña broma de mandarinas y pescado. Pero su rostro era el mío y era un nuevo descubrimiento verme reír de esa forma.

—Que sea un sueño es posible, ¿pero crees que esto pueda ser explicado por la ciencia?

—Probablemente podría.

—Pero… que ocurra así nada más. ¿Sin ninguna advertencia previa? ¿Simplemente nos caímos de las escaleras e intercambiamos? Más importante, ¿qué hacemos ahora? Si decimos que aunque mi apariencia sea la de Murata Ken, en realidad mi identidad es de Shibuya Yuuri, ¿crees que alguien lo va a creer?

—Bueno, pues no. Ah, pero Shibuya, estos llamados intercambios de personalidad, en la mayoría de casos se dan solo a corto plazo. Si esperamos, como máximo unas cuantas semanas, volveremos a la normalidad...

—Y si no volvemos a la normalidad, ¿qué hacemos? —Pregunté agarrándome de los cabellos. La sensación en la yema de mis dedos me hizo saber que el cabello de Murata tiene volumen natural.

—Tendríamos que continuar.

—¡Ah, y yo tengo un examen pronto del que dependo para pasar! Y tú también tienes un examen... espera, si es Murata el que se rinde mi examen... la crisis de repetir el año se evitaría.... Pero no, eso sería caer muy bajo, y sigue siendo una substitución en un examen, algo igual de fraudulento que copiar. Ese no soy yo.

—No es parte de la personalidad de Shibuya. —Murata se bebió su café frío. El interior del vaso de papel estaba lleno de crema de leche, en lugar de decir que era café negro quizá era mejor decir que era marrón.

—Y si yo fuera a rendir un examen a tu escuela, el resultado sería terrible. Tú eres el mejor de tu escuela, cualquier test casual que hagas debe tener buenos resultados... es peligroso. Es peligroso, muy peligroso. Jamás podría pasar uno de tus exámenes con mis notas en rojo[8]... y si pasa eso podría arruinar tus posibilidades. Si Murata Ken falla y llega a repetir el año, ¡que van a decir tus padres!

—Oh, he estado bien con las notas de los primeros semestres y una mala no me hará fallar. Y puedes seguir repitiéndolo, ¡pero el desempeño escolar no tiene nada que ver con el resultado de un examen de ingreso a la universidad! Incluso si no paso, no tendría que repetir el año[9]. No deberíamos pensar demasiado en lo peligroso que es. Podré mantener las cosas hasta que volvamos a la normalidad. Incluso si me retiro de la escuela, es posible que pueda aún dar el examen de la universidad.

—Murata…

Diciendo esto agarré fuertemente la mano de Shibuya Yuuri. Y un nuevo descubrimiento, la sensación del agarre de los dedos del chico del beisbol.

—Eres una buena persona.

—Gracias por el cumplido.

—Hablando de eso, ¿utilizas más la mano derecha?

—No creo que mi cuerpo sea bueno para jugar beisbol.

Es inútil en otras palabras. Ahora metidos en el cuerpo del otro, no quedaba mas que esperar. Cuando, de pronto siento una súbita sensación de fatiga. Ahora que lo recuerdo, Murata ha estado todo el día en los tortuosos exámenes de simulación. En cambio Yuuri Shibuya ha pasado un día de ociosidad a causa del frío. Y la fatiga mental siempre es más intensa.

Sin estar seguro que debería estar usando ese abrigo, apoye la espalda en la silla.

—Estoy cansado... ¿por qué estoy tan cansado?

—Pues no es tan sorprendente, después de todo hoy ‘ha ocurrido algo lo suficientemente asombroso’.

—Ah... si. Pues después de relajarme, aparecen algunas necesidades físicas. Quiero ir al baño.

—Ah, yo también quiero ir.

Luego de tirar los vasos de papel, vamos con nuestras mochilas a la puerta del baño.

Para manejar esta situación por el momento, debíamos intercambiar información para lograr engañar a la gente. Por lo menos por esta noche, y también mañana. La situación podía empeorar si seguimos intercambiados por varias semanas.

Yo como Murata, Murata como yo... es inútil, sigue escuchándose irreal. Vaya, en algún lado he oído esa frase[10].

—A propósito Shibuya, ¿cómo era que se llamaba tu perro? ¿Patrasche[11]?

—No es el perro de Flanders. Y en este clima de invierno también es problemático estarle sacando...

Cuando estábamos parados uno al lado del otro frente a los redondos urinales amarillos, con las manos finalmente tibias por la calefacción, me bajo el cierre... entonces de pronto me doy cuenta de una cosa.

—¡Ah!

—¡¿Que sucede, Shibuya?! No grites de pronto de esa manera tan extraña. No voy a poder apuntar.

—Murata espera, no puedo orinar así como así, ¿se supone que tengo que agarrar con la mano los órganos excretores de Murata Ken? ¿Cómo voy a resolver esto?, tengo que sostener directamente la mercancía de otra persona... ¡Uwa! ¡¿Qué hago?! ¡No quiero agarrarlo, no quiero, no quiero!

Me lamenté y miré a mi vecino. Pero Murata ya había empezado. —¡Uwa...! Tú me... ¡Gya! ¡No mires! ¡No te vas a poner a comparar!

—Sabes, estás hablando como un niño. Todo el mundo tiene que ir al baño. Es malo para la salud aguantarse, y no podemos evitarlo, ¿no es así?

—¿Qué acaso tu no estas reticente? ¿Que ese es mi…? ¡Aah, no lo sacudas tanto!

—Pero, si así es bueno para la salud.

Comienzo a desesperarme más que mi amigo, que ha terminado rápidamente. Y el problema es que la confusión está haciendo que me den más ganas. —Ga, Murata me agarró el...

—Te preocupas demasiado por los detalles. Son tus dedos después de todo. ¡No pienses demasiado en de quién es qué! Por que no lo tomas como práctica de enfermería. Para ayudar a la gente mayor. No tienes que pensar para poder hacerlo calmadamente.

—...No quiero hacerlo calmadamente.

—Bueno entonces, ¿cómo quieres que te ayude? ¿O simplemente no quieres? —Murata se rascó la cabeza impaciente y luego señaló una de las puertas blancas.

—¡Entra a un cubículo privado!

—¡¿Eh!? ¿Hacerlo sentado?



Aunque no quisiera, esa noche había que volver a casa. En otras palabras, la persona que estaba dentro del cuerpo de Murata debía volver a casa, a la casa de Murata, y no a la mía.

Su padre vuelve hoy después de tres meses. Y además mañana vuelve a viajar a no sé dónde.

Su padre trabaja para algo relacionado a IT[12] en Hong Kong, y su madre es abogada y a veces se queda en Tokyo en un departamento alquilado a corto plazo. Pasa mucho tiempo antes de que ambos estén en casa. Según ésta información, sería terriblemente malo ausentarme esta noche. Si yo fuera un padre que regresa después de mucho tiempo, también me gustaría encontrar a mi amado hijo en casa.

Pero también eso significa pasar mucho tiempo viviendo solo. No me puedo imaginar como sería vivir sin la excesiva interferencia de mis padres y mi hermano. El ambiente familiar es diferente 180 grados.

Pálido como estaba, me detuve frente al alto edificio y respiré hondo. Podía recordar las cosas indispensables, pero me preocupaba que fuera a cometer algún error. Iba a tener que pretender que dos personas adultas extrañas eran mi familia.

Le hubiera dicho a Murata (que se veía como Yuuri Shibuya) que viniera conmigo, pero en una noche como esta, que un tercero fuera a interrumpir el precioso ambiente familiar se vería grosero. Y además si el padre al que ve por primera vez después de tres meses me tratara a mí como su hijo en frente suyo, también heriría a Murata. Detestable, porque físicamente estaría en lo correcto y no sería más que su acto natural como padre... Pero en cuestión de sentimientos, yo creo que me sentiría solo.

—Estoy en casa...

Había logrado pasar la entrada, y estaba frente al número de puerta que me habían indicado. Pero la puerta estaba cerrada con llave. No era tan raro, después de todo últimamente se había puesto

peligroso. Como veía luz a través de la ventana, pensé que sus padres estaban en casa y toqué el timbre. Pronto me puse bastante tenso.

—Tal vez decir 'Buenas noches' suene raro. Pero 'Hola' también sería gracioso o ambiguo... — El tiempo pasa y la puerta no se abría. Intenté una vez mas, pero sin recibir respuesta.

De la desesperación toqué diez veces seguidas. Cuando finalmente abrieron la puerta quise salir corriendo. Me sentí como uno de esos delincuentes toca-timbres.

—¿Qué estás haciendo? —me preguntó la mujer que había asomado la cabeza.

Mi coraje se marchitó, y se me atragantaron las frases para saludar.

—Ah, la puerta…

—Tienes llave.

Ciertamente tenía un llavero en un bolsillo del abrigo.

Mientras me quitaba los zapatos junto a la puerta, me preguntaba si así eran las casas de otros. Decir "Estoy en casa" ahora sería completamente inútil.

La madre de Murata entró rápidamente, como era de esperarse usaba lentes. Su cabello era corto y teñido de un castaño claro, muy bien arreglado incluso para estar en casa, igual que su maquillaje. Se veía como una Takashima Reiko[13] más actual. Siendo el completo opuesto de mi madre, que se quedaba en casa, ella era una mujer de carrera profesional. Pero aunque parecía una dura oponente en el trabajo, no se veía muy preocupada por su hijo. Si el engaño iba a pasar tan fácilmente, me sentí secretamente aliviado.

El abrigo fue dejado en la habitación del estudiante de secundaria, a la izquierda de la puerta, y el tiempo fue gastado en el cuarto de baño en la actividad de lavarse las manos. Cuando levanté la vista vi el rostro reflejado en el espejo. Era Murata Ken.

¡Bueno, ya resuélvelo Murata! Quiero decir, ¡Ya resuélvelo Yo! Después de esto, es el momento de tener una tierna reunión con el padre después de una ausencia de tres meses. Decidido eso, entré a la sala, en el sofá estaba la figura de un hombre algo mayor usando camisa blanca. Como estaba leyendo el periódico con mucho entusiasmo, solo se veía la parte con poco pelo de atrás de la cabeza. Quizás este, aunque 'este' no es como lo debería llamar, este oficinista es el padre de Murata.

—Ehm...

—¿Si?

La cara del padre se eleva tres centímetros, pero estoy seguro que puede ver al amado hijo tan solo una partícula de segundo, después su vista vuelve una vez más al periódico. Tal vez los empleados de las grandes corporaciones debían estar al día sobre las situaciones sociales. O tal vez estaba desesperado por enterarse de las noticias locales después de ausentarse por largo tiempo de Japón.

Si tuviera que describirlo de manera breve, sería como un Masashi Sada[14] con un treinta por ciento más de peso. Por supuesto usaba lentes, la familia entera usaba lentes. Si casabas a un Masashi Sada con una Takashima Reiko, el resultado era éste rostro y esta inteligencia... Murata Ken.

—Bueno...

Ahí venía el mayor problema.

No tenía la menor idea de como se le llamaba a un padre al que uno ve después de un largo tiempo. Dada la naturaleza de Murata no creo que sea Pa. Ma para su madre tampoco se ve posible. Podría ser padre, o padre-san, o padre-sama, o podría ser como dicen los estudiantes de secundaria, papito, o papi... No, papá sería mejor. Me acerqué a Masashi Sada con firme determinación[15].

—Ah... bueno... tiempo sin vernos.

Qué estoy diciendo.

—¿Eh? Si, bastante tiempo.

Su voz sonaba como una canción de folk con un poderoso bajo. Abrumado por esa dignidad de gerente general, palabras extrañas comienzan a escapárseme otra vez—. Así que, se aprecia muchísimo el esfuerzo de tan arduo trabajo en estos tres meses. —Oye, oye, oye, que no estamos en la película “La esposa del Yakuza[16]”.

El papá alza la vista del periódico y observa a su hijo atentamente. Los ojos detrás de las gafas retro se veían agradables. Así estaba bien, pero esta era una oportunidad de comunicación que no se debía desperdiciar. ¡Lo importante era tomar la ofensiva! Me senté en el sofá amarillo brillante, iba a continuar esta conversación aunque no tuviera conocimiento de nada.

—¿Cómo estuvo Hong Kong? ¿Probaste deliciosos Dim Sum[17]? ¿Qué tal Jackie Chan?

—Pues, igual que siempre.

—Ya, pero decir igual que siempre, cuando ha pasado tanto como tres meses, mientras que decir las historia de los viajes de uno...

—¡Oye, Ken!

El nombre fue llamado en tono irritado, pero no me di cuenta en el momento de quién se trataba. Luego recordando la posición en que estábamos, volteé hacia la voz principal. La mamá de Murata había esparcido papeles sobre la mesa, y golpeaba la superficie con la tapa de una lapicera.

—¿Pueden hablar en otro lado? No puedo concentrarme.

—Oh, sí, lo siento.

—Mamá se trajo el trabajo a casa —susurra el papá ante mi cara de no entender. Al parecer es de lo mas normal que las madres que trabajan se traigan el papeleo a casa.

—¿No vas a ir a tu cuarto a estudiar?

—Eh, pero la cena aún...

—¡¿No has comido?!

Pero era yo el que estaba sorprendido. De verdad que estaban rompiendo todos mis esquemas. Estaba convencido que después de no verse por tanto tiempo, se iban a sentar a la mesa juntos. Sin embargo no se sentía el aroma de que algo se hubiera cocinado, a menos que hubiera sido sushi.

—Pero si siempre comes algo antes de venir. Ve y compra algo que te guste. Si mencionas la cena tan súbitamente, ni siquiera hay arroz cocido hecho.

—¡Oh! ¡Bien, bien, voy de inmediato entonces a la tienda de comestibles! ¿Hay algo más que quieran comprar? —No era la comida hecha a mano de Takashima Reiko, pero el pensamiento era dulce.

Me puse el mismo abrigo color camello y salí corriendo al pasillo fuera del apartamento. Me apresuré a entrar en el elevador y finalmente suspiré largamente. Esta situación familiar era más difícil de lo que había esperado. Si esto continuaba por varias semanas iba a ser algo por lo cual preocuparse.

Luego de revisar que tenía las llaves y la billetera en el bolsillo, salí silenciosamente por la puerta. Como me había olvidado la chalina, el aire frío de Febrero me golpeaba las mejillas. A unos doscientos metros volteando la esquina debía haber una tienda de comestibles. Cuando, de pronto vi una figura que caminaba hacia mí con la cabeza ligeramente gacha.

Si se trataba de un residente del mismo edificio, debía saludar. Sería terrible que la reputación de Murata cayera mientras estaba usando su cuerpo. Llevaba abrigo y bufanda sobre el uniforme, pero al mirar hacia abajo, tenía los pies desnudos. Nada más de mirarla me daba frío, y cuando llegó a mi lado no pude evitar dar un respingo.

—Murata-kun.

¡¿Si?! Otra vez habían dicho mi nombre en voz alta y yo no había respondido al tono de voz. Solo para confinar me señalé el mentón con el índice. —¿Te refieres a mi?

—Sí. ¿A quién más sino?

Estaba parada frente a mí sosteniendo un bolso con ambas manos. Sus mejillas estaban rojas por el aire frío y su cabello hasta los hombros ondeaba gentilmente con el viento. Definitivamente se veía como la presidenta del la clase, o la hija de un político. Sus ojos eran los de una persona de determinación fuerte.

—Hoy, no es un buen día para estar compañia mía.

—¿Eh?

En este punto de la conversación, ya no era posible preguntarle quién era.

—¿No se suponía que habíamos quedado para hoy? Y a pesar de eso, ¿por qué razón has cancelado? Y encima un mensaje tan corto para rechazarme, ¿acaso mi presencia es tan insignificante para Murata?

—E-espera un minuto.

La Presidenta metió la mano en el bolso y sacó una caja de tamaño regular. El bonito envoltorio solo podía ser para una ocasión específica, obviamente era chocolate del catorce de Febrero.

—¡Como mañana no íbamos a vernos quería que nos veamos hoy al final del día, y tener esto preparado!

—¡Espera, espera un minuto! —¡Espera un minuto por favor!

La Presidenta no me estaba dando tiempo para pensar. ¿Como mañana es San Valentín y no iban a verse quería quedar para hoy? ¿Y como hoy se iban a ver al final del día, quería tener listo el chocolate? Se trataba de una confesión, pero ¿hacía quién? ¿Para quien era el chocolate?

—¡Argh, Murata-kun!

—¡¿A-a mi?!

—Ya lo he dicho, no te hagas el tonto.

¿Por qué estos accidentes inesperados seguían pasando uno detrás del otro? Ya había escapado por poco de la complicada relación con los padres, luego una confesión en la víspera de San Valentín. Aunque tengo que decir, Murata, para que una chica tan linda se te haya confesado, ¿cómo pudiste dejarla colgada?

Más importante, ahora, en éste momento, ¿qué actitud se supone que debo de tomar?

—Responde ya.

—Es que, responder ahora...—No puede ser “Oh, es que, a decir verdad no soy Murata Ken”. Creo que suena a una excusa súper falsa, y como estoy totalmente convertido en Murata no puedo responder así nada más. Los gustos de los hombres con el sexo opuesto varían en kilómetros. Aunque tuviera bastante como para una nota aprobatoria según mis estándares, podía no ser el tipo de Murata. Aunque fuera bonita, podía ser que su fuerte temperamento fuera absolutamente desesperanzador... Aunque siendo tan linda, si fuera yo, cerraría los ojos ante su carácter. En cuanto a la Presidenta, ella comenzaba a irritarse. Estaba frunciendo el ceño y apretaba la caja de chocolates.

—Murata-kun.

—Perdón, pero sería una irresponsabilidad, no podría decir si... ehm.

Ya hasta había dejado de entender el contenido de la pregunta cuando resonó en mi oreja La melodía de Thunderbird[18], al mismo tiempo que comencé a sentir una vibración sobre mi pecho.

—Permíteme contestar un momento.

Del teléfono tibio por el calor corporal, saltó la voz de mi amigo.

[Shibuya?]

—¡¿Murata!? Bueno no, yo soy Murata. Yo. Rápidamente moderé mi feliz e infantil forma de responder y bajé la voz. Después de todo, la chica que tenía al lado no sabía que habíamos cambiado cuerpos.

[Menos mal que contestaste pronto. Estoy en un teléfono público y hace frío. Me pareció muy importante, pero no se puede hablar desde el teléfono de tu casa, ¿no? La atmósfera de tu casa es muy, muy cálida, pero tu muy tomado hermano mayor está enrollado frente al teléfono y no se quiere mover. Ni siquiera me dejó usar la otra extensión.]

Es que de momento, el hermano mayor Shibuya está buscando novia, y está día y noche tratando de participar en más actividades sociales mixtas al mes.

—No le hagas caso.

[Y como siempre, está gruñendo para que le diga ‘hermanito mayor’[19]]

—Que lo llame así... De verdad que ese tipo... exagera con los juegos de computadora para adultos.

[Dice que si no lo hago, no me comprará los periódicos de deportes de la estación.]

—¡Entonces hazlo una vez! Pero no es el momento, de verdad que no es el momento, Mura... eh, amigo. Vamos, que se supone que estás enfrentando algo importante.

[Qué, amigo[20]]

Tenía que encontrar otra manera de llamarlo.

—¡Te vas a sorprender! O mejor no te sorprendas y trata de tomarlo con calma. ¡¡Uu-una chica te está haciendo una confesión!! —Bajé mi voz más de lo necesario. Pero sorprendido o confundido no es su reacción, mas bien comienza a reírse por el teléfono.

[Sí. Kamei, ¿verdad? Debe estar enojada.]

—¿Kamei?

[Si. ¿Cuál era el primer nombre de Kamei? Ah si, Shizuka-chan.]

—¿Qué no es ese un político?

[¿Ha llegado a bloquear la entrada de mi casa? Como siempre es muy insistente. Si le envié un mensaje electrónico.]

—Serás tonto.

Me agaché y cubrí mi boca con la mano derecha dándole la espalda a Kamei.

—....Aunque su carácter sea difícil, ¿no es muy bonita? Y no se rechaza a nadie con un mail, o algo parecido. ¿Con quién te has estado asociando estos tres meses? “Trata de abanicar el bat, trata de atrapar la pelota” dice el dicho.

[Y además no solo es bonita, también es inteligente. Normalmente tú no dices algo así. Hablando de eso, también fue nuestra compañera en dos clases, Shibuya. Aunque tu no recuerdas mas que al equipo de beisbol, ¿no?]

—¡¿La conozco?!

Miré a la chica que tenía los brazos cruzados sobre el pecho mostrando irritación. Es cierto que no la recordaba pero se veía muy inteligente.

—...De verdad no la recuerdo... Pero me pregunto porque instintivamente siento señales de peligro.

[Así parece. Sucede que estamos compitiendo en los exámenes de simulación.]

—¿Compitiendo en los exámenes de simulación? ¿Pero acaso la verdadera performance no es en el verdadero examen de admisión? ¿Qué cuenta un simulacro para una victoria o una derrota?

[Pues no sé. De todas formas, no es ninguna confesión sino que me están retando. Probablemente sea una trampa para compartir los horarios de los cursos. ¡Hoy en los exámenes de simulación del pre universitario, saqué una nota muy alta y solo me quedan tres materias para terminar!]

¡De verdad!

Como me dijo que le pasara el teléfono para explicar, se lo di a Kamei tímidamente.

—Pero, ¿con quién voy a hablar?

—Mura.... Shibuya

—¿Shibuya, el loco por el beisbol Shibuya Yuuri?

Hasta ahora la mirada en sus ojos me habían indicado qué clase de persona era, pero recién esta noche de invierno apenas había comprendido. El viento estaba frío. Shizuka Kamei recibió el celular azul metálico con una mirada dudosa. Al ver que sus cejas se arqueaban peligrosamente de disgusto, no pude evitar alejarme un poco por el miedo.

—¿...Qué tratas de decir?

¡¿Murata, que demonios le estás diciendo?!

La voz de Kamei se fue alzando gradualmente hasta que comenzó a lanzar palabras hostiles, al final me regresó el teléfono estampándomelo encima. De la fuerza casi va a dar al suelo, si es que no lo atrapo de inmediato.

—¡Es increíble! ¡¿Ustedes creen que pueden engañarme con eso?!

—Eh, ¿qué clase de eso?

Ciertamente no el cambio de cuerpos, eso sonaría de los más ridículo. Sentí la sensación de que era la despedida mientras Shizuka se marchaba caminando con molestia. De inmediato volví a interrogar a mi amigo.

—¿Qué fue lo que le dijiste?

[Nada en particular. Solo que yo Shibuya... en pocas palabras, que yo tenía una crisis con los exámenes finales y que le había rogado a mi amigo Murata que me ayudara. Que el que un amigo aprobara, sería más importante que Kamei, creo que así era inevitable rechazarla.]

—¿Eso es todo?

[Sip. También que aunque yo no tenia nada que ver con el puesto en el ranking en los exámenes de simulación de Kamei, Murata se iba a sentir muy responsable si repetía el año. Porque como mi mano derecha, estaba entre las obligaciones asignadas de Murata hacer de mí un buen rey.]

—...Tú… Hacer que cosas tan raras salgan de mi boca, de entre todas las cosas...

Dejé caer los hombros, a través de las ondas electromagnéticas llegaba la despreocupada voz de Murata.

[¿Pero no está bien? De otra forma tendrías que lidiar con ella en mi lugar, ¿no es así?]

—Ese no es el problema...

Era el malentendido. Definitivamente era el malentendido. Como se iba a explicar algo tan delicado como la palabra rey siendo mezclada en esta situación, era obvio que no iba a poder entender apropiadamente.

[Es que Shibuya, recordé algo sobre ti más importante de lo normal. Es sobre el futuro de tu vida, y tenemos que conversarlo inmediatamente, pero no puede ser por teléfono.]

—Entendido, estaré ahí en un momento. ¿Dónde estás?

[Levanta la cabeza.]

Al otro lado de la senda peatonal para cruzar la calle había un poste de luz. Saludando con la mano junto al teléfono público esta Murata Ken desocupado, en la apariencia de Shibuya Yuuri.

—La cena fue pot-au-feu[21].

Ver una cara tan tontamente optimista, hasta a mí me daba vergüenza.



Definitivamente, me gustaría que hubiera datos disponibles para posibles futuras referencias a partir de ahora. Como, cuánto tiempo era el espacio máximo que se pasaba en este 'intercambio de cuerpos'. Nosotros sólo habíamos cambiado unas cuantas horas, y ya habíamos llegado al límite de soportarlo.

—Pues yo pienso que estoy bastante irritable.

—Yo admito que estoy bastante cómodo aquí, el cuerpo de Shibuya es suave y ligero. Hasta subir las escaleras es muy fácil. Es la primera vez que hago una flexión y puedo tocar el suelo sin doblar las rodillas.

—Todo es fruto del entrenamiento diario... pero qué diablos es esa prueba que dices que quieres hacer.

—¡Pues varias! Creo que me gustaría tener un cuerpo tan atlético.

Un cuerpo atlético e inteligencia serían de envidiar. Pero de todos modos, no es natural estar así. Murata recordó una importante razón para considerar volver a la normalidad tan pronto como sea posible. Supongo que, aunque no lográramos volver, por el momento debíamos intentar. Parecía que a Murata le daba algo de pena. Creo que le gustaba mucho la comida de mi madre. A mi no me importaría que fuera a comer a casa todas las noches. Esa razón debía ser muy importante.

Metiendo los dedos congelados en los bolsillos de mi chaqueta safari dijo:

—Es que, hay que escoger una novia.

—Hay que escoger una… ¿qué...?

—Una novia, dije una novia. Está en mis cien millones de crónicas[22], si no me equivoco. Justo en este momento, en tu país se debe estar llevando a cabo la elección formal del rey, ¿no es así? Justo igual que durante esta estación, se llevan a cabo actividades a gran escala para escoger una novia.

Las tiendas comenzaban a cerrarse al mismo tiempo, por lo que por el momento el camino hacia la estación se veía desierto. Pasada las nueve, los de las tiendas locales emprenden el camino a casa, al igual que los trabajadores de oficina que van con aspecto cansado después de un Sábado de trabajo.

—Vaya... una novia. Entonces por allá también hay eventos parecidos al día de San Valentín.

—No.

Eso interrumpió mi imaginación de citas a ciegas colectivas.

—Si hay muchas mujeres, pero todas para una sola persona. Se trata de muchos candidatos con propuestas de matrimonio, para ser la futura esposa de Su Majestad el Maou. Maou... ¡¿solo yo!?

—Si. ¿Quien será la futura esposa de Maou Heika? Todo igual a como se hacía en los viejos tiempos, aunque si hasta ahora no se ha roto la línea es algo que no recuerdo bien...

—¡No bromees, soy yo quién tiene que escoger con quién se va a casar! Además solo tengo dieciséis, ¡¿un contrato matrimonial está avalado por la constitución?!

—Para eso está tu guardián. Ese sería tu regente, o el asistente del rey, o tu asistente de eventos especiales, o tu teniente coronel.

De inmediato se me apareció flotando en el cielo la imagen de Günter con los brazos abiertos y nieve resbaladiza bajo sus pies. Sin importar mi edad, el hará avanzar las cosas rápidamente. Pero un momento, tratándose de Lord von Christ, no sería sorprendente que se entremezclara con los candidatos usando un blanco vestido de novia.

—...Günter... vestido de novia...

—¿Shibuya, no es atemorizante imaginarse algo así?

Pues incluso se volvió más atemorizante de lo usual.

—Bueno, de todos modos, decidir salir con una chica de manera casual en este momento podría tener relación directa con la elección de la futura esposa. Y sucede que mañana es día de San Valentín. Puede que haya una fila de mujeres esperando para confesarse a ti.

—…Otra vez con sarcasmos irrealistas.

—Que, ¿acaso he dicho algo tan fuera de lo normal? Así que si me quedó en tu cuerpo, ¿como voy a contestarles a las que se confiesen? Si para mañana no hemos vuelto a la normalidad, no voy a poder soportar el ataque de llamadas telefónicas. En ese caso, rechazarlas sería más fácil, pero malo para Shibuya, por otro lado, si estando yo en la situación de Shibuya Yuri salgó con alguien de manera casual, creo que no estaría bien.

Creo que es demasiado espíritu, por decirlo de alguna manera, estarse preocupando por ser el blanco de un ataque.

Supongo que para mañana Murata estará bastante sorprendido. Después de todo, he pasado mis dieciséis años de vida sin que me den nada. Excepto el chocolate de mis padres.

—Y lo que es peor, como consecuencia de mi respuesta a la ligera, esta chica podría ser reconocida innegablemente como la futura esposa del Maou. Aunque estén en un lugar tan alejado de la Tierra, la respuesta no sería tomada de la misma manera, ¿pero estarías de acuerdo que si todos tus seguidores piensan que...? Shibuya, ¿me estás escuchando?

—...Es cierto, definitivamente será mejor que regresemos rápidamente a nuestro estado original. Además es un estrés significativo recibir chocolate de mi madre a esta edad. El grado de popularidad de Murata, es tal como para rechazar el reto escrito que le lanzó una compañera de clase, aunque para mí no ha sido una buena experiencia personal.

—Popularidad. ¡Aún yo recibiré una tarjeta de San Valentín desde Hawaii!

—Murata, tú, ¿en qué momento has estado en Hawaii?

Pues bien, con toda seguridad debe haber chicas muy bonitas en esa isla del verano eterno.

—Es que yo soy partidario de la amplia globalización. Vamos Shibuya, tenemos que caer al mismo tiempo de esta escalera.

—¡¿Qué!?

Las escaleras de la estación se veían Interminablemente lejanas (o así se sentían). Tragué en seco. Estábamos parados cerca de la boletería. En un cálculo visual, la distancia desde ahí hasta el suelo era similar a la del Monte Fuji. El punto exacto en el que estábamos temblaba, por lo que el cálculo podía fallar de varias maneras.

—Bueno Shibuya, lo recuerdas, ¿no? ¿Lo que dije? Mientras haya un impacto mayor al del momento de la sustitución, volveremos a la normalidad muy fácilmente.

—Espera, espérate, tú dijiste el mismo impacto. ¡¿Ahora dices que tiene que ser un impacto mayor?! Primero nos caímos del descanso, ¿no? Ahora es desde la parte más alta de la escalera. Caer rodando de un lugar así tan poco seguro es imperdonable. Seriamente, ¡podríamos morir!

—No moriremos, no moriremos. Incluso hay verdaderas pruebas de ejemplos anteriores. Además Shibuya, no es como si quisiera morir de manera tan descuidada.

—¡Pero quieres caer descuidadamente!

—Créeme que estará bien, ya lo hemos hecho una vez sin que pase nada. Cierra los ojos y todo habrá terminado, similar a como sucede en una montaña rusa.

—Ya deja de apresurarte Murata, que la Tierra no va a dejar de girar.

Pero de todos modos Murata quería intentar caer de la parte más alta, así que me agarró firmemente de la cintura y dio un paso hacia el vacío. Exactamente era el pico más bajo del horario, y adentro solo se veía pasar por aquí y allá algunos pasajeros que subían y bajaban del tren. Igual, cualquier persona razonable que posara los ojos sobre los estudiantes de secundaria que se abrazabas en las escaleras de la estación, gritaría. Se podría considerar que es el nuevo comportamiento de los jóvenes. Se podría volver el chismorreo de la cena. Esperen, que tal si un conocido pasaba por casualidad. Podía ser un vecino que regresaba a casa y mañana seríamos el tópico del día. En ese momento en mi cerebro hizo eco la voz de la señora Ohno, la vecina de al lado.

Oh cielos, señora Shibuya, era su hijo. Abrazándose en la escalera de la estación con otro compañero de la secundaria en un pacto de suicidio de amantes. Suicidio de amantes, suicidio de amantes, suicidio de amantes. El efecto de sonido envolvente Dolby[23] del testimonio de la testigo ocular.

—Oooye Murata, cálmate, si lo hacemos así vamos a dejar la mala impresión de ser una pareja que está intentando suicidarse.

—Ah. Ya veo.

Era evidente en su voz que Murata lo estaba considerando seriamente, su mano se dirigió directamente a la cabeza. Como el cabello de Yuri Shibuya no crece en el invierno, estaba desacostumbrado a esos gestos. Se siente extraño. Mis dedos tocan mi cabello con el hábito de movimiento de otra persona.

—Si es así, eso podría no ser muy bien visto. Y tu hermano mayor quiere convertirse en gobernador de distrito, ¿no es así?

—¿...De qué te enteraste en tan poco tiempo?

—Bueno, solo de un poco de sus planes de vida. Creo que quiere que entres a la Corporación Ichihara, si se da el caso.

Sería una victoria de la casa haber educado a un gobernador.

—Supongo que al final vamos a tener que pretender que somos empujados accidentalmente por alguien… Eh, disculpe, usted el hombre de allá.

Mi amigo miró afanosamente alrededor y escogió a las dos primeras personas que vio en la cercanía. Señalaba con el dedo índice en un movimiento exagerado. El hombre que estaría alrededor de los veinte años llevaba un sombrero que le cubría hasta las cejas, una chaqueta de aviador, y para mi disgusto, una descuidada barba incipiente. Más que nada colgada de su brazo, y más bien apoyándose en su pecho, estaba la que debía ser su novia. Ella llevaba una bonita chaqueta con mangas tejidas, y se reía extrañamente con la boca muy abierta. Sus uñas, pintadas de un rojo brillante doloroso para los ojos, se clavaban en el brazo de su acompañante. Se veía mareada, con las pupilas húmedas y su manera de caminar era irregular. Se seguía riendo de manera tonta cuando me señaló y grito.

—¡Mira, miiira, tango, tango!

¿Cuál tango? No estaba ahí para ponerme a bailar.

No estaban ligeramente tomados, sino completamente borrachos. Para estar en ese estado lamentable a las nueve de la noche, al día siguiente iban a estar más allá del límite posible.

—Por qué le estas preguntando a un borracho.

—¿Crees que esto lo haría alguien sobrio?

Cierto.

Todavía ignorando mis balbuceos, Murata se dirigió con completa autoridad al hombre del sombrero hasta las cejas—. Disculpe, pero ¿podría empujarme ahora? Un empujón ligero estará bien. Esto... y fingiendo que es accidental, para que no se vea sospechoso.

—¿Aaah? ¿Fingir un empujo accidentaaal? Pareeece algo así como un intento de asesinaaato. ¿Cómo se haaace?, es la primeeera vez que meee piden algo tan raaaro.

—¿Como se hace?, ¡pero si es tango!

Por que diablos seguía ella repitiendo esa palabra, tango, tango y riéndose tontamente.

—¿Háganlo siii? Háganlo. Quiero ver tango, quiero ver tango, quiero ver tango, ¡¿eeeh?!

En ese momento la mujer mareada cumplió nuestro fuerte deseo por una colisión, pero todavía bien agarrada de su novio.

—¡Espera un minuto! ¡Así no calcularás el golpe y será demasiado fuerte... Waaa!

Cuando me di cuenta que mi cuerpo se inclinaba, ya estaba flotando en el aire con Murata. Y además, antes de caer al suelo escuchamos algo terrible. No es broma, de verdad era algo terrible.

—¡Yo también tengo que saltar al tango!

Cuando pensé “¿qué dijiste?” ya era demasiado tarde.

Como era de esperarse el resultado no fue ningún tango, sino una bola de personas que caía por las escaleras. . . . Oye, oye…… despierta... despiértate...

Vagamente comencé a recuperar la conciencia.

Esto es del juego favorito de mi hermano. “Di oye”. En cuanto escuchas que alguien te grita ¡Oye! y volteas, la otra persona te clava el dedo índice en la mejilla. El cabello atado en dos colitas de la hermana menor se agitaban mientras decía molesta, “ese jueguito de 'di oye' es repugnante, porque engaña a las personas." Pero el hermano mayor siempre jugaba para fastidio de la pequeña niña. La hermanita también tenía demasiada imaginación[24].

—Oigan, ustedes dos, ¿no les importa?

Si simplemente volteo la cabeza, eso sólo hará feliz al infantil hermano mayor. Así que fingiré dormir, hasta que mi oponente se ponga impaciente.

Tal vez debería rendirme, la voz del joven suena preocupada.

—Esto no es bueno... no despiertan... qué hacemos...

Hombre joven... pero no, ésta no es la voz de alguien más, sino mi voz. Aunque el final de las palabras está muy alargado, realmente es mi voz.

—No hay nada que hacer, tampoco quiero relacionarme con la policía, simplemente deberíamos evitar todo y considerar el asunto como terminado.

¡¿Policía?!

—Nooooo, y yo que voy a hacer con ésta nueva apariencia...

—No tiene importancia, ¡probablemente estés siete años más joven!

—¿En serio? ¿Te gusta que sea más joven?

Aunque quiero levantarme inmediatamente, no puedo. Mi espalda no está muy bien con el dolor de cintura. Aunque lo quiera, no es posible inmediatamente, ya que después de todo fue una caída desde el punto más alto de las escaleras.

Es cierto, Murata le pidió a una pareja que pasaba que nos empujara para caer de las escaleras de la estación, pero más aún, fueron cuatro personas las que cayeron.

—Au, auch... cierto, ¿Mu-Murata…?

— ¡Ah, está despierto!

La persona frente a mi es Yuuri Shibuya.

—¡¿Qué?! —¡¿Por qué razón aparezco yo mismo frente a mis ojos?! En algún lado las cosas habían salido mal, desesperadamente me froté los ojos con los dedos. Para que las puntas de mis dedos se vieran tan encendidas, era porque estaban teñidas de rojo.

—¡¿Uwa, qué es esto?! ¡Todos mis dedos están sangrando! ¡Qué debo hacer, es peligroso ya que tiro y bateo con la mano derecha, aunque... no siento dolor en lo absoluto.... ¡ah!

Eso debe ser, estaban rojos por la manicura de mujer. ¿Por qué mis dedos estaban tan bonitos?

—Un minuto, ¿dices que parece sangre? Pero si con cada uña me pasé una hora de súper creación artística.

El que me hablaba era Shibuya Yuuri, incluso con el tonito afeminado de indignación.

—¿Quién eres? Quiero decir, ¿entonces yo quién soy?

También de mi propio cuerpo se sentía un extraño perfume, en ese momento comencé a sentir rápidas palpitaciones de mi corazón. Solo algo se veía claramente. Es decir que había pasado algo similar a lo de la última vez, y parecía improbable que hubiera cambiado con Murata.

—¿Y... y Murata? Ah, menos mal, ahí está.

Al lado de Shibuya Yuuri, en cuclillas y mirándome, estaba Murata Ken con el armazón de los lentes algo doblado.

—Nosotros dos.

Presionados uno contra el otro la parte de arriba de sus cuerpos, y con los brazos firmemente entrelazados. ¿Eh? Espera un poco y cálmate Shibuya Yuuri.

El que estaba frente a mis ojos cómodamente pegado a mi amigo ciertamente era yo. Dieciséis años de espejo me habían acostumbrado a ver a Shibuya Yuuri. A veces solo en práctica de bateo, para ver la forma del uniforme.

Entonces esa persona que estaba frente a mis ojos, ¿quien era? A quien diablos le pertenecía esa mirada.

—No puede ser.

No puede ser.

Entonces, el hombre del sombrero hasta las orejas y la cara sin afeitar que estaba mas allá, gruñó bajamente y luego de que sus párpados temblaran varias veces abrió los ojos lentamente. Mientras yo me preguntaba como llamarlo, la boca del hombre se abre y se escapa una pregunta.

—Aaaauch... ¿Vaya que duele Shibuya, cambiamos bien?

No puede ser, ¡¿Murata?!

Pero entonces, yo soy ahora... ¿quién?




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Referencias[edit]

  1. Por la parada del tren Harajuku (la estación siguiente a Shibuya), un chiste acerca de su apodo que tanto le molesta, Harajuku Fuuri.
  2. Home run: golpear la pelota y lanzarla fuera del campo, cosa que hace que todos los jugadores corran libremente y anoten una carrera, el mejor bateo en el beisbol.
  3. Hit: golpear la pelota y lanzarla dentro de la cancha de beisbol, el bateo estándar.
  4. Touch: significa ‘toque’. Apenas golpear la pelota, dándole un toque y solo rebotándola muy cerca, pero sigue siendo un bateo exitoso. Estos tres tipos de bateo mencionados siguen siendo mejor que un Miss, es decir, errarle a la bola.
  5. Exámenes de simulación, son un tipo de exámenes que se toman en Japón durante la preparatoria para emular a los que los alumnos se someterán al intentar conseguir ingresar en alguna Universidad. Todas las Universidades toman exámenes de ingreso, los cuales tienen un nivel de dificultad diferente dependiendo de la institución.
  6. Una de las supersticiones de los japoneses es pensar que si dos personas caen por las escaleras juntas el golpe puede hacer que intercambien cuerpos. En algunos animes se toca el tema en capítulos cómicos especiales, donde hombres cambian con mujeres, o personas cambian con animales, generando situaciones graciosas.
  7. Es un director de cine y guionista japonés (también trabaja haciendo comerciales de tv), conocido por su estilo visual surrealista. Así que lo que dice Murata tal vez es una broma referente a alguna cosa bizarra que ha hecho este director en alguno de sus comerciales o películas.
  8. Las notas en los boletines de Japón puestas en rojo son las de “insuficiente”, las peores de todas.
  9. Murata se refiere a que los exámenes de él son los de simulación, no los de preparatoria normales, por eso no tiene peligro de recursar. Son dos tipos de exámenes totalmente diferentes.
  10. Debe ser una cita en japonés referente a algo, pero como Yuuri no aclara no hemos podido descubrir de donde proviene.
  11. Patrasche es un perro muy famoso de un Anime clásico bastante dramático y triste. Como dice Yuuri luego, el anime es conocido en español como “El perro de Flanders”.
  12. IT es el acrónimo de Tecnología de la Información. En las empresas esa área engloba todo lo referente a software y comunicaciones vía computadora, pero también es demasiado amplia y flexible mas allá de eso como para describir todo lo demás.
  13. Takashima Reiko, es una actriz de doramas, películas y comerciales japoneses. Es bastante conocida siendo que su carrera consta de una larga lista de películas y series donde participo como actriz, y en algunas de ellas ha sido protagonista.
  14. Masashi Sada es un cantante, escritor de canciones, compositor, novelista y actor japonés. Con todo lo que hace, esta de más decir que es famoso.
  15. Yuuri usa muchas palabras del japonés para decir “padre/madre” con distintas jerarquías, siendo unas más formales o informales que otras. Usemos padre/madre respectivamente y veamos: Oyaji/Ofukuro = muy informal; tosan, otousan, otousama = diferentes jerarquías de la palabra normal usada para decir padre; papa = infantil/femenino informal que varía según como se use. Al final Yuuri se decide por Oyaji/Ofukuro, la manera más informal de todas, que depende la situación hasta podría ser visto como viejo/vieja, también como pa/ma o papá/mamá.
  16. Gokudo no tsuna tachi (o Gokudo no onna-tachi), que es traducible como “la esposa del yakuza/mafioso”.
  17. Dim sum es una comida que se toma entre la mañana y las primeras horas de la tarde, y que se suelen servir acompañada del té. Consta de combinaciones de carnes, vegetales, mariscos y fruta. Dim sum es un término cantonés que puede traducirse como "ordenar hasta satisfacer al corazón" o "tocar el corazón" o "corazón a lunares" o "bocado" (Wiki).
  18. Los Thunderbirds fue una serie de televisión de Ciencia ficción y aventuras para niños, actuada por marionetas. Se transformó en una serie de culto del público infantil del período 1965-1970. En España se emitió con el nombre de Guardianes del espacio. Para la transmisión japonesa de la serie, la Marcha Thunderbirds se reemplazó por una versión de la "Marcha Siglo 21" de Gray con letras en Japonés (Wiki).
  19. Onii-chan. Onii es hermano mayor, respetuosamente hablando. Es el sufijo chan que lo torna diminutivo, así que sería ‘hermanito mayor’ literalmente. Yuuri antes para referirse a él dice “ani”, que bien podría venir de “aniki”, la forma más informal para llamar a un hermano, a diferencia de “aniue” que es la más formal de todas y con un tiente antiguo. Es complicado traducir este tipo de palabras y sus sufijos, ya que también contienen una gran carga cultural de por medio, pero ya que se han adaptado todos los demás, este también.
  20. Yuuri dice “amigo” en español en el original. Murata contesta de igual manera en español también.
  21. Plato típico francés, que consta de carne de buey cocida con verduras en caldo. Hay que decir que comer carne en Japón no es cosa de todos los días. La carne es cara, el pescado o hasta el cerdo les resulta más barato, y si se consigue carne de oferta tal vez sea de buey y no de vaca. La verdadera carne de vaca de buena calidad suele resultar un lujo.
  22. Así le llama Murata a sus recuerdos de vidas pasadas. Se refiere a que sabe de algo gracias a la memoria de alguna de sus vidas anteriores.
  23. Dolby es la compañía que desarrollo el sistema de sonido Dolby Surround, usado en cines y ahora también posible en las casas gracias a los home teatres.
  24. Yuuri esta parodiando los eroges (ero games, juegos eróticos) de ‘hermanitas’ (onee-chan). Son juegos lolicon donde el protagonista/jugador tiene varias ‘hermanitas’ para elegir conquistar. Hay muchos tipos de eroges, pero el de hermanitas es todo un género, y parece que Shouri es un adepto.