Daybreak:Volumen 1 Capítulo 7

From Baka-Tsuki
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Capítulo 7 – El contraste perfecto[edit]

Después de apenas una semana, la vida en el nuevo mundo empezaba a encajar en un horario. El sábado, como de costumbre, Kaede subió al tejado para meditar y fortalecer sus brazos mediante el tiro con arco; y al igual que cualquier otro fin de semana, Ariadne estaba disfrutando de un paseo en su pegaso.

Al divisarla, Kaede dudó por un instante, pero finalmente decidió saludar con la mano a la angelical jinete.

Sus razones estaban divididas entre no quiero convertirme en una marginada y es más sincera que la mayoría de la nobleza. Aunque si tuviera que enumerar todos sus motivos, es absolutamente preciosa estaba en el top cinco del ranking.

Era difícil no sentir atracción hacia una mujer tan amable y hermosa.

Tras intercambiar las cortesías habituales, Ariadne soltó casualmente lo que Kaede consideró un bombazo:

“Hoy iré al pueblo a hacer unos recados. Te interesaría venir conmigo? De paso podríamos ir a comprarte algo de ropa.”

Cálmate, cálmate! –gritaron los pensamientos revueltos de Kaede. Sus mejillas se encendieron.- Ahora eres una chica. No hay nada raro en esto! Deja de sacar conclusiones descabelladas, obviamente NO está cuestionando tus intereses ni nada parecido! La sonrisa de Ariadne se ensanchó mientras Kaede trataba de calmarse.

“Claro que estoy interesada! Aunque...lo mejor sería que le preguntara primero a Pascal.” –Kaede se calló el o me lo hará pagar con creces.

“Por supuesto, pero recuérdale a ese niñato egocéntrico que nos vamos de compras para poner guapa a su preciosa familiar. AH, y dile que mi querido Parzifal también viene con nosotras--“

Kaede prácticamente pudía ver corazoncitos burbujeando desde Ariadne cuando pronunció la palabra 'querido' con tono coqueto.

“--ya que vamos a reunirnos con un amigo que está de paso. Saldremos en una hora, así que por favor, para entonces reúnete con nosotros en la puerta del muro interior.

Esa actuación también iba dirigida a Pascal?

Tal vez él hubiera dejado de usar a Kaede como un órgano sensorial extra, pero para el resto del mundo, ella seguía siendo su familiar, sus 'ojos y oídos'.

Kaede no podía estar segura, pero después de oírlo no pudo evitar sentirse algo desanimada.

Supongo que al contrario que mi género, mis intereses no han cambiado mucho.


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Pascal tenía una expresión indecisa que no le pegaba en absoluto.

“Por favor? Por favor, por favor? Porfaaa?” suplicó Kaede, apreciando por primera vez la conveniente expresividad universal de poner las manos en oración.

“Vale,” concedió finalmente Pascal, antes de ponerse a rebuscar en un armario. “Por lo menos con ese aburrido de Parzifal presente, Ariadne no hará nada inesperado. Ten esto,” le lanzó una pequeña bolsa. “Y asegúrate de pagar adecuadamente lo que compras. El Abismo se congelará antes de que permita deberle algo más a Ariadne.”

A veces resulta muy útil ser una chica, Kaede le sonrió. Casi se sentía tentada de darle un abrazo.

“Pero te quiero de vuelta antes de las dos. Tenemos un montón de trabajo acumulado para este fin de semana. Ayer recibí otro proyecto --y leer sobre la investigación de conjuros es una buena oportunidad para familiarizarte con nuestra magia,” añadió, sus ojos reflejando la expresión ansiosa de ella.

...O quizás no. La idea del abrazo murió instantáneamente, y respondió con un inexpresivo “Sí, señor.”


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Dada la arrebatadora presencia de Ariadne, Parzifal resultó ser mucho menos impresionante de lo que Kaede había pensado. Aun así tenía una apariencia sobresaliente, con el pelo castaño corto, hermosos ojos aguamarina, nariz ancha y mandíbula firme. Con aproximadamente un metro ochenta y dos (6'0") de altura, tenía una musculatura atlética que enfatizaba especialmente unas piernas poderosas. A pesar de ello, sus pasos eran suaves y prácticamente silenciosos.

Vestía el mismo uniforme negro que Pascal y el resto de cadetes, pero adornado con líneas blancas en vez de parches carmesí. En contraste con el traje rojo-fuego de Ariadne -que muy pocos estudiantes llevaban – sólo conseguía hacerla destacar más entre la multitud.

Tal vez su cualidad más inusual fuera su personalidad tranquila, fría y modesta.

“Hola, Miss Suvorsky” saludó brevemente, no demasiado contento de verla. “Soy Parzifal Sigismund von Seydlitz der Chevallierie”

Ahora en serio, si estos dos se casan los nombres de sus hijos batirán un récord mundial, pensó Kaede mientras hacía una torpe reverencia con su vestido blanco-azulado, algo rígida pues Pascal le había enseñado a hacerla apenas tres días atrás.

Seguía pareciéndole sospechoso que Pascal pudiera hacerlo perfectamente.

“Un placer conocerlo, milord. Me honra la invitación de Ariadne para acompañarlos.”

Parfinal disimuló una expresión de desagrado, pero su opinión era obvia. Sin embargo se apresuró a mostrar una sonrisa en cuanto Ariadne se volvió hacia él.

En realidad no puedo culparlo; estoy arruinando su cita.

“Llámale simplemente Parzifal; tanta formalidad arruina el ambiente,” dijo Ariadne mientras le cogía la mano, entrelazaba sus dedos con los de él y dedicaba unos segundos a acurrucarse en su pecho.

Kaede se limitó a sonreír mientras esperaba a que terminara el momento íntimo. Todavía apoyada en él, Ariadne les condujo a través de la puerta interior. Si en esta sociedad las muestras públicas de afecto estaban mal consideradas, a Ariadne no parecía importarle en lo más mínimo.

“Buenos días, Ariadne! Buenos días, Parzifal!”

“Vais otra vez de paseo?”

“...De camino al pueblo? Saludad a Lucas de mi parte.”

Casi todas las personas con quienes se cruzó la pareja saludaron amistosamente; noble o plebeyo, maestro o sirviente, no parecía importar. Su red de amistades y conocidos parecía abarcar la totalidad de la academia.

Era totalmente diferente al trato que recibía Pascal. Él también era el centro de atención, sin duda; pero muy pocos se molestaban en hablarle y se limitaban a murmurar desde lejos, ya fuera para admirarlo o para burlarse de él.

“Buenos días, Gerd. Has hecho planes para el fin de semana?”

Quizás la mayor sorpresa para Kaede fue descubrir lo genial que era Parzifal. Sus saludos no tenían la energía de Ariadne, pero su sonrisa era amable y encantadora. En ningún momento miró a nadie con el desprecio que había mostrado a Kaede.

Empiezo a estar realmente harta de caerle mal a la gente por culpa de ese niñato, concluyó.

Kaede no habló hasta que dejaron atrás el muro exterior.

“Ummm disculpadme, pero como llegaremos allí?”

“Cuando atravesemos la guarda de Cierre, nos teleportaremos.” –respondió Ariadne.

“Como no me especializo en ese tipo de magia, incluso con ayuda de Parzifal mi límite son saltos de diez kilómetros, pero será suficiente.”

La perspectiva de ser descompuesta en piezas diminutas y ser montada de nuevo en el lugar designado --por lo menos, esa era la explicación científica-- no la emocionaba demasiado.

“Uh, qué ocurre si al teleportarnos acabamos superponiéndonos a un transeúnte o algo así?”

“Existen precauciones inscritas en el hechizo Teletransporte Astral para evitar eso; simplemente rebotas y eres desplazado a un lado. Además los pueblos tienen balizas para guiar la teleportación hacia un área delimitada. De otra forma podrías acabar rebotando en una casa protegida y aterrizando en algún callejón extraño, o aterrizar en la tienda de algún plebeyo que no pueda pagar la protección. Normalmente, las ciudades fortificadas e instalaciones militares suelen estar totalmente protegidas.”

Por supuesto. Las comodidades también son un riesgo contra el cual protegerse. Resulta tranquilizador ver que la humanidad nunca cambia, sin importar donde vayas.

La pareja dio media vuelta mientras Ariadne extendía sus delicados dedos:

“Bien, nos vamos. Coge mi mano y no te sueltes.”

Kaede aceptó el ofrecimiento, y a pesar de su ansiedad, trató de mantener los ojos abiertos. La realidad estaba a punto de ser doblegada y no pensaba perdérselo.

En cambio, los dos aristócratas sí cerraron los ojos mientras entonaban al unísono unas palabras en el Antiguo Dracónido:

“Uniendo Focalización...Fijando Baliza...Entorno Ajustado. Encadenar, Teletransporte Astral!

Kaede se preparó, pero era imposible prepararse para lo que ocurrió a continuación. Pudo sentir como si su cuerpo fuera envuelto repentinamente por hielo y se sublimara en gas para después ser esparcido por el aire. Su conciencia fue arrastrada a través de un minúsculo agujero en el tejido del espacio que se materializó ante sus ojos mientras todo a su alrededor se disolvía como cayendo por un desagüe. Y de pronto, tan rápido como había empezado, todo volvió a la normalidad, excepto por una sensación de hormigueo, como si su cuerpo se estuviera reconectando tras el cambio de visión -- ahora estaban en una plaza de piedra adoquinada, justo a las afueras de un pueblo.

Si esto eran sólo diez kilómetros, Kaede agradecía estar inconsciente cuando Pascal la invocó a través de los puentes entre mundos.

“Deberíamos llevar a la señorita al 'Creciente Medianoche' y dejar que se ocupen de ella? No estaría bien arrastrarla con nosotros a ver a Eckhart.” dijo Parzifal. A pesar de formularlo como una pregunta, su tono dejaba poco margen a la negociación.

“De acuerdo,” respondió Ariadne sin un segundo de duda.

Un intercambio de apenas dos frases fue suficiente para reescribir el equilibrio de su relación a ojos de Kaede.

No es que Parzifal no tenga carisma; sencillamente está satisfecho dejando las decisiones en manos de Ariadne mientras ella sea feliz, excepto cuando realmente quiere algo.


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Kluis resultó ser un híbrido entre pueblo rural y para comercial que abastecía a la Academia Königsfeld. Aparte de la iglesia y la taberna, el único edificio de tamaño considerable era un depósito de suministros bajo jurisdicción del oficial de intendencia de la academia. Justo al lado estaba la plaza del mercado, conectada a la única carretera pavimentada atravesando el pueblo --el mismo camino que pasaba por las puertas de la academia, apenas lo bastante ancho como para permitir el paso de dos coches.

Lo que Kaede encontró más sorprendente fue lo notablemente limpio que estaba Kluis en comparación con los pueblos medievales en la Tierra. No había aguas residuales a la vista, caminos embarrados ni siquiera basura tirada en el suelo. Era como si la existencia magia en esta cultura fomentara más la sanidad que en su equivalente europeo.

Al final Kaede se quedó atrás, en la sastrería recomendada por Ariadne, el 'Creciente Medianoche' mientras la pareja seguía para reunirse con su invitado y disfrutar del día. Tampoco podía quejarse por ello. Después de todo, era su día.

Además, la propietaria, Krista, una mujer mayor de unos cincuenta años, resultó ser muy entusiasta. Con una vista aguda y un sentido creativo de la moda, rápidamente esbozó varios diseños basándose en los gustos de Kaede. Entre ellos se encontraban algunos vestidos similares al uniforme escolar y trajes combinados con medias bajo una falda corta –aunque Krista admitió con preocupación que eran muy poco ortodoxos y a duras penas cumplían las leyes del decoro. Los diseños eran blancos, negros o en algún punto intermedio, según las preferencias de Kaede, con algunos bordados y encajes en rosa-clavel para resaltar el color de sus ojos.

Desgraciadamente, pese a todos sus talentos, Krista no era maga, así que sus diseños debían mandarse a otro lugar para recibir manufactura y encantamientos de alta calidad que los nobles esperaban. Sin embargo, Ariadne había comentado que la tienda era muy popular entre los estudiantes de la academia y ganaba mucho dinero con sus ideas.

A la una de la tarde, Ariadne regresó para recoger a Kaede y llevarla de vuelta. Aparentemente su reunión se estaba alargando más de lo esperado.

“Siento mucho todo esto,” se disculpó. “Parzifal suele ser agradable con todo el mundo, pero odia a tu amo, el niñato egocéntrico. Esperaba que a ti te tratase mejor, pero supongo que era mucho pedir.”

Kaede ni siquiera dudó:

“Qué hizo Pascal esta vez?”

Ariadne cambió su eterna sonrisa por una expresión frustrada antes de continuar:

“Parzifal está estudiando la carrera administrativa y además está en el programa de sanadores, ya que su sueño es convertirse el Cirujano-General de Weichsel. Pero en una academia militar, siempre ha sido un segundón a la sombra de los oficiales cadete. Cuando tuve la pelea con ese niñato egocéntrico hace dos años, Parzifal trató de entrometerse poniéndose de mi parte, solo para ser menospreciado y llamado 'Aburri-zifal'. En realidad es algo muy infantil, pero ha acabado convirtiéndose en un complejo personal muy doloroso para él.

Aburri-zifal? En serio, Pascal? Acaso eres un crío?

“Maldito idiota,” expresó Kaede. Probablemente eso explica porque ella alardea tanto de su relación. Acaso es la novia perfecta? Menuda pifia por parte de Pascal.

Ya fuera desde una perspectiva masculina o femenina, Kaede no podía evitar sentir envidia por Ariadne y Parzifal.


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“Llegas tarde!” gruñó Pascal.

“Lo siento! Es difícil correr con estos tacones, y el camino era largo.” Kaede miró el reloj. “Apenas llego dos minutos tarde!”

“El enemigo no va a esperarte ni un segundo. Tarde es tarde! Venga, vamos a la biblioteca. Este va a ser tu único descanso en todo el fin de semana” decretó Pascal mientras agarraba su muñeca y la arrastraba hacia afuera. Su agarre era doloroso y su paso rápido casi la hace tropezar varias veces.

Eh eh eh, no soy una pelota anti-estrés. No pagues tu irritación conmigo!


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La metrópolis costera de Arcadia fue durante un tiempo el corazón económico en la región del Mar Interior, pero recientemente había caído en la decadencia y el declive. Como capital del Sacro Imperio, la ciudad seguía protegida por altos muros y castas de guardia, pero el fluido e implacable crecimiento de los puertos y mercados había dado paso a una serie de oligopolios territoriales entre gremios y corporaciones. El control mercantil desincentivó la competitividad y provocó un estancamiento económico, incrementando las diferencias entre clases debido a la reducción de las oportunidades de negocio. El resultado fue la estratificación social, incremento del crimen y la recesión económica cuando los trabajadores jóvenes, motivados y emprendedores se marcharon en busca de nuevas fronteras.

Ahora era una ciudad de sirvientes y cortesanos, plebeyos esclavizados día y noche por los Senadores y los patricios adinerados. Aquí latía el corazón del imperio, enfermo durante siglos de decadente colesterol. Hace tiempo que la legislatura dejó de ser una representación del pueblo, los subcomités estaban plagados de corrupción e intereses personales.

El trono ejecutivo no era mejor.

Generaciones de hijos adoptivos tomando la corona -- muchos de ellos sabios y justos – había dispuesto un precedente desastroso en la línea de sucesión imperial. Teodosius III, el anterior emperador del Sacro Imperio, murió hace dieciséis años de una repentina hemorragia cerebral, dejando atrás un hijo biológico y otro adoptivo. La consiguiente guerra civil hizo arder el Sacro Imperio durante seis años. El conflicto, conocido como 'la Guerra de Sucesión Imperial', rápidamente se extendió al resto del continente, mientras los vecinos y enemigos del imperio aprovechaban el caos para anexionar territorios fronterizos.

Con la ayuda de los inagotables fondos de los patricios y las Legiones leales al fallecido regente, Gaudentius Aurellius, su hijo adoptivo, puso fin al baño de sangre apoderándose de los laureles. Sin embargo, incluso en su momento de triunfo, Gaudentius miró hacia el horizonte con ojos ensangrentados, sin olvidar en ningún momento la traición de las naciones que supuestamente debieron ser sus aliadas contra los infieles del sur.

Tardó diez años en consolidar su poder, diez años para reponer la fuerza de las Legiones, diez años de sobornos y negociaciones para poner a punto los preparativos.

Y ahora...

“Stilius, cuál es nuestro estado?” preguntó el Sacro Emperador mientras caminaba a través del sombrío pasillo, seguido de cerca por su sirviente de confianza -- un extranjero que había salvado su vida tres veces contra todo pronóstico, pasando de ser simple mercenario a convertirse en Magister Militum de todo el Sacro Imperio.

El Mar Interior y sus dos continentes: Hyperion (Norte) y Eurypha (Sur)

“Nuestros espías en Cataliya confirman que el Califato se está movilizando. Miles de tropas atraviesan cada día el Puente Trait, marchando hacia las fronteras de Rhin-Lotharingie. Independientemente de si creyeron las promesas de nuestros emisarios, ahora el Califato se encuentra comprometido. Es cuestión de tiempo que declaren la Guerra Santa contra el imperio de Rhin-Lotharingie.

“Bien. Y el Papa?”

“Su Santidad, el Papa Vigilius no alberga más que odio contra el emperador Geoffroi de Rhin-Lotharingie por revocar la Investidura Papal en el imperio. La Santa Sede tampoco ha olvidado el afán de Geoffroi por apropiarse de nuestros territorios en el oeste aprovechándose de la guerra civil en vez de intervenir contra la invasión del Califato. Los Legados Papales aseguran que si Geoffroi cede ante la invasión infiel y retira sus ejércitos fronterizos, su Santidad tendrá una lista de transgresiones lo bastante larga como para excomulgarlo.”

En el juego de tronos, las maquinaciones implicando la iglesia nunca trataban sobre la piedad. El emperador Gaudentius acababa de demostrarlo una vez más mientras discutía su plan para lanzar una horda de infieles contra otros gobernantes de su misma fe.

“Excelente.” –su voz profunda resonó satisfecha en los oscuros pasillos. “Incluso sin ayuda de esos mezquinos nobles lotharinos, debería ser suficiente como para fragmentar el imperio durante su hora más crítica. Además privará a Geoffroi de cualquier tipo de ayuda por parte de los cruzados. Qué sabemos de su aliado, el Reino de Weichsel?”

“Emperador, durante la Guerra de Sucesión Imperial, Weichsel no sólo duplicó su tamaño apoderándose de nuestros territorios en el norte, sino que también infundió el miedo en los corazones de Rhin-Lotharingie antes de que ambos países pudieran forjar un tratado de defensa contra posibles represalias imperiales. No sería prudente...”

Viejos amigos o no, el Sacro Emperador interrumpió a su general sin dudarlo:

“Cuando necesite tus sermones, Stilius, te los pediré. Ahora prosigue, o acaso debo repetirme?”

“Como ordene, Emperador.” –el general agachó la cabeza de forma servil. “Como ya sabrá, los Jarls de Västergötland, desesperados tras la epidemia que diezmó sus rebaños y cegados por sus ansias de oro, lanzaron su invasión antes de que el Califato estuviera preparado. El Mariscal von Moltewitz de Weichsel les infligió varias derrotas desastrosas antes de que el invierno llegara al Mar del Norte. En este momento, podemos asumir que nuestros esfuerzos en Västergötland se han desperdiciado, y el Gran Jarldom de Skagen se niega a comprometerse sin sus aliados paganos.”

Al Emperador, los bárbaros norteños y adoradores de dioses paganos no le importaban en absoluto. Aunque toda su civilización muriera de hambre, ni se inmutaría. Sin embargo, su presencia era necesaria para mantener ocupados a los enemigos al norte del Imperio -- una vez más, de su misma fe.

“Una verdadera lástima. Solo podemos rezar para que al menos las tensiones en su frontera nórdica atraigan a los ejércitos de Weichsel. Qué hay de nuestras fuerzas?”

“Las Legiones del norte están preparadas bajo las órdenes de Gaius Aetius. Se encuentran estacionadas cerca de la frontera weichsel-lotharina, preparadas para ejercer presión contra sus ejércitos. Las Legiones del oeste recibieron un descanso oficial de Marcus Belisarius, pero sus fuerzas simplemente se han dividido en fuerzas de trabajo organizadas y pueden reagruparse rápidamente en cualquier momento. Las Legiones del sur han sido convocadas a la capital bajo mis órdenes para eliminar su presencia de la frontera, de esa forma el Califato podrá concentrarse en librar su guerra.

El emperador asintió pensativamente. Siendo la geopolítica siempre un juego de equilibrio, las grandes potencias con gobernantes competentes nunca librarían una guerra a menos hasta estar seguros de que sus vecinos no intervendrían. No obstante, los gobernantes más prudentes nunca mostrarían sus colmillos hasta tener la presa acorralada y derrotada.

“Has hecho un buen trabajo, Stilius.” –el emperador elogió fríamente a su general. “Cuando el Califato y Rhin-Lotharingie se hayan magullado mutuamente hasta el agotamiento, tendremos la oportunidad perfecta para convocar otra Cruzada. Entonces, me convertiré en el primer emperador en cinco siglos que reclame las tierras perdidas del Sacro Imperio, y tal vez incluso en reconquistar Lotharingie. Los patricios estarán encantados con la riqueza generada por las nuevas conquistas, y tu nombre se alzará por encima del mismísimo Marius, inmortalizado como el general más condecorado de la historia del imperio.

“Es muy generoso por su parte, emperador.” –Stilius hizo una reverencia mientras trataba de resistir la tentación de advertir a su señor sobre los peligros de vender la piel del oso antes de cazarlo.

“La Gran República mantendrá su política de no intervenir a menos que se sientan amenazados, y el Shahdom de Chorasmia se encuentra en estos momentos repeliendo una invasión del lejano oriente. Actualmente, sólo el Reino de Weichsel puede suponer una amenaza para nosotros.” –el emperador se volvió hacia su general con los dedos extendidos: “Quiero ver esa alianza destruida, Stilius; sé discreto, pero haz cuanto sea necesario para que suceda.”

“Como ordene, emperador. Ya he enviado al norte tres de mis equipos Cuchilla Mantis. No tendremos que esperar mucho para ver los resultados de mis planes.”

El Sacro Emperador Gaudentius asintió. Stilius era un general de primera categoría y nunca le había fallado antes. Pero al mismo tiempo, ese historial impecable dotaba cada vez de mayor importancia a los protocolos de autoridad – si el señor no daba órdenes al sirviente, en algún momento el sirviente se alzaría como señor.

“Eso espero, Magister Militum,” ordenó con tono profundo y severo, con un peso adecuado al título de emperador.

No le importaba sonar malvado o siniestro usando ese tono en el sombrío corredor. Después de todo, la historia la escribían los vencedores. La villanía no era marca de maldad, sino de incompetencia y estupidez.

...Y él no era ningún estúpido.


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