Daybreak:Volumen 1 Capítulo 8

From Baka-Tsuki
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Capítulo 8 – Esperanza inquisitiva[edit]

El lunes por la tarde, Kaede comenzó a sentirse agotada. No siendo una rata de biblioteca, había un límite en la cantidad de lectura que podía soportar. Una vez superado, la tarea empezó a consumir su salud. Tras una semana sin hacer otra cosa que investigar, incluso su concentración empezaba a mermarse.

El humor agrio de Pascal durante todo el fin de semana no ayudaba en absoluto, pero Marina hizo cuanto pudo para aligerar el ambiente.

“Si alguna vez quieres venir a visitarnos a las dependencias del servicio, serás bienvenida,” ofreció con una sonrisa lo bastante brillante como para iluminar la habitación. “Está junto a las cocinas, al final del comedor.”

“Me encantaría,” respondió Kaede. “Probablemente me pase en algún momento esta semana. Sueles estar por aquí los fines de semana?”

“Si. La mayoría del servicio vive en el pueblo más cercano, Kluis, y vuelve a casa los fines de semana,” explicó Marina mientras sus manos limpiaban y ordenaban las mesas. “Pero algunos nos quedamos para mantener funcionando la cocina y el comedor. No soy de esta zona -- vine hace dos años buscando trabajo --- así que suelo trabajar también durante los fines de semana y las vacaciones.

“Vaya, eso debe resultar duro. Dos años sin un solo descanso.”

Kaede no era capaz de imaginárselo. Con sus estándares modernos, acabaría perdiendo el control de puro estrés.

“Dónde vivias antes?”

“Soy huérfana, criada en la frontera oeste de Rhin-Lotharingie,” comentó Marina de pasada. En su voz no había ni asomo de la melancolía esperada por tales palabras. “Mis padres murieron durante el caos de la última guerra hace diez años.”

“Lo siento,” murmuró Kaede bajando la mirada, incómoda por haber sacado el tema. Pero Marina se limitó a sacudir la cabeza y sonreír angelicalmente antes de volver al trabajo.


----- * * * -----


En inusual giro de acontecimientos, Kaede se despertó durante la noche. Últimamente se sentía muy débil --más de lo habitual -- y con dolores por todo el cuerpo, como si tuviera fiebre. También notaba un zumbido constante en su cabeza.

“Por fin despiertas,” comentó Pascal a su lado, junto a la cama.

Apoyando la espalda en la silla y con un libro en el regazo, su mirada cargada de preocupación se nubló en un gesto de fatiga poco habitual en él.

“Recuerdas qué ha ocurrido? Cuando volví de clase te encontré en el suelo, inconsciente”

Kaede miró el reloj de pared. Eran las cuatro de la mañana. Habían pasado once horas desde la última vez que miró.

Ha estado cuidando de mí todo este tiempo?

Concentrándose, Kaede trató de hacer memoria:

“Estaba buscando mi taza...pero no la encontraba y tenía sed, así que acabé usando la tuya...”

Su mirada se clavó en el cáliz plateado sobre la mesilla de noche, que podía imbuirse con éter para conjurar agua limpia y fresca de la nada, invocándola desde acuíferos subterráneos.

Pascal siguió su mirada y asintió:

“También estaba en el suelo, justo a tu lado. Pensé que podría estar envenenado, pero he escaneado tanto la copa como tu organismo con Detección, sin encontrar nada sospechoso. El hechizo Neutralizar no te hacía efecto y Rejuvenecer no lograba despertarte. Tampoco tenías heridas ni contusiones que indicaran haber sido atacada por un intruso. Recuerdas ver algo o a alguien sospechoso en la habitación, o notas algún dolor persistente?”

Kaede dedicó unos instantes tratando de recordar. Había pasado toda la tarde leyendo, y hablando con Marina mientras limpiaba. Como cualquier otro día desde que llegó a este mundo.

“...No. No ocurrió nada raro. Y me siento...dolorida, pero no en un sitio específico, sino en general.

Pascal frunció el ceño al quedarse sin ideas.

“La única sugerencia de los sanadores era que padecieras anémia; ninguno de ellos sabía demasiado sobre fisiología Samarana.”

“Bueno...es cierto que últimamente no duermo demasiado bien, y alguien se empeña en despertarme temprano cada mañana; por no mencionar que cambiar de cuerpo puede estar pasándome factura.” Kaede miró acusadoramente a Pascal. “Pero no he tenido mareos ni nada aparte de la somnolencia habitual. Ha sido muy repentino...tal vez los Samaranos tienen poca tolerancia a la privación del sueño o algo, francamente, no tengo ni idea. Pascal suspiró, en parte como respuesta, pero mayormente de alivio.

“Mientras estabas inconsciente he hecho unos análisis de sangre básicos, y cuanto puedo decir es que no sufres de ninguna enfermedad grave conocida.” –entonces se levantó y comenzó a desabrocharse la camisa: “Tómate el día libre mañana y descansa. En el futuro, avísame si te encuentras mal. Ahora tienes que cuidar del cuerpo de una chica.”

Kaede se limitó a asentir mientras volvía a hundirse bajo las sábanas haciéndose a la idea de tener que visitar la biblioteca mañana.

Ya ni siquiera puedo cuidar de mi propia salud! En serio, esto apesta...


----- * * * -----


El reloj biológico de Kaede debía estar ajustado a su rutina de la mañana. Tras despertarse a la hora habitual, pasó la madrugada tratando de volver a dormirse --por lo menos hasta la hora de desayunar, cuando los cadetes empezaban sus cursos.

Pascal hizo una visita sorpresa después de comer. Sin ganas de escuchar órdenes malhumoradas para descansar, Kaede fingió estar dormida. Para su sorpresa, Pascal se limitó a dejar una bandeja con pan, queso y sabrosas salchichas de ternera antes de marcharse.

Gracias por la comida.” –dijo ella a través del vínculo telepático cuando hubo terminado.

Su respuesta fue un simple: “Mejórate.

Sus viajes a la biblioteca por la mañana y por la tarde resultaron mucho menos placenteros. En ambas ocasiones, varios nobles dejaron clara su opinión sobre ver a Kaede rondando su santuario. Peor aún, tras buscar en varias docenas de libros sobre Samaranos en la sección cultural de la biblioteca, a duras penas encontró algunos detalles generales:

Aparte de las diferencias en apariencia, la fisiología Samarana era prácticamente equivalente a la de los humanos Hyperianos. Tenían los mismos órganos vitales, ciclos biológicos e incluso sufrían los mismos síntomas ante un desequilibrio nutricional.

La única diferencia notable estaba en su sangre, ya que el 'fluido vital' cristalino de los Samaranos era conocido por sus propiedades curativas. Podía cerrar heridas en menos de un minuto y erradicar casi cualquier enfermedad en un día. Además su sangre potenciaba la magia curativa, podía transfundirse a cualquier humanoide sin riesgo de rechazo y detener las hemorragias.

Los eruditos teorizaban que la sangre era el origen de su longevidad. Pocos Samaranos tenían afinidad innata para la magia, pero todos ellos compartían la misma esperanza de vida que el más sano de los hechiceros humanos. Una vez alcanzados los primeros años de adultez, tardaban el doble en envejecer, llegando a vivir hasta dos siglos.

Teniendo en cuenta que una sola transfusión curaba cualquier enfermedad y mejoraba la salud en genral, la sangre Samarana era una comodidad altamente demandada desde los albores de la historia. Tras combatir decenas de guerras y financiar cientos de operaciones encubiertas contra los 'traficantes de sangre', la Gran Republica finalmente cedió y convirtió su fluido vital en exportación nacional fundando oficialmente el Banco de Sangre de Samara para el comercio diplomático. Como resultado, los ciudadanos adultos de la Gran Republica pagaban un 'impuesto de sangre', literalmente. A cambio de mantener el mercado abastecido de existencias con un margen de beneficio bajo, se mantenía bajo control el tráfico ilegal y contrabando de sangre Samarana. Las amenazas de embargo, guerra y operaciones especiales activas también ayudaban a desincentivar tanto a naciones como a individuos.

No obstante, las fronteras de la Gran República estaban protegidas por tres capas de seguridad y puestos de control, y el comercio era minuciosamente examinado para prevenir el contrabando. Los Samaranos viviendo fuera de la Gran República tenían mucho cuidado, ya que los esclavistas pagarían sumas exorbitadas por un Samarano vivo y con la voluntad quebrada.

Por segunda vez, Kaede agradeció tener el set de runas defensivas de Pascal. La posibilidad de acabar como esclava explotada en una granja de sangre humana era demasiado horrible como para imaginarla.


Desgraciadamente no encontró información sobre ninguna tendencia samarana a sufrir desmayos repentinos. En realidad, las propiedades curativas de la sangre samarana debería reducir las posibilidades de tales ocurrencias.

Tras guardar varios libros de cultura y un tomo sobre historia en el bolsillo extra-dimensional que le dio Pascal, Kaede salió de la biblioteca en dirección al dormitorio. Pero al girar en el pasillo central de la fortaleza se quedó congelada en el sitio al ver algo realmente extraño:

Sobre el césped en uno de los patios interiores de la fortaleza yacía una gigantesca cosa amorfa que solo podía describirse como un inmenso y blando montón de tofu del tamaño de un coche. Justo a su lado estaba Parzifal, asintiendo de vez en cuando y acariciando al tofu gigante como si se comunicara con él.

Kaede necesitó tomarse un minuto para recobrar la compostura.

“Hola de nuevo, Parzifal” llamó ella mientras se acercaba al novio de Ariadne.

“Oh, eres tú.” -respondió él secamente. Su mirada volvió al tofu gigante con desinterés.

“Discúlpame pero… que es eso?”

“Mi familiar es un pudin blanco de las montañas al norte de Lotharingie”

La tranquila explicación de Parzifal casi logra dejar a Kaede inconsciete de nuevo. Por suerte, sus medidas se seguridad internas se activaron y los daños se limitaron a un breve momento de parálisis mental.

“Eso...eso...es una criatura...!?

“Si. Los pudin blancos pertenecen al grupo de criaturas de cieno,” continuó Parzifal con apenas un atisbo de cortesía en su voz. “Son descomponedores mágicos que pueden tragarse y convertir prácticamente cualquier materia en trozos de sí mismos, aunque suelen preferir los cuerpos de insectos muertos.”

El tofu gigante tembló como la gelatina bajo sus caricias. A Kaede casi se le salen los ojos de las órbitas al verlo rebotar como un niño saltando de alegría.

Estaba tan lejos de cualquier cosa considerada en la Tierra que Kaede ni siquiera sabía cómo reaccionar. No lograba imaginar a un enorme trozo de masa gelatinosa funcionando como ser vivo, mucho menos encajando en algún rincón del ecosistema.

Tampoco podía creer como el resto de personas ignoraban el tofu gigante al pasar como si fuera algo completamente normal, pero en cambio a ella la miraban con curiosidad.

“Hace...algo?”

“Son una fuente de alimentos...”

Todavía acariciando al tofu gigante con una mano, Parzifal se inclinó hacia los lados, examinando a su familiar como si tuviera algún rasgo anatómico propiamente dicho.

“--Tienen un sabor muy soso, pero es nutritivo y fácil de consumir y digerir...”

Realmente es tofu viviente!!! –gritó la maltratada lógica de Kaede. Imágenes de hombres de las cavernas dando caza a mandas de tofu salvaje con lanzas y piedras cruzaban a toda velocidad por su mente.

“--En las montañas, los animales los tratan como fuentes de alimento ambulantes, igual que la gente, y....ahh, por fin...”

“Ehhh! Perdón, llego tarde!” llamó un chico bajito y pelirrojo.

“Ya me he acostumbrado,” suspiró Parzifal. “En serio, Reyald, no deberías hacer esperar a tus amigos solo porque no vayamos a imponerte un castigo militar. Qué te ha hecho tardar más de media hora?

Bajo y delgado, Reynald apenas medía un metro sesenta y tres (5'4") y prácticamente volaba mientras acortaba la distancia a toda velocidad. Bajo su cabello rojo resaltaban un par de ojos verdes, una nariz estrecha, casi femenina, y unas mejillas pecosas estiradas formando una sonrisa alegre. Sus facciones parecían más las de un joven de instituto que los de un estudiante de academia. No obstante, su uniforme era del mismo tono encendido que el de Ariadne, el cual pertenecía a los cadetes aspirantes a las filas de los Caballeros Fantasma --una orden de élite en el ejército de Weichsel, según le había explicado ayer Pascal.

“Perdona, perdona,” se disculpó Reynard antes de acercarse sosteniendo un gran cubo metálico.

“Gerd no aceptaba la derrota de nuestro anterior combate y me ha desafiado a un duelo en cuanto ha acabado la clase.”

Ah cierto, es ese tío del que Pascal se quejaba por ser exageradamente bueno en los duelos, recordó Kaede.

“Vaya vaya, pero si es el familiar del Runelord -- la plebeya que golpeó al principito.” -Reynald dio una vuelta alrededor de Kaede, examinándola al pasar. "No eres demasiado adorable como para andar golpeando a la gente?"

"Tiene gracia que lo digas tú, enano."

De hecho, gracias a los tacones Kaede era algo más alta que Reynald. Pero a medida que se acercaba a ella, empezó a sentirse inquieta y con los nervios a flor de piel.

"Señorita, eres demasiado preciosa como para ser la decoración de ese noble idiota." -hizo una leve reverencia antes de extender una mano. “Por favor, permíteme llevarte a casa conmigo, te trataré como el bollito caliente y sabroso que eres.”

Tienes que estar de p*ta broma...

Las cejas de Kaede se fruncieron con irritación. Entonces deslizó una mano sigilosamente hacia atrás y presionó la falda para cubrir su trasero mientras sentía su cara enrojecer. Después movió el brazo hacia atrás...y le lanzó un puñetazo directo a la cara.

Su mano era pequeña y débil, pero fue suficiente para dejarle un ojo hinchado.

“Bueno...eso aclara algunas dudas!”

Incluso mientras se frotaba el ojo morado con una mano, la sonrisa alegre de Reynald parecía ensancharse con deleite. Enseguida su tono cambió a uno que a Kaede le parecía británico:

“Un poco débil pero con la cantidad justa de picante. Por favor señorita, puedo probar un poco más?”

Oh por dios, un maldito pervertido...

Kaede se puso rígida y retrocedió dos vacilantes pasos, sus dedos preparados para apuñalar las runas en su antebrazo por si acaso. Pero Partifal intervino y se plantó ante el pelirrojo:

“Contrólate, Reynald. Que no sea una noble no significa que puedas insultarla de esa forma tan descarada”

Reynald puso mala cara. No, sería más preciso decir que hizo pucheros.


“Ohhh, no eres nada divertido, Parfizal. Vale, está bien,” Reynald caminó hacia el pudin blanco y de una cucharada llenó el cubo con un trozo de tofu gigante.

“Tan agradecido como siempre hermano!” –el pelirrojo comenzó a alejarse, andando de espaldas. “Encantado de verte a ti también, Bollito! La próxima vez que vayas a darle una paliza a ese idiota, invítanos al resto para poder animarte!

Menuda nobleza hipócrita, pensó Kaede. Incluso 'el idiota' de Pascal sabe comportarse mejor que él.

“Lo siento mucho,” Parzifal se disculpó con voz profunda y sincera. “Reynald no tiene malas intenciones; simplemente no sabe dónde están los límites o cuando dejar de hacer el tonto.”

“No pasa nada,” respondió Kaede, sorprendida por el cambio de actitud de Parzifal.

“Como sea, me necesitabas para algo?”

Kaede rápidamente recordó que el hombre ante ella era además un sanador.

“Pues de hecho sí. Me gustaría preguntarte si sabes de algo que pueda hacer que alguien caiga inconsciente sin previo aviso, especialmente a una Samarana.”

“...A ti?”

“Si. A mí,” confirmó Kaede.

“No sé mucho más sobre Samaranos que el resto de sanadores...”

Parzifal se rascó la cabeza. Pero sus ojos se centraron en un instante, revelando la concentración de un aprendiz de médico que se tomaba su trabajo con la mayor seriedad.

“Pero si no te importa realizar algunos análisis de sangre, ven conmigo a la capilla de los sanadores y tal vez descubramos algo. Por el camino puedes contarme lo ocurrido.”

“Por supuesto. Muchas gracias,” Kaede estuvo de acuerdo y comenzó a seguirle.

Incapaz de apartar los ojos del tofu gigante que botaba tras ellos, preguntó:

“Por curiosidad, para qué quiere Reynald un trozo de...eh, pudin blanco?”

“Su familiar es un bebé de ballena voladora y a duras penas tiene edad para tolerar la leche. La facilidad del pudin para comer y digerirse la convierte en un alimento infantil decente”

Kaede simplemente asintió. Comparadas con un tofu consciente, las ballenas que volaban parecían un animal perfectamente lógico en el mundo.


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La capilla de los sanadores era sala blanca estéril llena de camas, que Kaede encontró extraña por ser la única habitación pintada de blanco en todo el castillo. En el muro más alejado se alineaban varios mostradores repletos de viales, frascos y botellas, así como una docena de cristales de cuarzo transparente del tamaño de un ordenador portátil.

Parzifal tenía uno de ellos en las manos, con el cual llevaba media hora examinando a Kaede. Ella se sentía extrañamente desnuda bajo su atenta mirada, pero no estaba incómoda gracias a su actitud profesional.

“Hasta donde sé, no te pasa nada malo, aparte de una ligera deficiencia de vitamina D,” comentó Parzifal mientras bajaba el cubo de cuarzo a su regazo. “Deberías salir más a menudo.”

“Bueno...la gente no ha sido precisamente amable conmigo”

Parzifal se crispó notablemente antes de cerrar los ojos y suspirar.

“Cierto, y yo tampoco he ayudado. Lo siento mucho. Sé que no es culpa tuya, pero...tengo una historia con tu amo.”

“Ariadne me lo ha contado. No te preocupes,” Kaede le restó importancia rápidamente antes de cambiar el tema: “Sabes de alguna otra razón por la que la gente aquí se desmaye de repente?”

“Nuestras capacidades médicas no son perfectas, y existen muchos motivos para perder la conciencia por alguna condición que hayamos pasado por algo o no podamos detectar pero...” su mirada cambió de pensativa a una de advertencia “No durante más de diez horas; es algo demasiado serio como para no dejar signos evidentes. Además, los hechizos Rejuvenecer pueden despertar incluso a alguien al borde de la muerte. Para parar algo como eso...no se me ocurre otra cosa que un efecto mágico, pero tampoco tienes ningún aura sospechosa.”

“Todos los efectos mágicos dejan un aura?”

“No, pero un aura mágica oculta no es algo que ocurra de forma natural. Eso significaría que no estás contrayendo ninguna enfermedad mágica ni teniendo una reacción alérgica contra las protecciones, sino siendo afectada por juego sucio deliberado. Aunque teniendo en cuenta quien es tu amo, no me sorprendería demasiado.”

Kaede no sabría decir si Parzifal estaba sonriendo o haciendo una mueca; probablemente un poco de cada.

“Estás segura de que sólo bebiste agua? No había nada más en ese cáliz que mencionas?” preguntó Parzifal.

“Pascal dijo que no encontró nada con los hechizos de Detección. Cómo de fiable es eso?”

“Lo suficientemente fiable para cualquier cosa convencional,” Parzifal se encogió de hombros. “Pero los sanadores no estamos en el negocio del subterfugio o el veneno, y ese hechizo es viejo, antiguo. Una de las primeras cosas que nos enseñan en esta escuela es que para cada hechizo, habrá otro para contrarrestarlo. Desgraciadamente...es todo cuanto puedo contarte.”

Kaede asintió mientras se guardaba ese pensamiento para después:

“Muchas gracias por todo. Realmente aprecio todo cuanto has hecho por mi”

Por primera vez, Kaede vio a Parzifal dirigirle su sonrisa amable y pacíficia.

“No lo digo con mala intención, pero lo hubiera hecho aunque fueras la hija del demonio -- eso es lo que significa seguir el juramento médico. No obstante, prometo que intentaré ser más amable en el futuro...Apuesto a que mis acciones hasta ahora han sido indignas en comparación a como mi querida Aria me describe.”

Kaede le devolvió la sonrisa:

“Para nada. Tal y como dijo Ariadne, eres un tío muy generoso.”

La sombra de culpa que entró en su expresión tímida era exactamente lo que Kaede esperaba, y al mismo tiempo lo que la hacía creer sinceramente en sus palabras.

Las buenas personas no siempre son agradables, pero siempre puedes contar con ellas para esforzarse ante las buenas exptectativas, pensó mientras se despedía de Parzifal antes de abandonar la capilla de los sanadores.


...


Durante el camino de vuelta al dormitorio, Kaede repasó toda la tarde del día anterior en su memoria. Aparte de la visita de limpieza diaria de Marina, no recordaba ningún indicio de que un desconocido hubiera entrado en la habitación. Además, según recordaba, Marina no se limitó a la limpieza habitual, sino que le dio una sanitaria y concienzuda limpieza a todos los muebles de la habitación. Como mínimo habría levantado el cáliz cuando limpiaba la mesita de noche.

Pero para qué querría Marina herir a Pascal? Y si realmente se trata de veneno, era exageradamente leve...casi parece una broma pesada.

Kaede sabía que en la historia abundaban los casos de agentes de nobles sobornando o chantajeando sirvientes para llevar a cabo sus sucios planes. Pascal era el hijo del Mariscal de Weichsel; sin duda su padre tendría muchos enemigos. Además el propio carácter de Pascal no era uno que evitara quemar puentes.

Pero...

No puedo dejar que sospechen de Marina sin motivo alguno. Quien sabe lo que esos nobles le harían a una simple sirvienta?

El sol se estaba poniendo. Pronto, Pascal regresaría de sus clases. Por lo tanto, la única opción de Kaede era confirmarlo ella misma al día siguiente.


----- * * * -----

Pascal llevaba varios días irritable y malhumorado.

Todo comenzó el pasado viernes cuando trató de contactar con Sylviane de nuevo, sólo para ser rechazado de plano.

El hechizo Llamada Lejana abría el canal de comunicación más fiable existente a través de telepatía aérea, pero era necesario que tanto el emisor como el receptor se concentraran para mantener el vínculo.

Debido a la apretada agenda de Sylviane, Pascal sólo la llamaba los fines de semana por la noche; pero en el pasado, incluso cuando atendía a alguna reunión especial del consejo, Sylviane siempre mandaba al menos una breve respuesta antes de cortar la conexión.

El hecho de saber el motivo exacto por el cual le ignoraba sólo sirvió para aumentar su depresión. Ciertamente le mantuvo despierto hasta altas horas de la noche.

La invitación de Ariadne a Kaede no contribuyó a mejorar su mal humor, pero fue peor cuando Sylviane ignoró sus llamadas el sábado y el domingo. Pascal no tenía intención de irritar todavía más a su prometida a base de molestarla constantemente, pero tras colgarle dos veces cada día resultaba evidente que no pensaba hablar con él.

La noche del domingo, Pascal se dio cuenta por primera vez de lo mucho que le costaba dormir a Kaede, dando vueltas sin parar en la cama.

El colapso de Kaede el lunes terminó de romper sus límites. La fatiga era una cosa; pero Pascal no estaba acostumbrado a sentir tanta presión emocional.

El martes por la mañana, un noble hablando imprudentemente mal de las políticas recientes de Rhin-Lotharingie recibió una violenta réplica verbal de Pascal. Después de eso, todo el mundo mantenía el doble de la distancia habitual con él. Al darse cuenta, el profesor Albert solicitó una revisión para las investigaciones preliminares del proyecto de Pascal, la Doctrina Pandemonium, simplemente para 'mantener su mente ocupada'. Y funcionó, Pascal estuvo pensativo el resto del día y durante toda la tarde.

“Oye Pascal,” preguntó Kaede desde atrás. “Sabías que a menudo los familiares vuelven a su lugar de origen cuando su amo muere de viejo?”

“Si.” Pascal ni siquiera se molestó en levantar la vista de su escritorio. “Según algunas especulaciones, cuando un mago muere el shock se transmite al familiar a través del vínculo empático y acaba dañando su psique, ya sea matándolo al instante o eliminando su voluntad de seguir viviendo; lo mismo ocurre cuando se rompe el vínculo a la fuerza. Obviamente nadie va a experimentar para confirmar ninguna de esas hipótesis. Pero no tengo planeado morirme en un futuro inmediato.”

“No podrías al menos buscar alguna manera de devolverme a casa?”

Suspirando, Pascal apartó el tintero que usaba para canalizar las palabras directamente al pergamino. Se dio la vuelta para mirar la cara de su familiar. Sentada en la cama con otro libro entre sus pequeñas manos, sólo llevaba puesto el mismo halter-top blanco que vistió durante su primera noche. Mientras tanto, su blanca melena caía en cascada por la espalda y sus hombros desnudos, creando un montón tras ella.

“Ya he estado dandole vueltas a ese tema Kaede, pero no existe ninguna solución viable conocida. No podemos sencillamente cortar el vínculo y esperar un milagro que devuelva todo a como era antes, ni existe magia de destierro capaz de funcionar en tu cuerpo naturalizado, ya sea por su forma o por el propio vínculo. De hecho, hasta le pedí al profesor von Grimm --enseña teleportación – que lanzara un antiguo hechizo de destierro planar en tu ropa; tampoco funcionó. Además, aunque supiéramos exactamente como encontrar tu mundo de entre los infinitos mundos existentes en el multiverso, la magia capaz de viajar entre mundos no es más que un montón de mitos y leyendas del folklore, no un logro de la hechicería moderna.”

Kaede le sostuvo la mirada:

“Acaso no estoy aquí?”

“Debido a alguna característica del hechizo que no logro identificar,” admitió Pascal, ceñudo. Después sus palabras se volvieron desafiantes: “Estaba impresionado por lo rápido que te estabas adaptado a la vida aquí, por lo visto me equivocaba.”

“Oh venga ya, si sólo han pasado once días!” contestó ella. “Filosóficamente, me adhiero más al pensamiento oriental de mi mundo que al occidental. Hacemos cuanto podemos para aceptar el mundo a nuestro alrededor, para aceptar como da forma a nuestras vidas. Pero aceptar las cosas no es lo mismo que someterse al destino; mi voluntad marca el camino, y pienso explorar todas las opciones posibles.”

El Santo Padre puede tener un plan para cada uno de nosotros, pero bajo su guía debemos seguir luchando por nuestra causa, pensó Pascal cuando Kaede declaró sus intenciones con una mirada férrea. Por un segundo casi se sintió impresionado, deseando entrar en un debate teológico.

Casi...

“En cualquier caso, como existen historias acerca de visitar otros mundos...”

“Si, de hace milenios cuando los demonios, arcontes y dracónidos poblaban el mundo, cuando la naturaleza de nuestra magia era diferente,” interrumpió Pascal con irritación. “No pienso andar persiguiendo hechicería perdida hace miles de años por una vana esperanza. Admito mi culpa por haberte traído aquí, pero no por ello te debo a cambio el resto de años de mi vida!”

Poniendo fin a la discusión, Pascal volvió a concentrarse en su trabajo, notando la mirada furiosa de Kaede clavada en su nuca.

Sencillamente no quieres que me marche, verdad?” mandó Kaede a través del enlace mental.

Pascal se congeló por un instante.

Es eso cierto?

Sus fatigados pensamientos tropezaron a través de un confuso mundo de análisis interno, revisando sus recuerdos sobre la pasada semana y media. Sinceramente, aunque algunas veces disfrutaba la compañía de Kaede, muchas otras se preguntaba si realmente había valido la pena traerla.

Tardó un minuto entero en responder:

Tal vez. Pero te prometo que si encontramos alguna oportunidad razonable de llevarte a casa, la investigaré. Hasta entonces, me niego a perder el tiempo persiguiendo quimeras basadas en nada más que historias antiguas.

El sonido de un libro cerrándose de golpe sonó a su espalda mientras Kaede lo lanzaba furiosamente contra una esquina. Después se metió en la cama y se cubrió con las sábanas hasta la cabeza.

Las emociones fluyendo por el enlace empático no crecieron por encima de la simple irritación, pero añadida la suya propia, era suficiente como para agotar su autocontrol.

Necesito dormir.


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